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sábado, 4 de julio de 2026

HISTORIAS DE CÀRITAS - MUSA Y YUSUF

María Perelli

En mi artículo del 25.06.2026 he descrito las actividades de Cáritas del Vaticano, en particular el trabajo en el distrito de Ostia (Roma, Italia), donde pasé 15 años como voluntaria. Conté la historia de la gitana Zaira, que seguimos durante casi 20 años.

Ahora me gustaría narrar otras historias que me parecen emblemáticas y que podrían ocurrir también en España. Voy a hablar de Musa y de Yusuf, dos personas procedentes de África, cada una con su peculiaridad.

Musa era un joven de 20 años de Malí. Había venido a nuestro centro de acogida para comer (gratis), puesto que trabajaba en la playa cercana. Siendo verano, ayudaba a un señor mayor que alquilaba sombrillas y tumbonas y dormía en un rincón de la cabaña donde se guardaban estos objetos. Percibía un salario muy bajo y el trabajo habría durado sólo hasta el otoño.

Musa nos contó que tenía 15 años y vivía con su madre en Malí, cuando su primo Selim, de 7 años mayor, le propuso ir a Europa. Así empezó su horrible viaje: casi un año a pie para cruzar algunos países africanos, luego la espera de una manera para atravesar el mar y finalmente el recorrido en cayuco rumbo Lampedusa, una pequeña isla italiana muy cerca de Túnez.  Lampedusa es la tierra prometida, una de las puertas de la Europa mediterránea.

Allí internaron a Musa en un centro de inmigrantes menores y así se separó de Selim. Su primo le había dicho que Europa es un lugar bellísimo, donde se encuentra dinero en todos lados y donde se vive en hoteles de lujo: que los blancos te respetan porque tienen el color equivocado, a causa del poco sol, pues que los primeros seres humanos eran africanos; y si te llaman "clandestino" significa que eres el destino de tu clan, o sea la esperanza de tu tribu; si te llaman "extracomunitario" significa que eres una persona extra, por encima de la comunidad de otras personas.

Musa estuvo en aquel centro hasta los 18 años de edad, luego lo enviaron a la capital y se enteró que estaba solo. Poco a poco entendió que Selim había dicho tonterías. Nunca más vio a su primo, que por cierto se perdió en el submundo de cualquiera ciudad europea.

En realidad, a Musa le importaba sólo una cosa, que había sido el propósito de su viaje: encontrar un buen trabajo para comprar una vaca a su mamá. Nos enseñó su título de la escuela de Malí con notas muy altas (era el mejor de su clase); este título parecía casi sagrado, todo envuelto en muchas hojas de plástico para protegerlo.

Nos contó por qué quería una vaca. Cuando era pequeño, su hermanito y otros bebés fallecieron a causa de la leche artificial que una sociedad europea había vendido a su pueblo para ayudar a las mujeres con carencia de leche maternal. A principios, a las madres les encantó este tipo de leche en polvo, que necesitaba sólo de agua poco caliente. Y aquí estaba el problema: ellas usaban agua ni pura ni bien hervida. Además, pues que está leche era cara, las mujeres ponían poco polvo y mucha agua. Los niños empezaron a morirse y las autoridades vetaron la venta de la leche artificial. Por esto Musa quería regalar a su madre y a las madres de su pueblo una grande vaca lechera blanca y negra, de raza frisona (como había estudiado) y necesitaba por lo menos 1500 euro para comprarla, más el coste del viaje para él y la vaca.

¿Que teníamos que hacer los voluntarios? No se podía comprar una vaca en Roma y enviarla a Malí. Entonces, seguimos varios caminos. En aquel periodo el Gobierno italiano regalaba, a extranjeros sin recursos, billetes de avión para vuelos sólo de ida y directos desde Italia hasta la capital del país de los que querían repatriar; en cambio, ellos deberían firmar un compromiso que nunca más regresarían a Italia. De acuerdo con Musa, pudimos insertar su nombre en la lista de los beneficiarios.

Luego, contactamos la casa madre de los misioneros de Padre Comboni, un sacerdote italiano gran africanista del 1800, y nos dieron el nombre de un misionero italiano en Malí. Hablamos con él por teléfono (en aquel tiempo no había internet) y, después de unos días, el misionario nos dijo que sí, se podía comprar una vaca frisona en Malí al coste de más o menos 1500 euro y si el chico iría a visitarlo, lo habría acompañado a aquel lugar (una granja). ¡Qué bien!

En este punto se necesitaba el dinero. Un amigo periodista escribió un artículo sobre Musa y su problema en un periódico romano y fue tan conmovedor que después de unos días recibimos ofertas de dinero. Ahora teníamos más de 3000 euro y un billete de avión. Musa se sentía en el séptimo cielo. Cuando salió de Roma prometió de informarnos sobre su acontecimiento. Después de un par de meses nos dijo que tenía su vaca frisona preñada y que pensaba criar vacas y producir leche pasteurizada.

A veces con poco se pueden realizar proyectos de desarrollo individual que, en África, serían mucho más útiles de los grandes proyectos, cuya financiación no se sabe en qué bolsillos vaya a caer.

