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jueves, 26 de diciembre de 2013

CUESTIÓN DE DEMOCRACIA

Moisés González Miranda

Democracia. ¿Qué les parece la idea?. No suena del todo mal. Parece ser que se trata de que no sea uno o unos pocos los que impongan su voluntad a la mayoría, más bien al contrario, que la mayoría decida sobre el destino de todos.

A medida que la dictadura se aleja en el tiempo y que no parece viable que se renueven los agujeros, recientemente cubiertos en el techo del congreso de los diputados, da la impresión de que se pierde el auténtico valor del sistema democrático, o al menos parece que el sistema de pervierte. De una forma u otra asistimos al triste espectáculo de la pérdida de valores democráticos que, pintados de disciplina de partido o salvaguarda del sistema, transmutan en imposiciones de unos pocos a los demás, y tengo que reconocer que estoy algo confundido, porque como creyente en los principios del socialismo había escuchado algo de que su fundador, un tal Pablo Iglesias, inspiró un partido garante de valores democráticos. Es más el 37 congreso del PSOE defendía la asignatura de Educación para la Ciudadanía bajo la creencia de que era una herramienta fundamental, pues según se afirmaba, “la cultura democrática no es inherente a la naturaleza humana, sino que hay que construirla en la familia, en los centros educativos y en la comunidad”. Cabe preguntarse si no hay que construirla también desde el ejemplo a la hora de comportarnos como partido.

La moción de censura de Tacoronte ha puesto de manifiesto la crisis de valores democráticos. No voy a profundizar en el análisis del auto del juez que concede cautelares y anula una moción que es expresión de la mayoría democrática de los ciudadanos, pues la constitución salvaguarda el nexo fundamental entre el votante y el votado. No es prioritario que el citado auto dé el poder al aparato del partido por encima de la voluntad de la  ciudadanía expresada en la urnas y que da legitimidad al concejal electo. Lo que verdaderamente resulta preocupante es el comportamiento del partido socialista que parece haber perdido como referente a Pablo Iglesias en favor de Julio Iglesias, “hey no vayas presumiendo por ahí” de dar ejemplo de democracia.

La democracia supone un estado garantista con los derechos de los ciudadanos. Los cinco concejales de Tacoronte sufrimos eso de la expulsión exprés. En diez días asistimos a la artificialidad de que nos convirtieran en tránsfugas. No nos fuimos del partido pero nos echaron con la velocidad necesaria para que lo pareciéramos. Entre el partido y el alcalde nacionalista se produjo una complicidad matemática para que un motorista entrara exaltado en la ventanilla de registro, con la orden de cortar la cabeza a sus propios compañeros, y que no se demoraran en enviar a los funcionarios de la policía municipal a nuestras casas para darnos la noticia. Antes de recibir las alegaciones que planteamos con la rapidez que nos exigía el partido, destacados dirigentes del PSOE nos pedían que diéramos marcha atrás porque nos iban a expulsar con total seguridad antes de los diez días. Al tiempo que elaborábamos el alegato nos preguntábamos para qué, si resultaba evidente que la decisión estaba tomada con independencia de la razones que diéramos y que no fueron pocas, para justificar la ruptura de un pacto que ya había roto en primera instancia Coalición Canaria, usurpando con la retirada de competencias, áreas que el pacto firmado en 2011 recogía como pertenecientes al grupo socialista. La diferencia radicó en la forma en que un patido y otro reaccionó ante la ruptura del pacto. Cuando lo rompió al alcalde nacionalista, Coalición Canaria lo arropó y lo justificó, aún sabiendo que la forma de actuar del alcalde en esto y en todo el devenir de la legislatura era inaceptable para cualquier socio con un mínimo de dignidad. Después de un mes con las competencias retiradas, nuestros dirigentes insulares y regionales no siguieron pidiendo que tragáramos con las situación, no fuera que Coalición canaria se enfadara mucho y temblaran sus propios sillones en el pacto regional. Cuando fuimos los socialistas quienes obramos en consecuencia no sentimos precisamente el arropo del partido, más bien su guadaña. Como Isaac con su hijo Jacob. Sin más lógica que la voluntad del dios nacionalista, el partido nos sacrificó por la fe ciega en el amor al pacto regional.

En democracia los cargos electos defienden los intereses de quienes les elijen. Como tuvimos que escuchar en boca de algún dirigente de Coalición, Tacoronte es solo una pieza en el tablero de los intereses políticos de Canarias. Debe ser este argumento el que justifique que, el hecho de que después de 18 años hubiera un alcalde socialista en Tacoronte, fuera la causa de expulsión de los compañeros. Pero es inconcebible que nuestro propio partido nos pida que asimilemos ese principio. ¿Cómo se lo explicamos a los ciudadanos a los que en un poco más de un año le vamos a pedir el voto?. Tampoco parece muy democrático. Nos presentamos a la elecciones como concejales de Tacoronte, elegidos por los tacaronteros, para defender los intereses de los tacoronteros. En nuestro programa electoral no llevábamos nada que hablara de salvaguardar  intereses políticos de ningún tablero exógeno a nuestro municipio y desde nuestro punto de vista, el interés de los tacoronteros pasa por la materialización de nuestros objetivos programáticos.

Era de esperar que esta irracionalidad y falta de coherencia democrática sobrepasara la fronteras de Tacoronte. ¿Es democrático de unos pocos que copan la dirección del partido impongan su voluntad también a 14 agrupaciones en la Isla de la Palma, a la que también pidieron que tragaran las humillaciones que fueran necesarias en razón del dios del pacto?

¿Es democrático que la ejecutiva insular lleve tiempo corriendo por la casa en busca de una gaveta donde esconder un comité, porque sabe que de allí podría salir un apoyo a los compañeros de Tacoronte y ellos también resultaran fulminados?

¿Es democrático la política de gestoras?.  En Tacoronte ha sido constituida con personas foráneas y con la plancha en peso, que hace unos meses perdió un proceso democrático interno, en el que se expresó el deseo mayoritario de la agrupación. Los perdedores de aquel ejercicio de democracia (este sí) son los que llevan las riendas de la agrupación por imposición a dedo.


El espectáculo que estamos dando, traicionando todos los principios que han representado a este partido, pasará factura sin la menor duda, como ya reflejan las encuestas. Si no somos fieles a nosotros mismos. si la cabeza amputa las extremidades cada vez que considera que no cumple su voluntad. terminaremos sin piernas con las que ir a ningún lado, ni manos con las que llevar a cabo nuestros proyectos para la sociedad. Ni siquiera el pacto regional está por encima de los principios y del partido que los encarna y desde luego, los altos cargos no están sobre la voluntad de las bases. Es así de sencillo. Cuestión de democracia.

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