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sábado, 25 de marzo de 2017

LA «CIUDAD TURÍSTICA» Y «LA RANILLA»

Agustín Armas Hernández

Estén seguros los lectores que no hablaré de Chernobyl, la lejana ciudad de Ucrania, en Rusia, y de sus espantosos efluvios, eso es deber de «los verdes», sino sobre un lugarcito cercano y muy conocido en este Valle de la Orotava. En todas partes o comarcas del orbe terráqueo, existen rinconcitos pintorescos o privilegiados, y por ende muy visitados tanto por los exóticos turistas cuanto por los propios com paisanos. Lugares de encuentro y distracciones, de charlas y sorpresas agradables.

Pues bien, nuestro entrañable Puerto de la Cruz (antaño, «Puerto de Orotava»), siempre Marinero y agrícola, y hoy la «Ciudad turística» de Canarias; tan conocido y visitado por innumerables turistas, peninsulares y extranjeros, ha dejado ya de ser netamente marinero y agrícola, para convertirse en una población que vive casi exclusivamente del turismo. Los turistas (ya no se habla de peregrinos o romeros, como en otros tiempos) sin duda han traído, en estos 30 ó 40 años últimos, progresos y bienestar material a los portuenses, y obviamente a todas las siete islas. Pero, según enseña la sabiduría popular, no todo el monte es orégano, ni oro todo lo que reluce.
Cuando un famoso político de hace algunos años era ministro de Turismo, se decía como slogan: «España es diferente». Hoy día, por desgracia, ya no lo es tanto. Me refiero al terreno de la moral, pues en otras áreas todos nos alegramos de estar integrados plenamente en Europa; sí, la «vieja Europa», según expresan los americanos, admirando su antigua cultura y protagonismo en la historia del mundo. No le echemos toda la culpa a los extranjeros, pues somos suficientemente malos para romper todas las trabas y barreras. Lo cierto es que desde entonces se han, introducido en Canarias y en toda la nación modas y costumbres muy distantes de la moral tradicional, muchos se alegrarán de que se hayan roto todos los tabúes, pero recuerden por la historia, «maestra de la vida», que cuando en una nación! o reino se disuelven todas las leyes de la moralidad, sobre viene entonces la ruina de ese estado o imperio; según, nos enseña el filósofo Platón, por este motivo, la corrupción moral, llegó la destrucción de la Atlántida con sus atlantes. Y recordemos que creyendo a los eruditos, estos «siete peñones» son resto de ese continente hundido en tiempos del diluvio universal. Los ancianos recuerdan aquella honestidad de costumbres, rayando en lo tímido y lo pudoroso, y lamentan la presente perversión. Los jóvenes piensan que todo era cazurrería, hipocresía y asunto de mojigatos. 
Yo, que ahora tengo algunos años, querría permanecer equilibrado entre ambas. Lamento esta corrupción moral que acarreará pronto su castigo; pero también me alegro del progreso reciente y, en nuestro centro de estudios, me pongo al día sobre todo lo actual y novedoso. Para que no me consideren demasiado pesimista, no quiero insistir en que se ha perdido el amor al prójimo, la honestidad y la vergüenza. Cualquier persona inteligente lo reconoce. Vengamos por fin a «la Ranilla», la popular calle portuense, ¿quién no conoce en la isla este ranillero barrio marinero? mejor dicho, que era marinero, pues dejó de serlo. Claro que si por causas imprevistas, o «muy previstas para algunos», cesan los simpáticos turistas, ¿qué harían mis queridos convecinos?, ¿volverían a ser marineros y auténticos ranilleros, como nuestros padres y abuelos? Dejó esta calle de ser popular y bulliciosa, lo que atraía mucho a los visitantes, igual que la amabilidad y simpatía de la gente. 
¡Aunque reconozco, en gracia a la sinceridad, que no todos los nacidos en ese barrio somos simpáticos! ¿Por qué ha venido la decadencia al famoso barrio de la Ranilla?, ¿será por haberse cerrado muchas calles al tráfico rodado, para convertirlas en peatonales? Eso por supuesto, pero creo, más bien, que fue por falta de viviendas. Muchas familias han tenido que trasladarse a otros barrios, dejando huérfana y solitaria esa popular calle portuense. ¿Conciben Vds. marineros, que no estén contactando siempre con el mar?, y Con este mar muy bravo y alterado frecuentemente, en el norte de la isla. ¿Volverán de nuevo el bullicio y la alegría a la Ranilla? ¿Será solamente un sueño, una ilusión? Sería un hecho, si los ediles municipales creyesen conveniente promover, para ellos, la construcción en ese barrio de bloques de viviendas junto al muelle pesquero, produciría la vuelta a casa de muchos marineros del citado barrio. ¡Qué en estas próximas fiestas en honor al Gran Poder de Dios y de la Virgen del Carmen, sean el preludio y comienzo de tan grata noticia!

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