La segunda historia trata de Yusuf, un señor de casi 60 años tunecino, pero con pasaporte italiano, expedido por el consulado de Italia en Túnez porque su madre era italiana. Está señora había fallecido cuando su hijo era muy pequeño y el nunca aprendió la lengua italiana. Hablaba sólo árabe y contó sus problemas a nuestro voluntario Sandro, que sabía aquella lengua por vivir muchos años en Egipto.

Yusuf trabajaba en Túnez como contador, pero (no nos explicó el motivo) se vio obligado a dejar su trabajo y, en el mismo tiempo, su mujer falleció; no tenía ni hijos ni padre ni hermanos. Decidió viajar a Italia, donde sabía que su madre tenía dos hermanas y donde, con su pasaporte italiano, pensaba buscar un buen trabajo.  Al aterrizar a Fiumicino (aeropuerto de Roma) se enteró que no sabía que hacer ni podía hablar. Había consumido casi todo su dinero comprando trajes elegantes y el billete de avión. Se paró en el interior del grande aeropuerto casi un mes, comiendo el mínimo en los bares y durmiendo en las cómodas butacas del terminal 3 con sus dos maletas alrededor. Finalmente lo encontró un párroco de una iglesia del pueblo de Fiumicino, que decía la Misa una vez la semana en la pequeña capilla del aeropuerto. Este cura lo acompañó con su coche a nuestro centro de Ostia (lugar cerca de Fiumicino).

Asignamos a Yusuf una cama del dormitorio, donde hay también duchas y otros servicios, le dimos el carné para el comedor y empezamos a trabajar para su colocación de vida.

La primera etapa fue la búsqueda de las hermanas de su madre. Larga e inútil búsqueda de un pequeño pueblo, cuyo nombre y región Yusuf no recordaba bien; empezaba con "Castel" y hay centenas de pueblos que se llaman Castel y algo. Cada vez que llamábamos a los "carabinieri" (guardia civil) u otras autoridades, ninguno conocía a las hermanas; puede ser que no vivían más y que sus hijos tenían otros apellidos. Entonces, se trataba ahora de buscar un trabajo para él. Pero, ¿qué hacer con un hombre de edad mayor, elegante y refinado, que no podía hacer trabajos manuales, que no hablaba una palabra de italiano y que tenía un carácter muy tímido y reservado? Además, sin dinero ni una dirección. Sin embargo, intentamos todo.

A menudo la suerte o la divina providencia ayuda a las personas simples.  Un usuario del comedor era un extravertido señor marroquí, que tenía el permiso de trabajar de verano en la playa como vendedor de varios objetos. Caminaba a lo largo de la playa de Ostia bajo el sol con su mercancía de ambulante y dormía en una carpa en un rincón escondido de la misma playa. Venía a comer y ducharse en nuestro centro. Allí conoció a Yusuf, que hablaba sólo árabe. Eran dos personas muy diferentes, pero se hicieron amigos. Y sucedió que el marroquí propuso a Yusuf ir consigo a Marruecos en otoño y casarse con su hermana, una viuda de 50 años, que necesitaba de un contador y de una persona con pasaporte europeo para ayudarla a gestionar sus negocios de comerciante. Yusuf conoció a la señora por fotos y por teléfono y le gustó; también a la señora le gustó Yusuf. En otoño los dos hombres salieron rumbo Marruecos y después de un mes Yusuf llamó a Sandro para decirle que estaba feliz y bien arreglado con una señora activa y simpática. Y nos dio las gracias para todo lo que habíamos hecho en beneficio de él.

jueves, 25 de junio de 2026

HISTORIA DE CÁRITAS - ZAIRA

María Perelli                                                                            


Al hablar con una persona que trabaja en la Cáritas española, me vinieron a la mente los 15 años de mi vida como voluntaria en la Cáritas del Vaticano, precisamente en el distrito de Ostia, en la orilla del mar de Roma (Italia). Ostia es una palabra latina que significa "boca del río", en este caso el río Tíber.

Esta organización fue fundada en 1980 por un caritativo y tenaz sacerdote, Padre Luigi De Liegro, que empezó con la búsqueda de un hogar acogedor para los enfermos de sida, rechazados por todos lados.

Hoy en Roma hay muchos lugares de Cáritas que ofrecen asistencia, sin pagar nada, a una muchedumbre de personas débiles de todas nacionalidades y religiones.  Cada lugar tiene un responsable con salario y un montón de voluntarios, también de todas nacionalidades y religiones, que, después de un curso de formación, regalan horas de trabajo para ayudar al próximo.

Hay comedores, hostales, centros de salud (que incluyen prótesis dentales hechas por estudiantes de odontogénica), oficinas de empleo, hogares para personas solas (madres solteras, ex presos, mayores pobres, etc.); hay abogados, servicios sociales y una oficina que cobra las facturas de luz y gas de familias en dificultades; también hay tiendas donde se paga con "bonos" y donde se encuentran productos alimentarios (con fecha de caducidad cercana) regalados por supermercados y productos hortenses frescos que sobran en los mercadillos.

