María Perelli
Hay obras en el mundo, sobre todo de arquitectura, que gustan a muchos y que sirven de estímulo a sus admiradores para crear otras obras lo más posible semejantes a ellas. A veces las copias pueden resultar mejor del original, a veces un fracaso.
Hoy voy a analizar tres construcciones que son imitaciones de otras. Les elegí porque les he visto todas, originales y copias, con la excepción de aquella de Costa de Marfil.
La primera obra se llama "acueducto
Carolino" y está en la región Campania (Italia), cerca de Nápoles. Este acueducto fue construido entre 1753 y
1770 por un gran rey, Carlos de Borbón.
Antes de describir brevemente la obra, necesitamos conocer un poco la
vida de este importante personaje de la historia.
Carlos (1716-1788) era hijo del rey Felipe V de España y de su segunda esposa, la aristócrata italiana Isabella Farnese. El rey era viudo de su primera esposa, la princesa M. Luisa de Saboya, madre de sus cuatro hijos. A la edad de 15 años, gracias a su madre Isabella, que tenía bastante poder en la corte y en la política del tiempo, Carlos gobernó cuatro años el ducado de Parma y Piacenza, en el norte de Italia.
Cuando España decidió reconquistar los territorios del sur de Italia, que había perdido por causa de varios sucesos, Carlos apoyó a su padre Felipe y fue nombrado rey de Nápoles, con el nombre de Carlos VII o primer rey de las Dos Sicilias o simplemente Carlos de Borbón. Era el 1735 y tenía 19 años. Gobernó con sabiduría Nápoles y las regiones colindantes, incluido la isla de Sicilia, durante 25 años, querido y respectado por la población. Pero su historia era destinada a cambiar. Cuando tenía 43 años, en 1759, le llamaron a España para asumir el trono de aquel país con el nombre de Carlos III; esto porque sus dos hermanastros mayores, hijos del fallecido Felipe, que habían reinado uno tras otro, habían dejado este mundo sin herederos sobrevivientes.
No voy a hablar de Carlos como rey de España, pero un poco de su período napolitano. Igual que su madre, este rey favoreció una mayor influencia de España sobre los asuntos de Italia. Sobre todo, hizo desarrollar Nápoles, que llegó a ser una de las más bellas e importantes ciudades de Europa, sin envidiar nada a París y Londres. Reformó las leyes y modernizó la economía, descubrió la ciudad de Pompeya (sepultada bajo las cenizas del volcán Vesuvio en 79 d.C.) e hizo construir el nuevo palacio real de Caserta, que debería ser más hermoso y grande del francés de Versailles. Siendo un admirador de los acueductos romanos, particularmente de aquel de Segovia, encargó a su arquitecto, Luigi Vanvitelli, la construcción de un largo acueducto moderno para llevar agua a las majestuosas fontanas del parque de dicho palacio real y en el mismo tiempo a la ciudad de Caserta y a una parte de los barrios de Nápoles.
El acueducto, que se llamó Carolino, es largo 38 km. y la parte más llamativa es el "ponte del valle" (puente del valle), de 500 metros, con tres órdenes de arcos y con altura de 60 metros. Ha hecho declarado "patrimonio de la humanidad". Misma declaración se ha otorgado al viejo acueducto de Segovia, construido en el principio del segundo siglo d. C., durante los últimos años del emperador romano Trajano, que como se sabe era de origen hispánica. Este acueducto ha proveído agua a la cuidad de Segovia hasta 1973, tiene 17 km. de largura y la parte más evidente es la arquería de la plaza del Azoguejo, que presenta un total de 167 arcos subdivididos en dos órdenes, con una altura máxima de 28 metros.
Ahora dos palabras sobre el arquitecto
Vanvitelli, napolitano con padre de origen holandés, que trabajaba en Roma como
pintor y que italianizó su nombre de Van Wittel. Luigi, el hijo, además del palacio real y del
acueducto Carolino, construyó muchas iglesias en su región. Antes, había
estudiado en Roma con los arquitectos barrocos Bernini y Borromini y había
colaborado con el arquitecto Salvi en la construcción de la famosa fontana de
Trevi. Remozó también el puerto de Ancona, lugar importante para el Papado
rumbo los países de oriente.
