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sábado, 8 de abril de 2017

ACRÍLICOS, O LA VERSATILIDAD DE PEDRO BELLIDO

Salvador García Llanos


Cuando en junio de 2013 Pedro Bellido Camacho se estrenaba con una exposición individual de veinte cuadros en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, dijimos que, por fin, su vena artística circulaba a plenitud. “El punto de partida de un nuevo artista”, señalaba el crítico Celestino Hernández.

Tres años después, en mayo de 2016, el profesor Nicolás Rodríguez Munzenmaier, en la segunda exposición de Bellido, definía: “Es su paisaje y es suficiente”. Entonces, escribimos que el artista, “siempre apoyado por la esposa profesora y familiares que conocen de su vena pictórica, sabe que empieza a madurar, por lo que puede incursionar y proponerse nuevos horizontes que servirán, seguro, para descubrirse del todo”.

Y ahora, cuando se confirma aquella fluidez, cuando el camino emprendido revela las cualidades en su momento ponderadas, nos corresponde redescubrir la versatilidad de sus acrílicos, título de esta nueva exposición, elaborada con el esmero de siempre, apta para contrastar una sensible intuición para el color, acaso consecuente con aquella máxima de su maestro, el profesor Miguel Pérez Aguilera: “Plasma los colores y seguro que te salen las figuras”.

Nos van a permitir que expliquemos algunas ideas sobre la pintura acrílica, que está elaborada con pigmentos aglutinados con resinas sintéticas solubles en agua. De secado rápido. Cualquier pintura en la que el pigmento esté integrado en una resina sintética suele ser identificada como acrílica, bien es verdad que los artistas emplean el término independientemente de si la resina es verdaderamente acrílica o, por ejemplo, acetato de polivinilo. Como dijimos hace un momento, se caracteriza por proporcionar un secado rápido que no amarillea con el paso del tiempo. Es muy adaptable, nos ofrece las posibilidades de la acuarela si la diluimos con abundante agua, y los empastes del óleo si la utilizamos sin agua. Se puede trabajar sobre cualquier soporte absorbente, imprimado o sin imprimar. Permite empastes de mayor resistencia que el óleo, el cual tiende a cuartearse. La consistencia de la pintura acrílica es suave y mantecosa. El proceso de secado se puede retardar añadiendo glicerina o un producto específico.

Los expertos apuntan que es una pintura fuerte y flexible a la vez. Además de las tradicionales técnicas de pintura transparente, opaca y mixta, la acrílica se puede raspar, presionar, aplicarla en tubo para hacer ribetes, pulverizarla, arrojarla sobre el soporte, mezclarla con masilla para efectos de textura, e incluso trenzarla.

Pedro Bellido interpreta estas características para reafirmar su sensibilidad al paisaje, ya sea un no tan imaginario planeta ya una manifestación religiosa. La sobriedad cromática de la que hace gala en cualquiera de los formatos que presenta distingue su plasmación. Obsérvese, por ejemplo, ese Teide en el que combina los factores apuntados. Los cráteres de Timanfaya son de aguda vigorosidad. La placidez de los atardeceres envuelve las sensaciones apropiadas para quedarse. El autor que inició “El camino”, título de su bautismo pictórico, acredita el afán de autoexigencia perfeccionista que nos atrevimos a augurar.

Bellido, así, se mueve cómodo entre las atmósferas naturalistas y las mezclas figurativas para recrearse en algunas abstracciones y otras composiciones depuradas en acabado mate y uniforme. Reafirma, con texturas miscibles, la versatilidad de sus impresiones para impregnar de vitalismo sus obras y sus entornos.

Por eso, el artista sale en busca de su propio paisaje sin necesidad de reconciliar. Lo crea desde ópticas atrayentes e iridiscentes que terminan envueltas en un sutil y ordenado caleidoscopio polícromo.

Estos acrílicos revelan la versatilidad creativa de Pedro Bellido, ora pegado a la paisajística de su tierra natal ora a la naturaleza canaria que abrazó hace ya unos cuantos años ora a la realidad más cercana que ha visto evolucionar y crecer hasta sellarla con una estética creada para ser retenida. Es su visión personal, el cromatismo a su modo, la reflexión extraída de la concepción artística en la que, siguiendo a su preceptor, priman los colores con los que plasman los caminos que se dibujan entre el pasado de los recuerdos y el futuro de los sueños.

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