Como se puede presumir, es necesario hacer entrevistas profundizadas a los solicitantes para detectar a los "pícaros", que excluirían a los verdaderos indigentes. Además, para seguir a los usuarios, se los entrega un carné con foto, que debe ser actualizado cada uno o dos meses.

Regresando a la Cáritas de Ostia, esta tiene un comedor de 320 comidas al día, preparadas por una sociedad exterior (responsable de la higiene), una grande habitación con 50 camas, donde se puede dormir máximo un mes (su gerente de muchos años fue una eficiente señora tinerfeña, Mercedes), y varios servicios como clase de italiano, búsqueda de trabajo, asistencia social, etc.  Durante mi tiempo allí, encontré a muchas personas, cada una con sus problemas, y querría recordar algunas de ellas.

Hoy voy a hablar de Zaira, un caso que nos comprometió muchos años. Zaira era una gitana de 19 años procedente de Bulgaria, que un día vino llorando a nuestro centro de acogida. No la entendimos porque no hablaba italiano, pero su hermana, que la acompañaba, nos contó su historia.

Zaira había venido a Roma un año atrás con su marido y vivía en uno de los "campos rom" (terrenos con electricidad y aseos) que el ayuntamiento de Roma, según las indicaciones de la UE, ofrece a familias de nómadas para aparcar sus caravanas. La hermana ya vivía allí con muchos hijos y su marido, que vendía objetos metálicos recogidos de noche en los vertederos de la ciudad, usando su moto de tres ruedas.

Un día el marido de Zaira desapareció, nunca se supo el porqué; puede ser que se escapó con una mujer o huía de la policía o las dos cosas juntas.  Después de unas semanas Zaira descubrió que estaba embarazada. Al momento del parto la hermana y el cuñado la acompañaron con el triciclo al gran hospital de Ostia y Zaira dio a luz a un hermoso niño. No tenía leche y el hospital se encargó de nutrirlo.  El día antes de salir de allí vino su hermana y le dijo que la madre de ambas estaba muy enferma en Bulgaria. Puesto que ella (la hermana) no podía moverse con todos sus niños pequeños, tocaba a Zaira apurarse a viajar pronto a Bulgaria para cuidar de su mamá; le dijo también que no se debería preocupar del recién nacido porque estaba muy bien en el nido del hospital. La hermana ayudó a Zaira a vestirse de prisa y las dos salieron del edificio durante la hora de visita; luego la acompañó a un coche de búlgaros que estaba partiendo para su país y así Zaira llegó a su madre.


La anciana estaba muy mal, fue atendida por su hija durante un mes y finalmente se murió. Zaira vendió las pocas pertenencias de su madre y regresó a Roma con el servicio de coches de los búlgaros. De inmediato se dirigió al hospital, pero su niño no estaba. El doctor le dijo que puede ser que el bebé estuviera adoptado y que ella pudiera ser acusada de abandono de menor. Una enfermera la aconsejó dirigirse a la Cáritas de Ostia y Zaira llamó a su hermana porque no entendía nada, sólo que le habían robado a su hijo.

Este fue el momento cuando las encontramos en nuestro centro. Para nosotros los voluntarios empezó un largo periodo de preocupación, de búsquedas, de consejos.  La primera sensación que todos tuvimos era que la hermana manipulaba a Zaira; aquella mujer quería que la chica viviera con su familia para cuidar de todos los niños, para ayudar en la búsqueda nocturna del metal y por cierto para procurarse dinero en las calles. Zaira no quería todo esto, pero no sabía cómo decir "no" a su hermana mayor en un país donde ni siquiera conocía la lengua.

No voy a contar todos los esfuerzos de nuestros asistentes sociales, abogados y otros voluntarios para arreglar la vida de esta joven. Voy sólo a describir las etapas que ella, con nuestra ayuda, pudo alcanzar.

Descubrimos que el niño estaba en una situación de “odontotécnica” y vivía en un convento de monjas. Nuestro abogado obtuvo que dicha situación fuera anulada, que el niño permaneciera en el convento y que su madre pudiera verlo el domingo durante cuatro horas en el interior del edificio con una monja presente. Después de una larga búsqueda encontramos a una señora mayor que necesitaba de una cuidadora y Zaira le parecía apta. La señora estaba sola, pero tenía un abogado tutor, que administraba su dinero, y un portero que controlaba a sus visitantes (una seguridad contra la eventual invasión de la hermana). La señora era una maestra y enseñó a Zaira no sólo la lengua italiana, pero también hizo que ella tuviera el título de educación primaria. Luego consintió que ella asistiera a un curso de peluquería. Siempre, cada domingo, Zaira iba a ver a su hijo y por fin obtuvo el permiso de llevárselo a su domicilio un día en las fiestas y un mes en las vacaciones.

El día cuando la señora falleció Zaira vino a nosotros llorando, sin saber que hacer. Pero, después de unos días, un notario le dijo que la señora le había transmitido en herencia la casa y el dinero para pagar los impuestos. Su hermana supo esto y quería juntarse con ella y vivir con toda su familia en la casa.

