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sábado, 25 de abril de 2020

EL PUERTO, OROTAVA, REALEJOS, ¿INCOHERENCIA?


Agustín Armas Hernández


ESTE ESCRITO FUE PUBLICADO POR EL PERIÓDICO “EL DÍA” HACE AHORA ALGUNOS AÑOS. ES OBVIO QUE, PASADO EL TIEMPO, NO SE HA CORREGIDO NADA. SEGUIMOS CON LA MISMA MENTALIDAD

Los antiguos veneraban a la madre naturaleza, mientras que nosotros la destruimos. Sin el menor género de duda, los tres municipios del Valle de La Orotava, debieran estar, tienen que estar, coherentemente coaligados no solamente por su cercanía, sino más bien por la objetividad de los bienes comunes a ambos municipios. Es obvio que hasta ahora los tres pueblos más importantes del Valle de La Orotava (Realejos, Puerto Cruz y La Orotava) han hecho la guerra por su cuenta «urbanística y ecológicamente hablando». La otrora belleza que dio fama al Valle —en su mayor parte— ha desaparecido. No hace falta decir que la mayoría de los habitantes de las Islas Canarias, dependemos directa e indirectamente del turismo. Es esta la razón más importante para que la anarquía urbanística y anti ecológica termine lo antes posible. No es obra objetiva e inteligentemente, se destruyen las mejores zonas agrícolas del Valle —«sin el más mínimo escrúpulo»— para construir en dichos terrenos residencias hoteleras o chalets. Podemos decir sin temor de error que dentro de estos próximos veinticinco años no quedará ni una sola parcela verde en el Valle de La Orotava.


¿Qué hay que hacer para frenar estos destrozos que en un futuro —próximo— perjudicarían no solamente a nosotros sino, más que a nadie a nuestros hijos? ¿Por qué no se construye en lugares rústicos improductivos molleros, matorrales, en vez de zonas agrícolas productivas? Nuestros vecinos de La Orotava están en ebullición dialéctica. ¿Motivos?, dos principales: la zona agrícola costera «el rincón Bollullo» y lograr para sus ciudadanos del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, igualdad de condiciones, que los mismos portuenses en la entrada al complejo Martiánez.


Es notorio y bien sabido, que la mayoría de personas han perdido el pudor y la vergüenza, destrozan el Valle de La Orotava y tan contentos. Se ven espectáculos de nudistas en las playas y piscinas. Hombres y mujeres enseñando sus partes íntimas y... ¡todos tan contentos! Teniendo en cuenta esta diabólica y sencilla regla de tres, ¿cómo es que los orotavenses —ahora que todavía están a tiempo— piensen siquiera en terminar con la zona agrícola Bollullo, convirtiéndola en hoteles, pistas de tenis y similares?


También los ciudadanos del Realejo reclaman algo: reclaman ellos, de su alcalde y ediles municipales, la pronta ejecución y puesta en marcha del acondicionamiento de la playa del Socorro. Llevado por la curiosidad —pues hacía tiempo que no iba por dicha playa— cogí los atuendos playeros y con mi familia me dirigí al citado lugar. ¡Sorpresa y pena sentí! Sí, sorpresa, pues no más llegar al aparcamiento, se podía leer con grandes letras: «prohibido jugar a la pelota en la playa». ¡Pues vaya prohibición!, ya que no era uno el que practicaba el futbolístico deporte, sino muchísimos y con infinidad de balones.

Como digo, sentí también pena viendo un gran chorro de agua cayendo «limpio y directo» hacia el Océano, mientras unas decenas de metros más arriba todo era abandono y desidia por falta de agua.

El progreso de un pueblo se puede notar en el esmero con que cuidan del bien común. Nuestros intereses no terminan en el umbral de nuestra morada. Deben extenderse a la ciudad entera, a la región, a la patria, y al mundo universo. Sin egoísmo, pues, construyamos un mundo mejor.

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