Bienvenidos al Diario del Valle

SEARCH

jueves, 25 de junio de 2026

HISTORIA DE CÁRITAS - ZAIRA

María Perelli                                                                            


Al hablar con una persona que trabaja en la Cáritas española, me vinieron a la mente los 15 años de mi vida como voluntaria en la Cáritas del Vaticano, precisamente en el distrito de Ostia, en la orilla del mar de Roma (Italia). Ostia es una palabra latina que significa "boca del río", en este caso el río Tíber.

Esta organización fue fundada en 1980 por un caritativo y tenaz sacerdote, Padre Luigi De Liegro, que empezó con la búsqueda de un hogar acogedor para los enfermos de sida, rechazados por todos lados.

Hoy en Roma hay muchos lugares de Cáritas que ofrecen asistencia, sin pagar nada, a una muchedumbre de personas débiles de todas nacionalidades y religiones.  Cada lugar tiene un responsable con salario y un montón de voluntarios, también de todas nacionalidades y religiones, que, después de un curso de formación, regalan horas de trabajo para ayudar al próximo.

Hay comedores, hostales, centros de salud (que incluyen prótesis dentales hechas por estudiantes de odontogénica), oficinas de empleo, hogares para personas solas (madres solteras, ex presos, mayores pobres, etc.); hay abogados, servicios sociales y una oficina que cobra las facturas de luz y gas de familias en dificultades; también hay tiendas donde se paga con "bonos" y donde se encuentran productos alimentarios (con fecha de caducidad cercana) regalados por supermercados y productos hortenses frescos que sobran en los mercadillos.

Como se puede presumir, es necesario hacer entrevistas profundizadas a los solicitantes para detectar a los "pícaros", que excluirían a los verdaderos indigentes. Además, para seguir a los usuarios, se los entrega un carné con foto, que debe ser actualizado cada uno o dos meses.

Regresando a la Cáritas de Ostia, esta tiene un comedor de 320 comidas al día, preparadas por una sociedad exterior (responsable de la higiene), una grande habitación con 50 camas, donde se puede dormir máximo un mes (su gerente de muchos años fue una eficiente señora tinerfeña, Mercedes), y varios servicios como clase de italiano, búsqueda de trabajo, asistencia social, etc.  Durante mi tiempo allí, encontré a muchas personas, cada una con sus problemas, y querría recordar algunas de ellas.

Hoy voy a hablar de Zaira, un caso que nos comprometió muchos años. Zaira era una gitana de 19 años procedente de Bulgaria, que un día vino llorando a nuestro centro de acogida. No la entendimos porque no hablaba italiano, pero su hermana, que la acompañaba, nos contó su historia.

Zaira había venido a Roma un año atrás con su marido y vivía en uno de los "campos rom" (terrenos con electricidad y aseos) que el ayuntamiento de Roma, según las indicaciones de la UE, ofrece a familias de nómadas para aparcar sus caravanas. La hermana ya vivía allí con muchos hijos y su marido, que vendía objetos metálicos recogidos de noche en los vertederos de la ciudad, usando su moto de tres ruedas.

Un día el marido de Zaira desapareció, nunca se supo el porqué; puede ser que se escapó con una mujer o huía de la policía o las dos cosas juntas.  Después de unas semanas Zaira descubrió que estaba embarazada. Al momento del parto la hermana y el cuñado la acompañaron con el triciclo al gran hospital de Ostia y Zaira dio a luz a un hermoso niño. No tenía leche y el hospital se encargó de nutrirlo.  El día antes de salir de allí vino su hermana y le dijo que la madre de ambas estaba muy enferma en Bulgaria. Puesto que ella (la hermana) no podía moverse con todos sus niños pequeños, tocaba a Zaira apurarse a viajar pronto a Bulgaria para cuidar de su mamá; le dijo también que no se debería preocupar del recién nacido porque estaba muy bien en el nido del hospital. La hermana ayudó a Zaira a vestirse de prisa y las dos salieron del edificio durante la hora de visita; luego la acompañó a un coche de búlgaros que estaba partiendo para su país y así Zaira llegó a su madre.


La anciana estaba muy mal, fue atendida por su hija durante un mes y finalmente se murió. Zaira vendió las pocas pertenencias de su madre y regresó a Roma con el servicio de coches de los búlgaros. De inmediato se dirigió al hospital, pero su niño no estaba. El doctor le dijo que puede ser que el bebé estuviera adoptado y que ella pudiera ser acusada de abandono de menor. Una enfermera la aconsejó dirigirse a la Cáritas de Ostia y Zaira llamó a su hermana porque no entendía nada, sólo que le habían robado a su hijo.