Una vez más Zaira pidió nuestra ayuda. El abocado le aconsejó vender la grande casa y comprarse un pequeño piso y una peluquería. Zaira hizo todo esto. Abrió una peluquería con una compañera del curso y después de unos años encontró a un buen hombre, representante de productos para cabellos; se casó con él y tuvo una niña. Ahora sí quería que su hijo viviera con ella, pero él se negó, aun si le apetecía pasar unos días con su madre y su nueva familia. Después de las monjas, había estudiado en un internado de frailes y aquella vida le fascinaba.

Las ultimas noticias de Zaira las comunicó ella misma a los voluntarios, sus amigos desde 20 años. Su hijo había entrado en un seminario y estaba estudiando para llegar a ser sacerdote. Y ella sabía muy bien que este era un gran don de Dios: ¡ser la madre de un cura! 

sábado, 13 de junio de 2026

HISTORIA DE LAS CAMPANAS

María Perelli

El telefonazo imprevisto de un viejo amigo italiano, el Señor Marinelli, que buscaba noticias sobre Tenerife, nos recordó la inolvidable visita que hicimos muchos años atrás a la fábrica de campanas de su tío primo.

Por lo tanto, no podemos evitar hablar de la historia de la antigua tradición cristiana de las campanas y de su uso en la vida de nuestros antepasados, con la esperanza de que a alguien le interese.

Campanas grandes existían en Asia desde muchísimo tiempo y se usaban sobre todo durante las oraciones budistas, pero estaban fijas, no tenían badajo y se golpeaban con un tronco de árbol.

En las civilizaciones etrusca, romana y griega había pequeñas campanas, pero no de uso religioso; en latino se llamaban "tintinnabula". Los primeros cristianos no las utilizaban.

El "inventor" de las campanas como instrumento religioso, o sea que se bendice antes de usarlo, fue un santo, Paulinus (o Pablito, 354-431 d.C.).  Él nació en Burdeos (en la actual Francia) de una familia patricia romana; su padre era prefecto en Gallia.  Conoció a Ambrosio y Agustín, se volvió cristiano y mantuvo una larga correspondencia con estos dos Santos filósofos.  Durante una estancia en Cataluña conoció a una mujer catalana, Therasia, y se casó con ella.  Tuvieron un sólo hijo, que falleció prematuramente. En consecuencia, los dos, muy afligidos, decidieron dedicarse a la vida monacal y regalaron todos sus bienes a los pobres. Paulinus fue ordenado sacerdote por el obispo de Barcelona, pero no quiso asumir ningún cargo en la diócesis.  Se fue a Nola, pequeña ciudad cerca de Nápoles (Italia), donde tenía una propiedad. Allí, pronto construyó un lugar para acoger a los pobres. Cuando en la ciudad se necesitó nombrar a un nuevo obispo, todos los habitantes exigieron que fuera él.

"Como obispo de Nola, Paulinus continuó ayudando a los más débiles y los protegió de la brutalidad de invasores vándalos.  También quiso introducir el uso de campanas. Él opinaba que aquel sonido pudiera atraer la mirada de Dios, alejar al demonio y señalar eventos al pueblo. Por esto hizo fundir grandes campanas en los renombrados talleres de fundición de bronce y hierro de su región, la Campania. Se llamaban "vasa campana" (vasija de Campania) y luego sólo "campana". Y por causa de la medida de las campanas las iglesias empezaron a construir torres campanarios.

Siguiendo el proyecto de San Paulinus, los conventos, sobre todo benedictinos, establecieron reglas para el uso de las campanas. Por ejemplo: cada iglesia debía tener por lo menos tres campanas de diferente sonido: pequeña, mediana y grande. Cuando fallecía un niño se hacía un repique con la pequeña; si una mujer, dos repiques con la mediana; con la grande: tres repiques si se trataba de un hombre, cuatro de un religioso, cinco de un párroco, seis un obispo, siete el Papa. Además, los sonidos se usaban en muchísimas ocasiones de la vida de un pueblo: para recordar las horas (y las oraciones) del día, las fiestas religiosas, funerales, bodas, bautismos, etc.  y cuando un cura salía de la iglesia para otorgar la extrema unción (o sea avisaban que alguien se estaba muriendo); también para señalar peligros (incendios, aluviones, acercamiento de enemigos), el comienzo cotidiano de la escuela de niños y, incluso, para advertir que el recaudador de impuestos estaba llegando (así que los contribuyentes pudieran prepararse para fingir condiciones de mayor pobreza).  Después de la batalla de Lepanto (1571) y durante muchos años, las iglesias deberían hacer un repique, cada mañana a las horas siete, para festejar la victoria de los cristianos sobre los musulmanes.

Por lo que concierne a la fabricación de campanas, no vamos a describir las técnicas que se desarrollaron a lo largo de los siglos, pero queremos sólo recordar que la empresa familiar de artesanía más antigua del mundo, que sigue trabajando sin interrupción hasta el día de hoy, es una fábrica de campanas.

