María Perelli
Ayer fui a un restaurante con dos amigos que vinieron de vacaciones a Tenerife desde la ciudad italiana de Nápoles. Esta ciudad es muy antigua, fue fundada por colonos griegos y se llamaba Parténopes; luego fue renovada y se llamó Nea Polis (Nueva Ciudad), o sea Nápoles. Fue gobernada durante 420 años por reyes aragoneses y borbónicos, atados estrechamente a la corona española. Ahora tiene varios problemas, pero hay muchas cosas interesantes a ver, como palacios importantes y bellísimos lugares alrededor (Pompeya, Caserta, Capri, Sorrento, Amalfi, etc.), la gente es extravertida y se come bien.
Hoy querría hablar de comida y de la recíproca influencia de España e Italia sobre algunos alimentos. En el restaurante los amigos napolitanos ordenaron pimientos de Padrón y estaban convencidos de que un cocinero napolitano hubiera introducido este tipo de pimientos, uno de los platos típicos de Nápoles, que allí se llaman "friggitelli" (o sea que se fríen). Preguntaron también quien fuera el "padrone" (palabra italiana que significa dueño o amo) o por lo menos si había una conexión con un listado del ayuntamiento.
Tuve que hacer una investigación. Los amigos se equivocaban por completo. En primer lugar, los pequeños pimientos verdes, que se comen fritos, no tienen un amo o dueño ni tampoco están en un registro de nombres. Y esta es su historia.
En el siglo XVI unos frailes misioneros franciscanos regresaron de México a Galicia y llevaron consigo, entre otros productos, unas semillas de dichos pimientos verdes, que pronto se cultivaron en las huertas de un pequeño pueblo, cerca de La Coruña, que se llama Padrón. Este nombre deriva de una grande piedra (el pedrón) que hay allí y que representaba un altar (o ara pagana) de los primeros habitantes celtíberos.
En 1600 estos pimientos, junto con otros productos agrícolas, llegaron al Reyno de Nápoles; los campesinos de la región empezaron a cultivarlos, los cocineros de la corte real los utilizaron y al pueblo, como siempre, le gustó imitar las comidas de los nobles. Hay un libro de cocina que habla de este asunto: su autor es Antonio Latini (1642-1696), que era el responsable de la cocina del primer ministro del virrey español. En el libro se describen los nuevos productos introducidos desde America, como tomates y pimientos de varios tipos, y se aconseja como hacer banquetes ricos y fastuosos para demostrar la hospitalidad de los nobles españoles. En aquel período se introdujeron de America también la patata y el maíz, que pronto reemplazaron la harina de castañas y algunos cereales de lento crecimiento que se usaban en muchos países de Europa.
Es verdad que la introducción de estos dos alimentos fue extremamente importante para combatir el hambre de la mayoría de los pueblos europeos. Las familias pudieron así alimentarse de manera mejor y tener muchos más hijos sobrevivientes. La patata era fácil de cultivar y se usó en todos lados, especialmente en la Europa del Norte. El maíz encontró su cultivo ideal sobre todo en la grande llanura del Norte de Italia, gracias a sus abundantes lluvias. En poco tiempo la "polenta", hecha con harina de maíz y agua, volvió a ser la base de la alimentación de la clase pobre. "Polenta" es una palabra latina que significaba, en origen, gacha de espelta. Al día de hoy, cuando un italiano del Sur quiere burlarse de uno del Norte, lo llama "polentone" (y viceversa los del Norte usan la palabra "comilón de macarrónes" porque en el Sur se cultiva sobre todo el trigo). ¡Que bobadas!
¿Y qué decir de los tomates? No se puede imaginar un plato de espaguetis o una pizza sin tomate. Ambos estos alimentos existían mucho antes del tomate, pero eran blancos, más sencillos, con queso o verduras. Con el tomate, y la relativa salsa introducida por los españoles, todo cambió. El origen de la pasta se pierde en la noche de los tiempos. Sobre el nacimiento de la pizza me encanta el cuento del poeta latino Virgilio en su "Eneida".
Según una profecía, el héroe troyano Eneas, que escapaba de la caída de la ciudad de Troya hacía Italia, debería quedarse cuando sus marineros hubieran comido alimentos junto con los platos. Al alcanzar la costa del Lacio (región de la futura Roma), su barco naufragó y todas las vasijas se perdieron en el mar. Entonces el cocinero modeló platos redondos con la harina que se salvó y puso encima los alimentos encontrados en la nueva tierra. Y así los marineros se comieron sus platos. Eneas se quedó en aquella zona y uno de sus descendientes fue el mítico Rómulo, fundador de Roma. Este tipo de comida se llamó "pitta", que en griego significa aplastada. En el Medievo a los conquistadores godos de Italia le gustaba la pitta, pero no sabían pronunciar la palabra, que así se mudó en "pizza".
Cuando se formó el reino unido de Italia, a final del 1800, su nuevos rey y reina de Saboya (piamonteses) visitaron Nápoles y conocieron la pizza. El "pizzaiolo" encargado fue muy honrado y creó la "pizza Margherita" (nombre de la reina), con el rojo del tomate, el blanco queso "mozzarella" y la verde albahaca, o sea los tres colores de la recién nacida bandera del estado. La pizza se difundió en Europa y otros países durante el siglo XX y tuvo muchas variantes locales (algunas de las cuales muy despreciadas en Italia).
Es interesante saber que el tomate fue considerado en principio una planta venenosa, que se usaba sólo de adorno, porque los primeros nobles que intentaron comerlo se sintieron mal. Pero los campesinos no. Se descubrió que el ácido de los tomates hacia una reacción negativa con el plomo de que estaban compuestas las vasijas de las familias ricas mientras no hacía nada en los platos de madera que utilizaban los pobres.
Una nota final sobre el queso “mozzarella". Esta
palabra deriva del verbo italiano “mozzare" (en español cortar) porque de
un gran pedazo de cuajo caliente se cortan pedacitos con las manos. Es un queso
tierno y lleno de leche, se vende en globos más o menos grandes y no se puede
rallar. Por lo tanto, la "mozarela
rallada" de los supermercados deriva de una calidad diferente de
queso. El tipo mejor de todos se llama
"mozzarella de búfala" y se hace con la leche de las hembras del
búfalo de agua, un animal asiático que no se sabe bien quien lo llevó en
Campánia (la región de Nápoles); puede ser que fueron los árabes, que dominaron
la isla de Sicilia durante 260 años, o uno de los pueblos nómadas, en búsqueda de
un lugar tranquilo donde vivir, después de la caída del impero romano. Los
búfalos encontraron allí un ambiente ideal.
Estos son animales un poco salvajes, pero tienen una leche muy sabrosa.
La "mozzarella" se puede hacer también con la leche de las vacas
normales y en este caso se llama "fior di latte" (flor de leche), que
es un buen producto también, aunque más barato. Ambos tipos de “mozzarella” se
conservan durante muy poco tiempo, siempre en la nevera y cubiertos con su
proprio líquido.


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