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miércoles, 27 de mayo de 2026

LA CRUZ DE FREGEL

José Peraza Hernández

Haciendo una mirada atrás, ahora puedo hablar de hace unos días, cuando tuve el placer de conversar con Rafael García Suárez. Aunque fue en un momento algo gris, aquella conversación hizo que todo se volviera un poco más claro. Le pregunté si conocía a un pariente mío, y eso me llevó de nuevo a aquellos años en los que pateaba esas pistas, saliendo muchas veces desde el centro del Realejo de Abajo, tomando caminos en dirección a Barroso, para luego subir por Los Pinitos, las Vueltas de Tigaiga, hasta llegar a El Lance de Icod el Alto, partiendo después en dirección a La Corona.



Eran caminatas muy duras, de esas que hacías cuando tenías unos días libres. Todo eran metas, siempre con la vista puesta en la siguiente parada, en lugares tan conocidos como El Cabezón, el Paseo de las Vacas, la Fuente Pedro o la Casa Forestal, hasta llegar finalmente a la Cruz de Fregel.

Dicho así, parece coser y cantar, pero no era nada fácil. Había que soltar muchas gotas de sudor, beber un poco de agua y continuar cuesta arriba. Pensándolo ahora, la verdad es que era muy peligroso ir solo. En aquel tiempo no pensabas que pudiera pasar algo, pero hoy puedo decir que era una locura salir solo por aquellos caminos donde no encontrabas a nadie y donde podías torcerte una pierna o sufrir un mareo. Gracias a Dios, nunca me pasó nada.



También tengo que decir que en aquellos tiempos no existían las señalizaciones que hay hoy en día. ¡Qué tiempos aquellos! Tampoco tenía móvil, jajajaja. Pues creo que muy pocos lo tenían entonces.

Después de muchas horas caminando y de haber pasado todos aquellos puntos señalados, la mente solo tenía un destino: la Cruz de Fregel, donde la parada era obligatoria. Allí te santiguabas delante de las tres cruces, tomabas agua y comías algo para recuperar fuerzas. Respirabas aire puro en medio del calor y contemplabas la gran vista que había delante de tus ojos: el padre Teide al frente, y Las Cañadas y el Parque Nacional.

Recuerdo que en aquella época la capilla no estaba bien cuidada. Las cruces estaban ladeadas, todo lleno de pinocha y en un estado de abandono total.

Por eso quiero dar la enhorabuena al “Grupo del Museo” de Icod el Alto, que trabajó conjuntamente con la dirección de Las Cañadas y que hoy ha conseguido restaurar el lugar y colocar una placa donde se recoge parte de aquella historia pasada, digna de ser recordada y dada a conocer.



Aquella “Cruz de la Degollada” o “Cruz de Fregel” era parada obligatoria para las personas que transitaban estos parajes en busca del aprovechamiento forestal y de los recursos de Las Cañadas: colmeneros, pastores, pinocheros, así como quienes cruzaban hacia el sur de la isla para comerciar o vender sus productos, como los cochineros y otros que iban a comprar ganado.

También en este lugar se celebraban las fiestas populares relacionadas con la festividad de San Juan Bautista, el 24 de junio. Lo mismo sucedía en La Corona hasta las últimas décadas del siglo XX, cuando, por motivos de ampliación del Parque Nacional y por la necesidad, obligación y compromiso de conservar y proteger los recursos naturales de la zona, ya no fue posible continuar con ellas.



En la imagen que pueden ver en esa placa aparece la historia con más detalle.

Solo me queda felicitar a todos los que han estado ahí, y a quienes siguen trabajando por el bien de ese Museo de los Cochineros.


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