Se trata de la "Pontificia Fonderia Marinelli" (Fonderia significa Fundición), que obtuvo el título de "pontificia" por Papa Pío XI en el siglo pasado y ha sido nombrada "patrimonio de la humanidad" por la UNESCO.  La empresa Marinelli ha fundido campanas desde hace el año 1040 d.C. y hoy su gerente es el vigésimo séptimo descendiente del primero propietario, el medieval Señor Marinelli. Esta fábrica se encuentra en el antiguo pueblo de Agnone (pronuncia: Añone), 4600 habitantes, 830 metros s.n.m., provincia de Isernia, en la casi desconocida región italiana de Molìse (colindante con Campania).

La fábrica ha proveído la campana a las más importantes basílicas de la historia de Europa, también durante su pertenencia al Reyno aragonés de Nápoles y al borbónico de las Dos Sicilias. Hoy puede hacer campanas con técnicas tanto modernas como medievales. Tiene un importante museo de las campanas y puede hacer "conciertos" con un bonito juego de nueve campanas.

Vamos a terminar esta exposición con una lista, obviamente incompleta, de campanas, indicando sólo las diez más significativas, grandes y antiguas, del mundo, con sus nombres y fecha de fundición:

1."Ave María Grácia", Bolvir (Cataluña), 1350, la más antigua que existe, no se usa y está sólo en un museo.

2."Gloriosa", Erfurt (Alemania), 1497.

3."Zikmunda", Cracovia (Polonia), 1520, suena muy raramente porque necesita de más de 20 hombres para moverla.

4."Gorda", Toledo (Castilla-La Mancha), 1753.

5."Campanone", San Pedro en Vaticano, 1785, puede sonar sola o con sus cinco hermanas menores.

6."Savoyarde", París (Francia), 1851.

7."Big Ben", Londres (R.U.), 1858, marca las horas con el reloj más grande del mundo.

8."Liberty Bell", Filadelfia (EE.UU.), 1750, es el símbolo de la independencia de Estados Unidos de America.

9. María Dolens, Rovereto (Italia), 1924, fundida con cañones de 19 Países implicados en la primera guerra mundial, suena llorando para los caídos de todas las guerras.

10."Campana del Zar", Moscú (Rusia), 1736, es la campana más grande de todas, pero nunca se usó porque se rompió al primer repique.

miércoles, 27 de mayo de 2026

HOMENAJE Y ÚLTIMO ADIÓS A LA AMIGA Y VECINA NÉLIDA LUIS HERNÁNDEZ

José Peraza Hernández 

En fechas no muy lejanas, concretamente el pasado día 9 de marzo del presente año 2026, recibí una llamada donde me comunicaban el fallecimiento de nuestra amiga y vecina Susana Mendoza García, a la edad de 69 años. La verdad es que me quedé sorprendido y en blanco.

Pues anoche me informaron del percance que sufrió mi amiga y vecina NÉLIDA LUIS HERNÁNDEZ, tras una caída ocurrida el sábado día 21 de mayo, por la que tuvo que ser ingresada.

Pues anoche me informaron del percance que sufrió mi amiga y vecina NÉLIDA LUIS HERNÁNDEZ, tras una caída ocurrida el sábado día 21 de mayo, por la que tuvo que ser ingresada.

Tengo que decir que a NÉLIDA la conozco desde hace más de 50 años, al igual que a su esposo José, conocido por Pepe, un realejero de pura cepa.

Prácticamente, todo lo que puedo decir de ella es muy parecido a lo que ya expresé sobre nuestra amiga SUSANA. Nuestra amiga y vecina, más que compañera, era una gran amiga desde el nacimiento de la “Asociación de Vecinos Candelaria del Norte”, de este lugar de La Vera, perteneciente al municipio de la Villa de La Orotava, la cual comenzó en el año 1997. Parece que fue ayer, pero el tiempo vuela tan rápido como la brisa.

Yo fui socio, luego vocal y finalmente presidente. A partir de ahí, formé mi Junta Directiva, donde permanecí durante catorce años. Durante todo ese tiempo conté con la amiga y vecina Nélida, aunque todos la llamábamos cariñosamente Nena. Quiero destacar que era carne y uña, como suele decirse, con nuestra amiga SUSANA. De hecho, todos los días se visitaban para tomar café y charlar: unos días en una casa y otros en la de la otra. Debo destacar que, en muchas ocasiones, yo también las acompañaba; unas veces porque coincidía y otras por asuntos relacionados con la Asociación.

Como nadie se presentaba a las elecciones y para no seguir siendo siempre este que suscribe presidente, se decidió nombrar a nuestra amiga Nena como presidenta, a Susana como vicepresidenta y yo pasé a ocupar el cargo de secretario, entre otros compañeros.

Tengo que reconocer que nuestras amigas NÉLIDA y SUSANA eran un verdadero motor todoterreno. Trabajaban las 24 horas del día. SUSANA era una persona muy conocida y apreciada por mucha gente. Su trabajo consistía en vender lotería y recorría el barrio casa por casa. Hacía doble labor, ya que aprovechaba también para vender la lotería de la Asociación y, en otros momentos del año, informar sobre excursiones y actividades previstas. Era una auténtica relaciones públicas.

