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viernes, 27 de marzo de 2020

“LO ÚNICO IRREAL ES LA REJA”, PACO URONDO


Rodrigo Aguilar

(Mendoza, Arg) La cárcel es un lugar. Esta simpleza de palabras u oración con sujeto y predicado nos deja mirar y preguntarnos ¿qué es un lugar para las personas que llegan hasta él? En la vida libre puede haber un sinfín de respuestas a cada llegada, pero llegar a un lugar como este es poder pensar en la trayectoria que recorremos hasta llegar dónde está plantado y firme él con su atuendo y misterio abarrotado. En este caso, ella; con sus altos murallones de piedra y centinelas por doquier, con sus raíces de masmorras y catacumbas guardando la historia de castigos por miles de años. Tanto en libertad como en el encierro vale preguntarse de dónde venimos y cómo llegamos hasta un cierto lugar, hasta ahí, y nos servirá para entender, primero que nada, cómo somos, y segundo, lo mejor de toda esta historia, hacia donde vamos ¿qué vamos a hacer? 


Esta pretenciosa aproximación de lo que nos encontramos todos los días, en la cárcel tiene otro significado. ¿Sí? Si. Porque el hilo de acción está cortado por un plazo de sentencia. ¿A dónde va a ir el interno de la cárcel mientras el mundo común avanza? Y... volverá una y otra vez a su celda o saldrá hasta su patio pequeño de cemento cuando le toque el recreo, mirará el cielo y solo eso. Este es el peor castigo para los que se equivocaron: poder pensar y no poder sacar siquiera la cabeza por sus ventanas de anhelos; el encerrado no podrá abrazar a su ser amado a cada rato y eso le dolerá más que cualquier golpe, cualquier palabra del afuera que recuerde será una puñalada al vacío sentido en silencio y escrito en un tatuaje tumbero o tal vez contenido en el diálogo imaginario con fotos colgadas a la pared y apretadas bajo luces apagadas con las manos enumeradas en el recuento diario. 

Es de mañana en el lugar, temprano. La apertura del pabellón es general. Sus habitantes tienen un deseo mutuo, el de querer mostrarse ante todos de mil maneras distintas a ese ayer condenatorio. Ellos no entienden ese acto de marginarse al chocar su carne con candados marcando un tiempo que, allí dentro, no pareciera acabar. Y sin embargo el guardia, como un Jesús de los desesperados, trae entre sus dedos la llave buscadora de expresiones superadoras, abre el candado, saca el pasador y la pesada puerta libera al día este; al que los pibes le robarán sus horas por gusto y antojo nomás de atravesarlo, por cuanto significa el acto de soltar los pájaros cautivos, por la calurosa sinfonía de seguir creciendo personalmente por encima del tiempo y espacio donde deben estar y permanecer. El sol se ve solamente en un mural que brinda la bienvenida a las aulas. Arriba, el cielo está teñido de gris.

Pero, aunque sea la cárcel un lugar visto por gran parte de la sociedad como poco acogedor, le quitamos la careta imaginaria, puesta desde el afuera. Acá empieza la historia, en el Área de Educación la Unidad VI de Jóvenes y Adultos del Servicio Penitenciario de Mendoza; en esa obstinada lucha ancestral de hacer algo por el prójimo, de retomar el hilo de acción hacia el futuro, hacia una libertad digna para los chicos de entre 18 a 21 años, quienes hoy son protagonistas de esta crónica. Lo hacen bajo un paradigma de reinserción social del penado -constituído en la Ley que rige el destino de las personas privadas de libertad y condenadas por la justicia penal (Ley 24.660) y amparado por la Constitución Nacional en su Artículo 18- intenta abrirse paso sobre todo ante los imaginarios colectivos excluyentes y estigmatizantes que circulan sobre el presidio y sus habitantes. 


¿Cómo dar una oportunidad entonces? Con lo único que conocemos, lo único que resulta: ese entramado de saberes, emociones y sobre todo de intercambios simbólicos que nos constituye: la cultura.

En el medio de varios espacios culturales (talleres de huerta, deporte, hip hop, música, capacitaciones laborales, teatro, murga, lectura fácil, periodismo y revista, producción de bienes, etc), la literatura viene construyendo un nexo de reintegración social en la cárcel mendocina desde el año 2008. Y en este 2020, por iniciativa de la escritora Viviana Baldo nació el "Taller Expresión y Arte" con la idea de unir la Literatura con la expresión desprendida desde los dibujos, a modo de secuencias que conformasen una historia, un cuento, la descripción de un suceso. Asi, Viviana integró a los participantes del "Taller Literario Letras con Alma" que se dicta en Maipú (Germán Monsálvez, Perla Lucero, Miriam Barbera, Sonia Brocchetto, Carmen Defelippe, Marta Saĺvi, Marilín Moyano, Elizabeth Huglich) a los participantes intramuros (Agustín, Rodrigo, Ángel, Facundo, Ricardo, Ramiro, Bruno, Jonathan, Gustavo, David, Ignacio, Samuel y Brian), todos jóvenes de entre 18 y 21 años.