La segunda obra que vamos a analizar es un poco curiosa. Se trata de la pirámide de Caio Cestio en Roma (Italia). Es una tumba hecha entre el 18 y el 12 a.C. Esta pirámide es una construcción bastante ajena en el panorama de la arquitectura romana, pero a lo largo de los siglos, los vecinos se acostumbraron y la aceptaron como parte integrante de la ciudad. Ahora el barrio alrededor de ella se llama "Pirámide" así como la estación del metro que está de frente. Pero ¿quién era Caio Cestio? No se sabe nada de él, sólo se pueden leer las inscripciones sobre su tumba piramidal. Era un magistrado, que murió en el año 13 a.C., y se ocupaba de la organización de las fiestas en Roma (donde el pan y los varios juegos, espectáculos y fiestas, eran gratuitos para los ciudadanos). Durante su vida Caio fue testigo de la conquista de Egipto por los romanos y viajó a aquel país. Es cierto que lo impactaron las pirámides de Guiza, cerca de El Cairo, que ya eran muy antiguas, datadas alrededor de los años 2500 a.C.
Al regresar a Roma, Caio empezó la construcción de su tumba en forma de pirámide y, siendo viejo, dejó escrito que sus herederos deberían completarla entre máximo 330 días, pena la pérdida de su sustanciosa herencia.
La obra está hecha de ladrillos, pero toda
cubierta de losas de mármol y se ha preservado gracias a su inclusión en las
murallas de protección, construidas después de 280 años. En origen la tumba
estaba fuera de la ciudad, como todas, y luego se encontró cerrada entre dos
pedazos de muro. Sus medidas: 30 metros
cada lado de la base y 36 metros de altura.
En el interior hay una simple cámara funeraria de 4 por 3 metros, con
huellas de pinturas, pero vacía, puesto que fue saqueada en el tiempo. Las tres grandes pirámides de Egipto tienen
otro tamaño: 138, 136 y 66 metros las tres alturas, con bases proporcionadas.
La tercera obra es la reproducción de la basílica de San Pedro en Vaticano, hecha por el presidente de Costa de Marfil, Félix Houphoüet-Boigny (1905-1993), médico y padre de la independencia de su país, que gobernó durante 33 años. En la última parte de su vida, este presidente, siendo católico y bien adinerado, quiso construir, enteramente de su bolsillo, una iglesia muy llamativa y parecida a la de San Pedro, que luego regaló al mismo Vaticano.
La obra fue construida por un arquitecto libanés entre 1986 y 1989 en la pequeña ciudad de nacimiento del presidente, o sea Yamusukru, que llegó a ser la nueva capital del país en lugar de Abiyán. La iglesia se llama Nuestra Señora de la Paz, es grande, llena de mármol, de vidrieras coloridas, de columnas y tiene una enorme explanada exterior. Su forma recuerda la basílica vaticana, pero no se puede cierto comparar con esta última, que contiene una gran cantidad de bellísimas obras maestras. Sin embargo, esta iglesia moderna es admirable como ejemplo de arquitectura grandiosa; incluso, supera el modelo original en altura (158 metros contra 136 de la vaticana), pero no la alcanza en aforo.
Papa Juan Pablo II la consagró durante una visita a África en 1992 y expresó su perplejidad cuando preguntó por qué no se había hecho una obra más pequeña y en el mismo tiempo un hospital para los pobres en su cercanía. Le respondieron que sí, se irá a construir un hospital y efectivamente se puso una primera piedra. Pero todo el mundo está todavía esperando la segunda piedra.
En conclusión, esta obra puede considerarse encomiable también como testimonió de la fé de su patrocinador, a pesar del peligro que resulte una "catedral en el desierto" en un país, como Costa de Marfil, con más de un tercio de musulmanes y otro tercio de animistas. No sé qué decir, pero me gustaría imaginar, en aquel lugar, muchedumbres de cristianos que llenan la explanada exterior rezando, cantando, gritando en el abrazo de las columnas. Así como me acuerdo de los millares de personas de todos tipos en la abarrotada plaza de San Pedro, saludando al Papa en los grandes eventos religiosos. Esto ocurría durante mi juventud en Roma, o sea muchos años atrás.
Ahora una curiosidad: las 6
iglesias católicas más anchas del mundo (sin área exterior):
1.Basílica de San Pedro
(Ciudad del Vaticano)
2.Basílica de Nuestra Señora
de Aparecida (Brasíl)
3.Catedral de Santa María de
Sevilla (España)
4.Duomo (o Catedral) de
Milán (Italia)
5.Basílica de Nuestra Señora
de Lichen (Polonia)
6.Basílica de Nuestra Señora
de la Paz de Yamusukru (Costa de Marfil)














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