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sábado, 12 de noviembre de 2016

DEL RADICALISMO AL BIENESTAR

Evaristo Fuentes Melián

Con  la llegada masiva de turistas europeos a las costas españolas incluida Canarias, en los felices años sesenta del siglo XX, se acabó todo atisbo de rebelión violenta como modo de hacer política. Quedaron residuos como ETA y el Grapo, pero eso no afectó directamente al pueblo canario. Antonio Cubillo, q.e.p.d., y sus huestes en los años setenta quisieron ser émulos de ese terrorífico modo de actuar y lo que consiguieron fue alguna chapuza de principiantes y que, de rebote, hubiera un accidente aterrador en Los Rodeos con los dos aviones jumbos en marzo de 1977.  

Hay un matiz diferenciador entre Canarias y algunas zonas de la Península. En Cataluña, por ejemplo, la clase obrera, el proletariado ya tenía conciencia de la opresión, ya tenía conciencia de clase desde el siglo anterior, los ramalazos de las directrices de la revolución francesa  llegaron a Cataluña (quema de conventos en 1835 y 1909).

En Canarias, en los prolegómenos revueltos de la guerra civil de 1936-1939, se quemaron algunas cruces, pero fue a manos de cuatro analfabetos que de conciencia obrera tenían lo que yo de obispo. Eran incitados por el ilustrado izquierdista  del barrio o del pueblo, la situación de desorden incontrolado auspiciaba ese tipo de sucesos puntuales. Igual pasó en los años setenta, cuando se sustrajeron las  banderas de la parroquia capitalina de la Concepción, acción desafiante que entra más en el concepto de pillada impactante, que de un episodio revolucionario y/o independentista.

Como dice Julián Casanova “…los obreros abandonaban el radicalismo ante la perspectiva de mejoras tangibles e inmediatas, preferían el coche y la nevera, (…) el anarquismo flaqueaba, dejaba de existir”. Pero en estos nuestros ‘islotes’, a partir de la posguerra,  la clase obrera y campesina en general pasó del analfabetismo galopante al consumo de la nevera y el coche. Eso se constató en especial en zonas eminentemente turísticas como el Puerto de La Cruz y su comarca.

Espectador

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