Nació así, colaborativamente, bajo la conducción de Viviana, acompañada del escritor Lucio Albirosa (coordinador de “Literatura en Alas, un nexo de reintegración social”), la producción de una serie de cuentos con dibujos e ilustraciones de los jóvenes del taller “Expresión y Arte” de la Unidad VI del Penal de Mendoza, y textos de los participantes del taller literario “Letras con Alma” de Maipú. Estos cuentos son para chicos que recién se inician en la lectura y pueden ser abordados por niños con autismo, ya que se ha prestado mucha atención en los detalles del texto, la grafía, las expresiones de los personajes y los colores de los dibujos realizados. Así las palabras, las formas y los colores han creado lazos de cultura entre quienes escriben, quienes pintan y dan forma, y aquellos que leerán los cuentos. Aferrados a esos lazos, van todos ellos hacia la libertad, hacia el otro, hacia el nosotros; tan necesario para quienes buscan una nueva oportunidad. Es un acto subsanador y en favor de la sociedad.

Un dato no menor a tener en cuenta es que, este proyecto artístico cultural en particular, por sus características en el plano pedagógico con el que fue abordado, por los objetivos propuestos en el mismo y, principalmente por la finalidad de trascendencia a la que llega: es el primero que surge en el ámbito carcelario a nivel mundial.

El equipo

Conocimos a una parte del equipo docente y pedagógico que trabaja en la Unidad VI en el Área de Educación de la unidad carcelaria, a cargo de Edgardo Hernández; ellos son encargados de un seguimiento acorde a las exigencias que dicho proyecto conlleva y sus frutos son un logro colectivo que supieron alcanzar con esmero, dedicación y principalmente con la voluntad de realizar algo en favor de la comunidad. Lo hacen en una unidad de conceptos y en un trabajo de equipo con el personal de seguridad; como nos explica Laura, quien es parte de la Sección Educación del Complejo Penal.Todos en el equipo creen en este modelo de resocialización que ya viene dando muchos resultados desde que se instaló en la cárcel.

Aquí, el interno se puede "acercar a la cultura, la educación, tener la oportunidad de alfabetizarse, terminar el primario o el secundario y hasta el ingreso a la universidad"; según nos cuenta otra Laura, docente que transmite su compromiso y vocación desde muy adentro. En el Equipo General de la unidad, todos sus miembros coinciden en las causas que llevaron a los chicos hasta su celda actual: la falta de espacios educativos, laborales, la carencia de vínculos afectivos, el abandono y la ausencia de estímulos, entre tantos. Entonces se cargan, en ellos y en la institución, la propuesta de torcer esa realidad, de que es posible que los humanos nos ayudemos mediante la cultura y la educación, en un marco de respeto del otro y de todos. Nos dicen que han visto resultados y que confían en los chicos. La confianza es el brillo en sus ojos al soltar algunos de los tantos avances obtenidos en materia de Readaptación Social.


Sigue la charła. Emiliano, otro integrante del equipo docente, que además es psicólogo, refiere al proceso interno que registra en los jóvenes al pasar por las experiencias educativas; "Es como una revisión interna en proceso permanente, es encontrar dentro de cada uno un montón de espacios que son placenteros, descubrir capacidades positivas; y todo eso llevarlos a desear una libertad distinta, generando una posibilidad de estar bien consigo mismo primero, de crecer en la autoestima e imaginar futuros distintos a la cárcel o a la violencia."

En realidad, piensa el cronista, todos ellos y la institución apuestan en contra de un perverso sentido común que solo dedica maltrato y olvido para los que nacen en la desigualdad; apuestan a que los chicos pueden cambiar, si el Estado les acerca las herramientas culturales y afectivas necesarias. A esta altura uno puede sospechar que adentro, quizás, tengan las herramientas que les negaron afuera. Los espacios, los vínculos y la cultura.

Los chicos

Vienen despacio. Todos coinciden que acá el tiempo sobra. Son pibes, cargan sobre ellos sus errores, los reconocen cuando hablan y les  cargamos, además,  nuestra frustración como sociedad;  capaz por eso al principio la mirada hacia abajo, al piso. Hasta que llegamos al momento de hablar de los cuentos que ellos pintaron para los chicos, se iluminan las caras, tan fuertes como las palabras. “Sentimos que somos útiles para los otros, y más si son chicos los beneficiarios de esto que hacemos". Aparece el lazo de libertad, se conectan con los que escribieron los textos también, se han creado los lazos de libertad que perforan los muros. Todos quieren estar en la presentación en público que se llevará a cabo dentro de muy pronto, sueñan despiertos con estar ahí con la familia, con los otros co-autores de este trabajo en equipo y con la sociedad en general. Saben, entienden que esta nueva siembra es un fruto valioso para sus futuros y ya hace ruido extramuros.

¿Qué van a hacer cuando salgan? Contestan manera circular y de a uno: "Trabajar y estar con la familia"; "trabajar de lo que sea, lo que nos deje vivir una vida tranquila que no nos haga volver acá". "No volver a hacer las cagadas que nos dejaron acá." "Y si, claro que la escuela nos sirve, nos hace pasar el tiempo", "nos enseñan cosas que no sabíamos". No dicen que se sienten queridos por los docentes, pero se ven los vínculos fuertes que atan estas prácticas de compromiso y confianza mutua.

Antes de terminar, uno de los jóvenes cuenta una historia de afuera, protagonizada por él y en defensa de su hija, respetando los códigos de la calle; esos ajenos al Tribunal Superior de Justicia. Todos la escuchamos, la entendimos y nos asombró, como nos pasa cuando leemos la buena Literatura. ¿Escribamos historias entonces y las publicamos? Silencio, quizá la respuesta sea por escrito…

Fotos: José Román
Fuente: Zona Crítica Cuyo
Crédito: Prensa Servicio Penitenciario de Mendoza.

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