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sábado, 31 de agosto de 2019

UN BIC Y UN CENTENARIO PENDIENTES


Salvador García Llanos

La entrada del pasado 2 de julio, a propósito de la exposición organizada por el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC), titulada La Virgen del Carmen y el Puerto de la Cruz y comisariada por 'Lhorsa arte&eventos', destacaba valores que enriquecían los conocimientos referidos a la procesión marítimo-terrestre de la imagen de la Virgen del Carmen. Un laudatorio rigor histórico -escribimos. Era el anticipo de otras iniciativas que han de brillar, se supone, con motivo del centenario de la primera embarcación: “Que está ahí mismo: en 2021”. La portada de La Gaceta de Tenerife, de 2 de julio de 1921, anuncia, en efecto, la primera embarcación, llevada a cabo en fechas posteriores. Durante la transmisión que efectuó Radiotelevisión Canaria el pasado 16 de julio hicimos hincapié en el hecho: probado documentalmente, que cumpla cien años merece un reconocimiento y una conmemoración a la altura de su significado religioso y social.

Ya pusimos a prueba la trascendencia en 2004, cuando el pleno del Ayuntamiento aprobó por unanimidad una propuesta del Grupo Municipal Socialista para incoar expediente de Declaración del Bien de Interés Cultural (BIC) a favor de la procesión de la Virgen del Carmen. El texto del acuerdo era el siguiente:

                                                                                   In me gratia omnis vitae et veritatis,
                                                                        in me omnis spes vitae et virtutis 

“La procesión de la Virgen del Carmen que, cada mes de julio, recorre buena parte del centro del municipio y de su franja litoral acompañada por miles de devotos, constituye una de las más singulares expresiones de fervor del pueblo portuense.
La admirada imagen, bendecida y entronizada en 1954, es obra del escultor Ángel Acosta Martín, Hijo Predilecto de la ciudad. Antiguamente, era venerada otra imagen, de media talla, original del orotavense Fernando Estévez Sacramento. 
Algunos estudiosos señalan que la Virgen del Carmen permaneció olvidada en la parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia alrededor de dos centurias. Cuentan que el devoto pueblo marinero del Puerto de la Cruz corría enfervorizado a tributar sus plegarias y respetos a la venerable Virgen del Carmen que se encontraba en Los Realejos. Hasta que allá por el año 1925, el padre claretiano Antolín Fernández se dirigió a marinos y pescadores:
-Nada de desplazamientos hacia otros pueblos alejados de los azares del mar. Existiendo entre nosotros la imagen de nuestras fervorosas devociones, a ella tenemos todos que acudir a rogarle que nos conceda su gracia.
En el programa anunciador de las Fiestas de Julio de 1963, sobre este particular, puede leerse: 
"Y, convenciendo así a los numerosos feligreses de esta parroquia del Puerto que era sobre el mismo mar, y no en la lejanía de los campos, donde había que rendir tributo y veneración a los milagros de la Santísima Virgen del Carmen (el padre Antolín Fernández) hizo parar la corriente hacia aquel pueblo y concentrar en los propios sitios del peligro los ruegos a esta divinidad, que, arrostrando los peligros de sus fieles, prestigió con el ejemplo de embarcarse la confianza y la fe inquebrantable que se hace en su poder milagroso”.
Desde entonces, se acumulan los testimonios que exaltan la jornada marinera por excelencia. Algunos de ellos, de gran belleza literaria, serán valiosísimos soportes de la finalidad que se pretende con esta iniciativa.
El profesor portuense Cándido Chaves, por ejemplo, escribe: 
“Para los marinos, la Virgen del Carmen sintetiza todo lo grande, todo lo santo, todo el poder, todo el amor. Así, cada día, poniendo en ella su fe cristiana, le ofrenda sus plegarias, su destino, su vida sobre la barca frágil.

Cada año quiere festejarla, ensalzarla, conducirla sobre sus hombros, como para patentizare su sumisión, su cariño y su fe. Quiere decírselo a gritos, ante todo el mundo. Quiere volcar el alma a sus pies.

Anhela que visite su campo de acción. Desea que posea su potestad de Reina sobre las aguas del océano donde cada día, cada noche oscura, el pescador arriesga su vida para poder llevar el pan y procurar el sostén a su familia.

De estos anhelos, de este afán, nació el acto procesional sobre las olas que, año tras año, figura en el programa de las fiestas de verano del Puerto de la Cruz".
Del poeta icodense Emeterio Gutiérrez Albelo, esta frase:

"... Con sus procesiones, que parecen navegar en oleadas de perfumes, se abre este pueblo en la doble, simbólica realidad de su nombre: Puerto de la Cruz". 
El escritor y periodista español César González Ruano, en 1953, escribe que desea visitar de nuevo nuestra ciudad "... para poder asistir, sobre todo, a la procesión marítima y carmelitana, para presenciar el paso de sus imágenes por el típico barrio de San Felipe". 
Félix de Montemar, ese mismo año, consagra una exclamación característica e impregnado del más puro espíritu de los marineros portuenses, al describir el alborozo y el comportamiento de quienes cargan y acompañan la imagen, señala:

