María Perelli
Las hermosas
alfombras de flores, que se hacen en La Orotava durante la fiesta del
"Corpus Christi", nos inducen a indagar sobre el origen de esta
tradición.
En la
antigüedad del cristianismo se solía esparcir flores durante las procesiones,
pero el primer texto, que describe algo semejante a una alfombra de flores, se
encuentra en un documento del 1357 en Sitges (Cataluña).
Sin embargo, el
nacimiento, muy llamativo, de dicha tradición se puede colocar en un día
preciso, el 29 de junio de 1625, y en un lugar emblemático, Roma.
Allí, el
arquitecto Benedetto Drei, responsable de la Florería Vaticana, probablemente
por causa de la carencia de flores frescas en la temporada muy caliente de
aquella ciudad, decidió, junto a su hijo Pietro, hacer una grandiosa
decoración, semejante a lienzos pintados, en el suelo de la plaza de la
Basílica de San Pedro, usando pétalos casi secos y flores sin tallo.
Ahora
necesitamos abrir un paréntesis para explicar la importancia que la fecha del
29 de junio tenía (y tiene) en la Roma cristiana.
En este día del
año 67 d.C. el emperador Nerón, de mal recuerdo, hizo matar, en el mismo día,
dos judíos procedentes de Palestina, que sucesivamente habrían cambiado aquel
mundo.
Se trata de los
apóstoles Pedro y Pablo. El primero fue crucificado cabeza abajo (como el mismo
había requerido para no igualarse a Cristo) en la colina del Vaticano; el
segundo fue matado en otra zona de la ciudad. Pablo, siendo también ciudadano
romano, obtuvo el "honor" de ser decapitado con una espada (y no
crucificado como los extranjeros). Su cabeza rebotó tres veces e hizo nacer
tres manantiales. Allí se construyó, y todavía se puede ver, la Abadía de las
Tres Fuentes. Pedro fue enterrado en la misma colina donde murió y donde,
alrededor de él, pronto se formó un pequeño cementerio cristiano y judío (hoy
esta necrópolis está debajo de los cimientos de la actual basílica). Pablo fue
enterrado fuera de la ciudad a lo largo de la calzada que termina en el puerto
de Ostia (este nombre significa "boca del río"). Fue sólo
después de 260 años que el emperador cristiano Constantino hizo construir dos
basílicas, de San Pedro en Vaticano y de San Pablo "extra muros" en
la vía Ostiense. Al día de hoy las dos antiguas basílicas no existen porque
fueron reconstruidas más anchas y majestuosas. Para los cristianos de
Roma la pérdida tan violenta del primer Papa y del primer teólogo fue una
grande desgracia, que se recuerda en Roma en dicha fecha hasta el día de hoy.
Cerrado el
paréntesis, regresamos al arquitecto Drei. Sus ideas sobre las alfombras
de flores, que en Italia se llaman "infiorate" (enfloradas), fueron
heredadas por un gran artista, Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), arquitecto,
escultor, pintor y también escenógrafo de fiestas. En la Roma barroca de su
tiempo, con reuniones religiosas y mundanas entre aristócratas, cardenales,
embajadores, peregrinos ilustres, etc., las creaciones de Bernini tenían mucho
éxito también en el arte efímero de las flores. Recordamos que sus aportes a la
Basílica de San Pedro fueron el diseño de la espectacular plaza columnata y la
creación del imponente baldaquín de cuatro columnas torcidas (hechas también
con parte del bronce de los cañones de la batalla de Lepanto).
A pesar de
esto, las alfombras de flores terminaron pronto de tener lugar en Roma (tráfico
y calles estrechas fueron siempre un problema), pero se transfirieron a muchos
lugares de Italia y de España y sucesivamente se difundieron a Malta, Portugal,
Bélgica, México, etc.
Aquí recordamos
sólo las tres manifestaciones más antiguas, que continúan hasta el día de hoy:
1.Gerano en el
Lacio, aldea medieval en la comarca de Roma, desde 1743, en abril y en honor de
la Virgen protectora.
2.Genzano de
Roma, pueblo medieval en la orilla del lago de Nemi, desde 1778, durante el
"Corpus Christi" (que allí se llama "Corpus Domini").
3.La Orotava,
antigua y elegante ciudad de las islas Canarias, desde 1844, durante el
"Corpus Christi". Aquí todo empezó con la iniciativa de la dama
Leonor de Castillo, apoyada por sus cuñadas María Teresa y Ana de Monteverde,
que quiso tapizar con flores el acceso de su palacio para honrar el paso del
Santísimo Sacramento. Luego, otros nobles la imitaron, rellenando las calles de
flores. En 1882 fue introducido el uso de aros de tonel para facilitar la
adherencia de las flores en las calles empinadas de la ciudad. En 1919 se
empezó a utilizar (caso único de todas las enfloradas y sólo en la plaza del
Ayuntamiento) arenas y piedritas obtenidas de las polícromas rocas volcánicas
del monte Teide. El primer maestro de esta arte fue el polifacético artista orotavense
Felipe Machado.
Como
consideración final, queremos destacar la importancia y la belleza de la labor
complementaria y del espíritu de colaboración que fluye entre toda una
comunidad de feligreses, trabajando juntos durante muchos días.

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