La amiga NENA también colaboraba vendiendo entre las personas más cercanas. Además, era quien se movía para todo lo que hubiera que hacer con su coche. Recuerdo que las comunicaciones que había que realizar a diferentes ayuntamientos o los viajes a Santa Cruz siempre los hacía ella. Y como ejemplo, cuando fuimos a recoger las metopas de cada municipio de la isla, siempre íbamos con ella. Era muy trabajadora.

Su marido Pepe también iba con nosotros muchas veces. Siempre estuvieron muy unidos. Aunque él no conducía, acompañaba a su mujer Nena a todos lados: compras, gestiones y muchos traslados.

De igual manera, ambos colaboraban pidiendo ayudas y colaboraciones a casas comerciales durante las Semanas Culturales y otros actos organizados por la Asociación.

En una ocasión tuve que retirarme durante dos meses por recomendación médica. Entonces propuse, y fue aceptado, que Nena me sustituyera como presidenta de la Junta Directiva. Tanto ella como Susana venían a visitarme y me mantenían informado de todo. La verdad es que tenía un gran equipo y quedan muchísimas historias por contar, como cenas en diversos guachinches o visitas a lugares donde había buen vino, tanto por Santa Úrsula como por La Victoria.

Con estas líneas quiero reconocer el enorme trabajo que realizaron ambas durante tantos años. Igualmente, quiero hacerlo con su esposo José González (Pepe), quien además de socio y colaborador ayudaba también en la capilla que lleva por nombre “Cruz de la Candelaria”. Además, casi todas las tardes venía a ver los partidos y pasar el rato, para luego ir a “mojar el pico” a casa del “Vaina”, que se encontraba en La Güina Alta, lugar cercano a esta Asociación de Vecinos. Éramos también una gran asociación de amigos, donde nació la Peña de “La Ermita”.

Dicho esto, quiero expresar que echaremos muchísimo de menos a nuestra querida Nena, a quien despedimos el pasado día 22 de este mismo mes de mayo, cuando tuvo lugar su último adiós en el Tanatorio del Norte Albia, en La Higuerita, Los Realejos, y posteriormente fue incinerada.

Hay que decir que Nena fue la primera mujer de este barrio de La Vera que estuvo en este tanatorio, y corresponde al fallecimiento número 31, donde se le ofreció su ceremonia por el cura párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Candelaria, don Francisco Jesús Hernández.

Hoy ya descansa en paz al lado de Dios en el cielo, porque se lo ganó a pulso, además de haber sido una gran mujer y una excelente madre.

Mi más sentido pésame a toda su familia en general.

Por último, quiero comunicar que el próximo jueves día 28 de este mismo mes de mayo, a las 7 de la tarde, tendrá lugar la Santa Misa de salida en la mencionada parroquia.

Me despido con besos al cielo.

Tu amigo

José Peraza Hernández

La Vera, 27 de mayo de 2026

LA CRUZ DE FREGEL

José Peraza Hernández

Haciendo una mirada atrás, ahora puedo hablar de hace unos días, cuando tuve el placer de conversar con Rafael García Suárez. Aunque fue en un momento algo gris, aquella conversación hizo que todo se volviera un poco más claro. Le pregunté si conocía a un pariente mío, y eso me llevó de nuevo a aquellos años en los que pateaba esas pistas, saliendo muchas veces desde el centro del Realejo de Abajo, tomando caminos en dirección a Barroso, para luego subir por Los Pinitos, las Vueltas de Tigaiga, hasta llegar a El Lance de Icod el Alto, partiendo después en dirección a La Corona.



Eran caminatas muy duras, de esas que hacías cuando tenías unos días libres. Todo eran metas, siempre con la vista puesta en la siguiente parada, en lugares tan conocidos como El Cabezón, el Paseo de las Vacas, la Fuente Pedro o la Casa Forestal, hasta llegar finalmente a la Cruz de Fregel.

Dicho así, parece coser y cantar, pero no era nada fácil. Había que soltar muchas gotas de sudor, beber un poco de agua y continuar cuesta arriba. Pensándolo ahora, la verdad es que era muy peligroso ir solo. En aquel tiempo no pensabas que pudiera pasar algo, pero hoy puedo decir que era una locura salir solo por aquellos caminos donde no encontrabas a nadie y donde podías torcerte una pierna o sufrir un mareo. Gracias a Dios, nunca me pasó nada.



También tengo que decir que en aquellos tiempos no existían las señalizaciones que hay hoy en día. ¡Qué tiempos aquellos! Tampoco tenía móvil, jajajaja. Pues creo que muy pocos lo tenían entonces.

Después de muchas horas caminando y de haber pasado todos aquellos puntos señalados, la mente solo tenía un destino: la Cruz de Fregel, donde la parada era obligatoria. Allí te santiguabas delante de las tres cruces, tomabas agua y comías algo para recuperar fuerzas. Respirabas aire puro en medio del calor y contemplabas la gran vista que había delante de tus ojos: el padre Teide al frente, y Las Cañadas y el Parque Nacional.

Recuerdo que en aquella época la capilla no estaba bien cuidada. Las cruces estaban ladeadas, todo lleno de pinocha y en un estado de abandono total.

Por eso quiero dar la enhorabuena al “Grupo del Museo” de Icod el Alto, que trabajó conjuntamente con la dirección de Las Cañadas y que hoy ha conseguido restaurar el lugar y colocar una placa donde se recoge parte de aquella historia pasada, digna de ser recordada y dada a conocer.