“Y como la Virgen tiene más talento que todos los hombres juntos, ella nos entiende y no se ofende. Así se tranquilizan y bailotean a la Virgen marinera, desde la iglesia hasta las orillas del agua, festoneadas por espumas que son galas del desposorio del soberano Atlante con la excelsa novia del mar. Con este gozo, marineros y pescadores, en el Puerto de la Cruz radicantes, o de llegados al efecto, todos han recorrido por sus calles de Mequínez y San Felipe -y su barrio de La Ranilla es júbilo- y ahora gritan:

- ¡Mayitas, Virgen del Carmen, mayitas!".
        Del inolvidable poeta gomero, Pedro García Cabrera, estos versos alusivos:
     "Del Puerto, toda la mar y la inquietud de las olas. Y ya no tiene el cantor más redondas caracolas”.
     Pero, posiblemente, nadie como el escritor portuense Sebastián Padrón Acosta plasmó con tanta belleza lírica las emotivas imágenes que la procesión le sugiere en su trabajo titulado “La cúpula del crepúsculo":
"... Los marineros se alborozan y lanzan al aire su rudo lenguaje, henchido de vehemencias. La tarde se torna idílica, mística, angélica. Es que, bajo el palio azul, incendiado, la Virgen del Carmen navega sobre rutas de raso, sobre sedas de espumas. El momento es de ternura infinita, celeste. Los viejos lobos, hechos de bronces, son ahora de lágrimas y saludan a la Reina del mar, que sonríe desde su trono de espumas. El oro solar se licúa en nimbos, en aureolas. Todo parece desrealizarse en la magnificencia del crepúsculo, acaso de oro viejo de casulla. Las cumbres, las peñas, los picachos, las llanuras, hasta las piedras del camino, cobran, súbitamente, resplandores alados. Toda semeja cristal, ensueño; el crepúsculo diríase que va a romperse como una enorme cúpula de oro, arcangélica. Nuestra Señora del mar retorna...".
Este fragmento de Padrón condensa el significado del acto, la fe de una población, el amor de sus gentes. La procesión del martes de las fiestas portuenses guarda tal singularidad que cada año renueva su esencia de manifestación popular sentida y admirable. Es la tradición por antonomasia, la idiosincrasia de un pueblo, la expresión de sus creencias y de sus anhelos en torno al santo hábito y escapulario, símbolos de norma y vida carmelitana. 
Estamos, pues, ante un hecho que constituye un testimonio sin igual de la cultura portuense e insular. Un hecho acreedor de la debida protección y tutela, siempre con el ánimo de enriquecer aquélla, de cultivarla, de prolongar las costumbres y de transmitir cuantos valores arraiguen y configuren la personalidad de una comunidad.
Se trata, por tanto, de acogerse a disposiciones legales que posibiliten un mejor conocimiento, en todas sus vertientes, históricas y futuras, de la procesión de la Virgen del Carmen del Puerto de la Cruz.
En este sentido, al amparo de lo dispuesto en los artículos 17 y siguientes de la Ley 4/1999, de 15 de marzo, de Patrimonio Histórico de Canarias, se propone que el pleno adopte acuerdo del siguiente tenor:
1o) Instar al Excelentísimo Cabildo Insular de Tenerife a que inicie la incoación del expediente para la Declaración de Bien de Interés Cultural a favor de la procesión de la Virgen del Carmen del Puerto de la Cruz.
2o) Facultar al alcalde-presidente para que diligencie lo que proceda en orden al cumplimiento de este acuerdo.
     El Excmo. Ayuntamiento Pleno, estimando dictamen que sobre el particular ha emitido la Comisión Informativa de Cultura e Igualdad de Oportunidades, acuerda, por unanimidad, la estimación de esta Propuesta, en los mismos términos en que viene redactada”.
Sin embargo, no ha habido suerte con esa voluntad del pleno de la institución, con seguridad, una interpretación que sería ampliamente respaldada por el pueblo portuense. Hay que verificar si se ha producido alguna resolución de organismos competentes, siquiera en sentido negativo. La Federación Portuense de Asociaciones de Vecinos (FPAV) manifiesta que no se realizaron posteriormente las acciones consignadas en el acuerdo plenario. El 16 de febrero de 2009, la propia FPAV registró un escrito en el Ayuntamiento solicitando que se iniciara el referido expediente. Y ahora, el 26 de julio pasado, insiste con otro escrito en el que solicita que se reinicien las gestiones consecuentes para lograr esa Declaración BIC.
Pero ahora no es cuestión de pugnas sino de reactivar. Precisamente, cuando el consistorio acaba de manifestar su propósito de desatascar expedientes y acuerdos pendientes, procede retomar los antecedentes y tratar de impulsar, ante la conmemoración de un centenario, una Declaración cuyos efectos posteriores han de ser necesariamente positivos. Sería el mejor regalo para la Virgen y el fervor de un pueblo.

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