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sábado, 6 de mayo de 2017

PERDONAR

José Sebastián Silvente

Tuve ocasión de ver una entrevista que le hicieron a Irene Villa, por la conmemoración del “Día de las Víctimas del Terrorismo” en el atentado yihadista sufrido en España, en el año 2004, y que costó la vida a 192 personas, amén de otro gran número de heridos, así como por el comunicado de ETA de entregar las armas y disolverse de manera definitiva.

Irene Villa es una gran persona en todos los aspectos, víctima del terrorismo de ETA, y que con su actitud y coraje ha salido victoriosa de este drama que hemos padecido en nuestro país durante bastantes años.

Tenía 12 años. Se salvó gracias a la intervención de los médicos. Pero quedaría inválida para el resto de su vida. Perdió un brazo y una de sus extremidades inferiores. Su madre, que iba con ella, también sobrevivió. Irene decía que la primera vez que se reunió con ella, semanas después del atentado, ésta entró en la habitación del hospital, cerró la puerta y le dijo: “Tenemos dos opciones: Anclarnos en lo que nos ha sucedido y amargarnos el resto de nuestra vida, o bien perdonar, mirar adelante y vivir plenamente de acuerdo a nuestras capacidades”.

Veintiséis años después, Irene es una mujer con un currículo impresionante: tres carreras (psicología, humanidades y comunicación audiovisual); autora de varios libros y articulista; deportista de élite, ha practicado el esquí profesional, el submarinismo, la esgrima, entre muchos otros deportes; es creadora de una fundación que lleva su nombre y que busca ayudar a todo tipo de disminuidos físicos y psíquicos. Casada y madre de tres hijos. Sus logros no están al alcance de cualquiera, incluso en plena integridad física.

Lo que realmente me impactó fue una de las respuestas que dio a la periodista, cuando ésta le preguntó que si realmente había perdonado a los terroristas. Irene contestó que, por supuesto, el perdón era absoluto. Y explicó que perdonar significaba “Romper el vínculo con quien te ha hecho daño” Esa, a mi juicio, es una respuesta trascendental; una palabra de la que se derivan diferentes conclusiones y lecturas que pueden ayudarnos en muchos ámbitos. Recuerdo que a lo largo de mi carrera como psicólogo leí un libro bastante interesante que hacía referencia al perdón y que igualmente me impactó: “Inteligencia Emocional” de Daniel Goleman.

Y es que mientras hay rencor y dolor, estás ligado a quien te lo provocó y además ha logrado su objetivo: hacerte daño, y que ese daño permanezca. Por el contrario, si perdonas, te liberas de esa persona para siempre. El vínculo desaparece y eres totalmente libre. Perdonar no necesariamente significa reconciliarse con la persona que te ha hecho daño, hacerse su amigo o establecer una relación. No, en absoluto, perdonar no entraña ninguna relación. Este aspecto es muy importante. Perdonar significa apaciguar la ira interior que queda tras el daño y por tanto, eliminar la sed de venganza. Perdonar no es olvidar los hechos, ni negar la realidad; no es humillarse ante el otro; es aceptar y reequilibrar los sentimientos en el polo opuesto de quien te ha hecho daño. Tan fácil y a la vez tan difícil. Alguien dijo que “Aquel que se venga de sus enemigos accede a un minuto de ira, pero a toda una vida de dolor; mientras que quien perdona se beneficia de todo un mundo de paz interior” Perdonar es por tanto apagar, para siempre, la ira interior. Es a partir de tal liberación que uno puede enfrentarse a su futuro con total independencia y libertad. Si quien ha sufrido la ofensa o el ataque se queda anclado en el odio difícilmente va a tener la paz de espíritu, la concentración y la disposición a realizar cualquier proyecto de futuro. A esa persona le estaría consumiendo la amargura y ansia de venganza y no conseguiría nada. Todos los logros de alguien a quien se ha infligido un gran dolor son la demostración de su perdón.

Lo mismo podemos aplicarlo a nosotros mismos. Haciendo una analogía, si no nos perdonamos a nosotros mismos, tampoco nos desembarazamos del vínculo con los hechos o errores cometidos, sean cuales sean y reincidiremos en ellos. No podemos manejar nuestra propia vida si no nos perdonamos cualquier cosa que haga que la angustia no se extinga. ¿Cuántos abusan y se aprovechan de tantos desde la rabia, la ira, el sometimiento y la negatividad? Son víctimas de su incapacidad para perdonar y perdonarse a sí mismos y a quienes en su entorno seguramente les hicieron daño en el pasado. Actúan con maldad, utilizando la presión sistemática y la amenaza como modos de imponer su “fuerza” son personas llenas de ira; gente que desconoce la palabra perdón. Acumulan demasiado pesar, venganzas pendientes, ansia de dolor ajeno. En cambio, los grandes líderes son gente que sabe liberarse de culpas y agravios. El liderazgo solo es posible, respecto a los demás y a la propia vida, cuando uno puede mirar hacia el futuro con la experiencia pero sin la ira del pasado.

En resumen, sólo mediante el perdón se accede al proyecto vital, a la libertad y a la autorrealización. No es necesario sufrir un atentado terrorista, un maltrato o un grandísimo daño para poner en práctica esta actitud. Todos sufrimos, de alguna manera, pequeños “atentados” cotidianos. Aprendiendo a perdonarlos contribuimos a un mundo mejor. Esta es, de hecho, la función de esa hermosa palabra.

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