María Perelli
El telefonazo imprevisto de un viejo amigo italiano, el Señor Marinelli, que buscaba noticias sobre Tenerife, nos recordó la inolvidable visita que hicimos muchos años atrás a la fábrica de campanas de su tío primo.
Por lo tanto,
no podemos evitar hablar de la historia de la antigua tradición cristiana de
las campanas y de su uso en la vida de nuestros antepasados, con la esperanza
de que a alguien le interese.
Campanas
grandes existían en Asia desde muchísimo tiempo y se usaban sobre todo durante
las oraciones budistas, pero estaban fijas, no tenían badajo y se golpeaban con
un tronco de árbol.
En las
civilizaciones etrusca, romana y griega había pequeñas campanas, pero no de uso
religioso; en latino se llamaban "tintinnabula". Los primeros
cristianos no las utilizaban.
El
"inventor" de las campanas como instrumento religioso, o sea que se
bendice antes de usarlo, fue un santo, Paulinus (o Pablito, 354-431 d.C.). Él nació en Burdeos (en la actual Francia) de
una familia patricia romana; su padre era prefecto en Gallia. Conoció a Ambrosio y Agustín, se volvió
cristiano y mantuvo una larga correspondencia con estos dos Santos
filósofos. Durante una estancia en
Cataluña conoció a una mujer catalana, Therasia, y se casó con ella. Tuvieron un sólo hijo, que falleció prematuramente.
En consecuencia, los dos, muy afligidos, decidieron dedicarse a la vida monacal
y regalaron todos sus bienes a los pobres. Paulinus fue ordenado sacerdote por
el obispo de Barcelona, pero no quiso asumir ningún cargo en la diócesis. Se fue a Nola, pequeña ciudad cerca de
Nápoles (Italia), donde tenía una propiedad. Allí, pronto construyó un lugar
para acoger a los pobres. Cuando en la ciudad se necesitó nombrar a un nuevo
obispo, todos los habitantes exigieron que fuera él.
"Como
obispo de Nola, Paulinus continuó ayudando a los más débiles y los protegió de
la brutalidad de invasores vándalos.
También quiso introducir el uso de campanas. Él opinaba que aquel sonido
pudiera atraer la mirada de Dios, alejar al demonio y señalar eventos al
pueblo. Por esto hizo fundir grandes campanas en los renombrados talleres de
fundición de bronce y hierro de su región, la Campania. Se llamaban "vasa
campana" (vasija de Campania) y luego sólo "campana". Y por
causa de la medida de las campanas las iglesias empezaron a construir torres
campanarios.
Siguiendo el
proyecto de San Paulinus, los conventos, sobre todo benedictinos, establecieron
reglas para el uso de las campanas. Por ejemplo: cada iglesia debía tener por
lo menos tres campanas de diferente sonido: pequeña, mediana y grande. Cuando
fallecía un niño se hacía un repique con la pequeña; si una mujer, dos repiques
con la mediana; con la grande: tres repiques si se trataba de un hombre, cuatro
de un religioso, cinco de un párroco, seis un obispo, siete el Papa. Además,
los sonidos se usaban en muchísimas ocasiones de la vida de un pueblo: para
recordar las horas (y las oraciones) del día, las fiestas religiosas,
funerales, bodas, bautismos, etc. y
cuando un cura salía de la iglesia para otorgar la extrema unción (o sea
avisaban que alguien se estaba muriendo); también para señalar peligros
(incendios, aluviones, acercamiento de enemigos), el comienzo cotidiano de la
escuela de niños y, incluso, para advertir que el recaudador de impuestos
estaba llegando (así que los contribuyentes pudieran prepararse para fingir
condiciones de mayor pobreza). Después
de la batalla de Lepanto (1571) y durante muchos años, las iglesias deberían
hacer un repique, cada mañana a las horas siete, para festejar la victoria de
los cristianos sobre los musulmanes.
Por lo que concierne a la fabricación de campanas, no vamos a describir las técnicas que se desarrollaron a lo largo de los siglos, pero queremos sólo recordar que la empresa familiar de artesanía más antigua del mundo, que sigue trabajando sin interrupción hasta el día de hoy, es una fábrica de campanas.
Se trata de la
"Pontificia Fonderia Marinelli" (Fonderia significa Fundición), que
obtuvo el título de "pontificia" por Papa Pío XI en el siglo pasado y
ha sido nombrada "patrimonio de la humanidad" por la UNESCO. La empresa Marinelli ha fundido campanas
desde hace el año 1040 d.C. y hoy su gerente es el vigésimo séptimo
descendiente del primero propietario, el medieval Señor Marinelli. Esta fábrica
se encuentra en el antiguo pueblo de Agnone (pronuncia: Añone), 4600
habitantes, 830 metros s.n.m., provincia de Isernia, en la casi desconocida
región italiana de Molìse (colindante con Campania).
La fábrica ha
proveído la campana a las más importantes basílicas de la historia de Europa,
también durante su pertenencia al Reyno aragonés de Nápoles y al borbónico de
las Dos Sicilias. Hoy puede hacer campanas con técnicas tanto modernas como
medievales. Tiene un importante museo de las campanas y puede hacer
"conciertos" con un bonito juego de nueve campanas.
Vamos a
terminar esta exposición con una lista, obviamente incompleta, de campanas,
indicando sólo las diez más significativas, grandes y antiguas, del mundo, con
sus nombres y fecha de fundición:
1."Ave
María Grácia", Bolvir (Cataluña), 1350, la más antigua que existe, no se
usa y está sólo en un museo.
2."Gloriosa",
Erfurt (Alemania), 1497.
3."Zikmunda",
Cracovia (Polonia), 1520, suena muy raramente porque necesita de más de 20
hombres para moverla.
4."Gorda",
Toledo (Castilla-La Mancha), 1753.
5."Campanone",
San Pedro en Vaticano, 1785, puede sonar sola o con sus cinco hermanas menores.
6."Savoyarde",
París (Francia), 1851.
7."Big
Ben", Londres (R.U.), 1858, marca las horas con el reloj más grande del
mundo.
8."Liberty
Bell", Filadelfia (EE.UU.), 1750, es el símbolo de la independencia de
Estados Unidos de America.
9. María
Dolens, Rovereto (Italia), 1924, fundida con cañones de 19 Países implicados en
la primera guerra mundial, suena llorando para los caídos de todas las guerras.
10."Campana
del Zar", Moscú (Rusia), 1736, es la campana más grande de todas, pero
nunca se usó porque se rompió al primer repique.












