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viernes, 22 de mayo de 2026

-. LA VIRGEN DE CANDELARIA

 María Perelli

Todos los canarios sabemos la historia de la talla de la Virgen de Candelaria, pero pocos conocen la sutil conexión de devoción que se desarrolla, desde hace casi tres siglos, entre las islas canarias y un pequeño pueblo en el sur de Italia.

La historia que hoy estamos narrando comienza en Tenerife y se debe a la investigación, hecha en 2018, por un estudioso italiano de historia militar, el alférez Giuseppe Coviello de la asociación Unuci-Canarias.

A este estudioso le interesaba sobre todo la vida de un personaje del siglo XVIII, el duque Andrea Bonito Pignatelli, que vivía en el Reyno borbónico de Nápoles.

Para entender el vínculo entre Nápoles y España es suficiente anotar los números ordinales que siguen el nombre del rey Carlos (1716-1788), hijo de Felipe V y de su segunda mujer, la aristócrata italiana Elisabetta Farnese. Se llamó Carlos I como duque de Parma y Plasencia (1731-1755); Carlos VII como rey de Nápoles y Carlos V como rey de Sicilia (1734-1759); por fin, Carlos III como rey de España (1759-1788).

Carlos, cuando era rey de Nápoles, conocía el carácter fuerte y autoritario del duque Bonito Pignatelli y aconsejó a su padre Felipe enviarlo a Canarias, donde había desórdenes por causa de las luchas para el poder entre familias nobles y peligros externos debidos a las incursiones de piratas de varias nacionalidades.

El duque fue nombrado Capitán General de Canarias desde 1741 hasta 1744 y efectivamente puso orden en las islas. Él era muy devoto a la Virgen de Candelaria y en 1742 encargó al preciso y minucioso pintor José Rodríguez de la Oliva, nacido en San Cristóbal de la Laguna en 1695, la reproducción, fiel como una fotografía, de la talla de la Virgen en un lienzo a óleo.

Al regresar a Italia, precisamente a Bonito, provincia de Avellino, comarca de Nápoles, el duque llevó consigo el retrato, que luego donó a la Iglesia Madre de Bonito o Iglesia de la Asunción (Chiesa dell' Assunta en italiano), donde está hasta el día de hoy.

Unos ochenta años después, en 1826, o sea desde hace exactamente 200 años, un gran desastre meteorológico ocurrió en Tenerife por el Aluvión, como nos señala el experto de historia canaria Don José Peraza, que consultó muchos documentos de aquella época.

En dicho año se produjeron grandes oleadas, lluvias torrenciales, vientos huracanados y varios destrozos sobre todo en las zonas del valle de La Orotava y de Candelaria. Se llamó el temporal de San Florencio. Más de 250 personas fallecieron, 600 y pico viviendas fueron destruidas, miles de cabezas de ganado murieron.

Y la antigua talla de la Virgen de Candelaria desapareció para siempre en el océano.  La talla estaba provisionalmente puesta en un costado donde se encontraba la Cueva de San Blas, donde los dominicanos se encargaban de seguir la lenta construcción de la Basílica de la Virgen.

En el año siguiente, el escultor orotavense Fernando Estévez del Sacramento, que nunca había visto la talla precedente, hizo una nueva talla, que sin embargo fue bien aceptada y venerada.  Ahora se encuentra en la bonita Iglesia que, en 2011, obtuvo por el Papa Benedicto XVI la importante denominación de Basílica Menor.

Basado en lo que se ha contado, se puede decir que el lienzo que está en la Iglesia de Bonito (Italia) y que los fieles de aquel pueblo veneran como la "Madonna della Candelora", es la única representación de la primera y original talla de la Virgen que dos pastores guanches encontraron en 1390 en la orilla del mar de Tenerife.

Adjuntamos la imagen del cuadro que publicó el alférez Giuseppe Coviello.


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