Este fue el momento cuando las encontramos en nuestro centro. Para nosotros los voluntarios empezó un largo periodo de preocupación, de búsquedas, de consejos.  La primera sensación que todos tuvimos era que la hermana manipulaba a Zaira; aquella mujer quería que la chica viviera con su familia para cuidar de todos los niños, para ayudar en la búsqueda nocturna del metal y por cierto para procurarse dinero en las calles. Zaira no quería todo esto, pero no sabía cómo decir "no" a su hermana mayor en un país donde ni siquiera conocía la lengua.

No voy a contar todos los esfuerzos de nuestros asistentes sociales, abogados y otros voluntarios para arreglar la vida de esta joven. Voy sólo a describir las etapas que ella, con nuestra ayuda, pudo alcanzar.

Descubrimos que el niño estaba en una situación de “odontotécnica” y vivía en un convento de monjas. Nuestro abogado obtuvo que dicha situación fuera anulada, que el niño permaneciera en el convento y que su madre pudiera verlo el domingo durante cuatro horas en el interior del edificio con una monja presente. Después de una larga búsqueda encontramos a una señora mayor que necesitaba de una cuidadora y Zaira le parecía apta. La señora estaba sola, pero tenía un abogado tutor, que administraba su dinero, y un portero que controlaba a sus visitantes (una seguridad contra la eventual invasión de la hermana). La señora era una maestra y enseñó a Zaira no sólo la lengua italiana, pero también hizo que ella tuviera el título de educación primaria. Luego consintió que ella asistiera a un curso de peluquería. Siempre, cada domingo, Zaira iba a ver a su hijo y por fin obtuvo el permiso de llevárselo a su domicilio un día en las fiestas y un mes en las vacaciones.

El día cuando la señora falleció Zaira vino a nosotros llorando, sin saber que hacer. Pero, después de unos días, un notario le dijo que la señora le había transmitido en herencia la casa y el dinero para pagar los impuestos. Su hermana supo esto y quería juntarse con ella y vivir con toda su familia en la casa.

Una vez más Zaira pidió nuestra ayuda. El abocado le aconsejó vender la grande casa y comprarse un pequeño piso y una peluquería. Zaira hizo todo esto. Abrió una peluquería con una compañera del curso y después de unos años encontró a un buen hombre, representante de productos para cabellos; se casó con él y tuvo una niña. Ahora sí quería que su hijo viviera con ella, pero él se negó, aun si le apetecía pasar unos días con su madre y su nueva familia. Después de las monjas, había estudiado en un internado de frailes y aquella vida le fascinaba.

Las ultimas noticias de Zaira las comunicó ella misma a los voluntarios, sus amigos desde 20 años. Su hijo había entrado en un seminario y estaba estudiando para llegar a ser sacerdote. Y ella sabía muy bien que este era un gran don de Dios: ¡ser la madre de un cura! 

sábado, 13 de junio de 2026

HISTORIA DE LAS CAMPANAS

María Perelli

El telefonazo imprevisto de un viejo amigo italiano, el Señor Marinelli, que buscaba noticias sobre Tenerife, nos recordó la inolvidable visita que hicimos muchos años atrás a la fábrica de campanas de su tío primo.

Por lo tanto, no podemos evitar hablar de la historia de la antigua tradición cristiana de las campanas y de su uso en la vida de nuestros antepasados, con la esperanza de que a alguien le interese.

Campanas grandes existían en Asia desde muchísimo tiempo y se usaban sobre todo durante las oraciones budistas, pero estaban fijas, no tenían badajo y se golpeaban con un tronco de árbol.

En las civilizaciones etrusca, romana y griega había pequeñas campanas, pero no de uso religioso; en latino se llamaban "tintinnabula". Los primeros cristianos no las utilizaban.

El "inventor" de las campanas como instrumento religioso, o sea que se bendice antes de usarlo, fue un santo, Paulinus (o Pablito, 354-431 d.C.).  Él nació en Burdeos (en la actual Francia) de una familia patricia romana; su padre era prefecto en Gallia.  Conoció a Ambrosio y Agustín, se volvió cristiano y mantuvo una larga correspondencia con estos dos Santos filósofos.  Durante una estancia en Cataluña conoció a una mujer catalana, Therasia, y se casó con ella.  Tuvieron un sólo hijo, que falleció prematuramente. En consecuencia, los dos, muy afligidos, decidieron dedicarse a la vida monacal y regalaron todos sus bienes a los pobres. Paulinus fue ordenado sacerdote por el obispo de Barcelona, pero no quiso asumir ningún cargo en la diócesis.  Se fue a Nola, pequeña ciudad cerca de Nápoles (Italia), donde tenía una propiedad. Allí, pronto construyó un lugar para acoger a los pobres. Cuando en la ciudad se necesitó nombrar a un nuevo obispo, todos los habitantes exigieron que fuera él.