Aquella “Cruz de la Degollada” o “Cruz de Fregel” era parada obligatoria para las personas que transitaban estos parajes en busca del aprovechamiento forestal y de los recursos de Las Cañadas: colmeneros, pastores, pinocheros, así como quienes cruzaban hacia el sur de la isla para comerciar o vender sus productos, como los cochineros y otros que iban a comprar ganado.

También en este lugar se celebraban las fiestas populares relacionadas con la festividad de San Juan Bautista, el 24 de junio. Lo mismo sucedía en La Corona hasta las últimas décadas del siglo XX, cuando, por motivos de ampliación del Parque Nacional y por la necesidad, obligación y compromiso de conservar y proteger los recursos naturales de la zona, ya no fue posible continuar con ellas.



En la imagen que pueden ver en esa placa aparece la historia con más detalle.

Solo me queda felicitar a todos los que han estado ahí, y a quienes siguen trabajando por el bien de ese Museo de los Cochineros.


viernes, 22 de mayo de 2026

-. LA VIRGEN DE CANDELARIA

 María Perelli

Todos los canarios sabemos la historia de la talla de la Virgen de Candelaria, pero pocos conocen la sutil conexión de devoción que se desarrolla, desde hace casi tres siglos, entre las islas canarias y un pequeño pueblo en el sur de Italia.

La historia que hoy estamos narrando comienza en Tenerife y se debe a la investigación, hecha en 2018, por un estudioso italiano de historia militar, el alférez Giuseppe Coviello de la asociación Unuci-Canarias.

A este estudioso le interesaba sobre todo la vida de un personaje del siglo XVIII, el duque Andrea Bonito Pignatelli, que vivía en el Reyno borbónico de Nápoles.

Para entender el vínculo entre Nápoles y España es suficiente anotar los números ordinales que siguen el nombre del rey Carlos (1716-1788), hijo de Felipe V y de su segunda mujer, la aristócrata italiana Elisabetta Farnese. Se llamó Carlos I como duque de Parma y Plasencia (1731-1755); Carlos VII como rey de Nápoles y Carlos V como rey de Sicilia (1734-1759); por fin, Carlos III como rey de España (1759-1788).

Carlos, cuando era rey de Nápoles, conocía el carácter fuerte y autoritario del duque Bonito Pignatelli y aconsejó a su padre Felipe enviarlo a Canarias, donde había desórdenes por causa de las luchas para el poder entre familias nobles y peligros externos debidos a las incursiones de piratas de varias nacionalidades.

El duque fue nombrado Capitán General de Canarias desde 1741 hasta 1744 y efectivamente puso orden en las islas. Él era muy devoto a la Virgen de Candelaria y en 1742 encargó al preciso y minucioso pintor José Rodríguez de la Oliva, nacido en San Cristóbal de la Laguna en 1695, la reproducción, fiel como una fotografía, de la talla de la Virgen en un lienzo a óleo.

Al regresar a Italia, precisamente a Bonito, provincia de Avellino, comarca de Nápoles, el duque llevó consigo el retrato, que luego donó a la Iglesia Madre de Bonito o Iglesia de la Asunción (Chiesa dell' Assunta en italiano), donde está hasta el día de hoy.

Unos ochenta años después, en 1826, o sea desde hace exactamente 200 años, un gran desastre meteorológico ocurrió en Tenerife por el Aluvión, como nos señala el experto de historia canaria Don José Peraza, que consultó muchos documentos de aquella época.

En dicho año se produjeron grandes oleadas, lluvias torrenciales, vientos huracanados y varios destrozos sobre todo en las zonas del valle de La Orotava y de Candelaria. Se llamó el temporal de San Florencio. Más de 250 personas fallecieron, 600 y pico viviendas fueron destruidas, miles de cabezas de ganado murieron.

Y la antigua talla de la Virgen de Candelaria desapareció para siempre en el océano.  La talla estaba provisionalmente puesta en un costado donde se encontraba la Cueva de San Blas, donde los dominicanos se encargaban de seguir la lenta construcción de la Basílica de la Virgen.

En el año siguiente, el escultor orotavense Fernando Estévez del Sacramento, que nunca había visto la talla precedente, hizo una nueva talla, que sin embargo fue bien aceptada y venerada.  Ahora se encuentra en la bonita Iglesia que, en 2011, obtuvo por el Papa Benedicto XVI la importante denominación de Basílica Menor.

Basado en lo que se ha contado, se puede decir que el lienzo que está en la Iglesia de Bonito (Italia) y que los fieles de aquel pueblo veneran como la "Madonna della Candelora", es la única representación de la primera y original talla de la Virgen que dos pastores guanches encontraron en 1390 en la orilla del mar de Tenerife.

Adjuntamos la imagen del cuadro que publicó el alférez Giuseppe Coviello.


domingo, 19 de abril de 2026

LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO, PERO LAS PROMESAS QUEDAN ANCLADAS EN EL CORAZÓN Y EN LA MENTE.

 LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO, PERO LAS PROMESAS QUEDAN ANCLADAS EN EL CORAZÓN Y EN LA MENTE.

Por: José Peraza Hernández                                                       

El amigo Manuel Hernández, conocido como “El Volquete”, es todo un referente en Canarias y también fuera de ellas. A él le felicito, primero como persona y después como hombre de sentimientos, lleno de recuerdos que conserva con nitidez en su mente. A sus 88 años, sigue trabajando y componiendo para todo lo que le rodea: pueblos, islas y vivencias.

Hace un par de años tuve la suerte de conocerlo y reunirnos en varias ocasiones en el Puerto de la Cruz, donde él me había contactado para consultarme distintos temas. Fueron días y momentos muy agradables, en los que Manuel me contó casi media vida.

En una de esas conversaciones me transmitió su gran ilusión: estaba muy contento porque había sido recibido por mucha gente y le habían prometido hacerle un reconocimiento. Decía que había pasado por varios ayuntamientos, que lo habían atendido alcaldes y que incluso había entregado pendrives con sus canciones. Aquello le hacía sentirse valorado y esperanzado. Y, sinceramente, yo también llegué a creer que ese reconocimiento estaba cerca.

Su verdadera ilusión era recibir una metopa o una placa donde se reconociera a don Manuel Hernández, conocido como “El Volquete”, por su trabajo de más de 200 canciones dedicadas a tantos lugares y personas de las islas.

Él estuvo aquí uno o dos meses. Sin embargo, durante ese tiempo no recibió ese reconocimiento que esperaba. Más tarde, ya en su casa en Venezuela, he seguido manteniendo contacto con él. Siempre habla de su isla añorada, la que lo vio nacer.

Hace unos días volví a hablar con él. Me preguntó si yo tenía un pendrive con todas sus canciones, y entendí que su intención era conservar y ordenar su propio legado musical. Le expliqué que quizá lo que él buscaba era precisamente eso, pero que en realidad se trataba de hacer una copia para entregarla a un familiar y llevarla a un lugar concreto.

Me comentó que había dejado varios pendrives a distintas personas, amigos, conocidos e incluso ayuntamientos. La verdad es que eso me parte el corazón. Y es inevitable emocionarse cuando uno escucha sus canciones, ya sea a través de Arturo Castillo o cuando las pone Isidro Pérez en Radio Realejos, especialmente en las fiestas con temas tan emocionantes como la Virgen Chiquita del Puerto de la Cruz.

En otras ocasiones me pidió que hablara con distintas personas para saber cómo avanzaba aquello que se le había prometido. Yo lo hice, pregunté lo que pude, y lo que vi fue que todos estaban muy ocupados y que había que esperar.

Se lo fui transmitiendo con cuidado, intentando suavizar la situación para no causarle más decepción. Pero llegó un momento en el que ya no podía seguir alimentando expectativas y tuve que decirle, con sinceridad, que las cosas no iban como él esperaba.

Él me manifestaba su sensación de que la parte cultural de Los Realejos, el Puerto de la Cruz y otras instituciones no habían sido consecuentes con su persona, ni los portuenses ni el Gobierno de Canarias, a pesar de que casi todas sus canciones están dedicadas a las bellezas, el clima, la gastronomía y las costumbres de estas tierras.

En una de nuestras conversaciones me dijo algo que me quedó muy presente: que quizá sería interesante que alguien escribiera sobre su vida, sus vivencias, nostalgias, añoranzas y todo lo que lo llevó a convertirse en compositor. Un emigrante que ha tenido la dicha de crear alrededor de 200 canciones dedicadas a Canarias, Cuba y Venezuela, reflejando su cultura, su clima, su gastronomía y su propia experiencia como emigrante.

Me planteó incluso la idea de que yo y Javier, como buenos amigos y compañeros, pudieran estudiar la posibilidad de escribir esa historia de un emigrante realejero, portuense, canario y venezolano.

También comentaba su deseo de seleccionar las canciones que mejor representaran ese proyecto, algo así como “Arturo Castillo canta a Canarias, Venezuela y Cuba”, con obras de Manuel Hernández “El Volquete”. Que el resultado final sirviera como un puente entre los dos pueblos: el que lo vio nacer y el que lo acogió como un hijo, dándole trabajo, pan y bienestar.

Decía que lo demás lo pondríamos nosotros, pero que podía ser una historia bonita, con la idea de dejar parte de su legado musical en manos de otros.

Desde El Junquito, en Caracas, enviaba siempre un fuerte abrazo, de esos que nacen del alma.

Y añadía algo importante: que también sería una forma de reclamo a las autoridades y a los responsables culturales de Los Realejos, del Puerto de la Cruz, de Venezuela y del Gobierno de Canarias en general. Porque nació en Los Realejos, creció en el Puerto de la Cruz, y hoy vive en Venezuela, país que lo acogió, le dio trabajo, bienestar, donde se casó y donde nacieron sus hijos, nietos y bisnietos.

Ojalá algún día reciba el reconocimiento que merece. Mejor ahora que mañana.

Un abrazo, estimado Manuel “El Volquete”, desde Canarias hasta El Junquito, Caracas.