"Como obispo de Nola, Paulinus continuó ayudando a los más débiles y los protegió de la brutalidad de invasores vándalos.  También quiso introducir el uso de campanas. Él opinaba que aquel sonido pudiera atraer la mirada de Dios, alejar al demonio y señalar eventos al pueblo. Por esto hizo fundir grandes campanas en los renombrados talleres de fundición de bronce y hierro de su región, la Campania. Se llamaban "vasa campana" (vasija de Campania) y luego sólo "campana". Y por causa de la medida de las campanas las iglesias empezaron a construir torres campanarios.

Siguiendo el proyecto de San Paulinus, los conventos, sobre todo benedictinos, establecieron reglas para el uso de las campanas. Por ejemplo: cada iglesia debía tener por lo menos tres campanas de diferente sonido: pequeña, mediana y grande. Cuando fallecía un niño se hacía un repique con la pequeña; si una mujer, dos repiques con la mediana; con la grande: tres repiques si se trataba de un hombre, cuatro de un religioso, cinco de un párroco, seis un obispo, siete el Papa. Además, los sonidos se usaban en muchísimas ocasiones de la vida de un pueblo: para recordar las horas (y las oraciones) del día, las fiestas religiosas, funerales, bodas, bautismos, etc.  y cuando un cura salía de la iglesia para otorgar la extrema unción (o sea avisaban que alguien se estaba muriendo); también para señalar peligros (incendios, aluviones, acercamiento de enemigos), el comienzo cotidiano de la escuela de niños y, incluso, para advertir que el recaudador de impuestos estaba llegando (así que los contribuyentes pudieran prepararse para fingir condiciones de mayor pobreza).  Después de la batalla de Lepanto (1571) y durante muchos años, las iglesias deberían hacer un repique, cada mañana a las horas siete, para festejar la victoria de los cristianos sobre los musulmanes.

Por lo que concierne a la fabricación de campanas, no vamos a describir las técnicas que se desarrollaron a lo largo de los siglos, pero queremos sólo recordar que la empresa familiar de artesanía más antigua del mundo, que sigue trabajando sin interrupción hasta el día de hoy, es una fábrica de campanas.

Se trata de la "Pontificia Fonderia Marinelli" (Fonderia significa Fundición), que obtuvo el título de "pontificia" por Papa Pío XI en el siglo pasado y ha sido nombrada "patrimonio de la humanidad" por la UNESCO.  La empresa Marinelli ha fundido campanas desde hace el año 1040 d.C. y hoy su gerente es el vigésimo séptimo descendiente del primero propietario, el medieval Señor Marinelli. Esta fábrica se encuentra en el antiguo pueblo de Agnone (pronuncia: Añone), 4600 habitantes, 830 metros s.n.m., provincia de Isernia, en la casi desconocida región italiana de Molìse (colindante con Campania).

La fábrica ha proveído la campana a las más importantes basílicas de la historia de Europa, también durante su pertenencia al Reyno aragonés de Nápoles y al borbónico de las Dos Sicilias. Hoy puede hacer campanas con técnicas tanto modernas como medievales. Tiene un importante museo de las campanas y puede hacer "conciertos" con un bonito juego de nueve campanas.

Vamos a terminar esta exposición con una lista, obviamente incompleta, de campanas, indicando sólo las diez más significativas, grandes y antiguas, del mundo, con sus nombres y fecha de fundición:

1."Ave María Grácia", Bolvir (Cataluña), 1350, la más antigua que existe, no se usa y está sólo en un museo.

2."Gloriosa", Erfurt (Alemania), 1497.

3."Zikmunda", Cracovia (Polonia), 1520, suena muy raramente porque necesita de más de 20 hombres para moverla.

4."Gorda", Toledo (Castilla-La Mancha), 1753.

5."Campanone", San Pedro en Vaticano, 1785, puede sonar sola o con sus cinco hermanas menores.

6."Savoyarde", París (Francia), 1851.

7."Big Ben", Londres (R.U.), 1858, marca las horas con el reloj más grande del mundo.

8."Liberty Bell", Filadelfia (EE.UU.), 1750, es el símbolo de la independencia de Estados Unidos de America.

9. María Dolens, Rovereto (Italia), 1924, fundida con cañones de 19 Países implicados en la primera guerra mundial, suena llorando para los caídos de todas las guerras.

10."Campana del Zar", Moscú (Rusia), 1736, es la campana más grande de todas, pero nunca se usó porque se rompió al primer repique.