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sábado, 24 de octubre de 2015

A MANUEL ÁLVAREZ MÉNDEZ


Isidro Pérez Brito                                  

(EL MARQUÉS)

Su infancia transcurrió por el ingenio y la picardía de unos tiempos de inmensa carestía.

La influencia de su abuela marcó el caminito que desde pequeño eligió sin saberlo, lleno de conocimiento y respeto basado en la propia tierra.

Doña Juana la Madroñera, la buena curandera, nunca escondió al nieto su sabiduría.

Salía cada semana en busca de las yerbitas junto a él, subiendo barrancos, bajando veredas, recolectando las matitas con sus hojas, sus flores y raíces, que debidamente tratadas sanaban desde una erisipela hasta un mal de estómago.

Don Manuel fue un niño de su tiempo, pelotas de badana y dedos rotos, curioso aventurero de pies descalzos que le echaba imaginación a las penurias gastronómicas, usando a veces el bastón del abuelo para jalar las sabrosas manzanas encerradas para la ocasión en el cuarto de aperos y agenciarse unos cuantos kilos, afanando con nocturnidad y alevosía los frutos prohibidos del agro Edén.

Esas cholas nunca pagadas de la Montaña, que tras probarse le dieron tan fuerte retortijón de barriga, tirándose al suelo ante el asustado ventero a quien le dijo que la única manera de apaciguar tremenda molestia era corriendo,… y vaya si corrió, porque nunca volvió a recoger las lonas viejas y mucho menos a pagarle las nuevas.

-“Cosas de chicos”, decía con cierto aire de culpabilidad.

Desde su Palo Blanco natal y su Piñera del alma , nos aconsejó sobre el uso de las yerbitas canarias : El oroval para la barriga y las úlceras de estómago , el culantrillo para la resaca , la hierba luisa para los nervios ( sin mucho abuso por parte de los hombres , ya que afloja los bajos) , la tonática para el corazón y el cáncer , las hojas del nogal para sus partes, el poleo para el gripón y  para la piel  el áloe vera o la penquita , como la llamaba doña Juana . Estas son entre otras las matitas que nos recomendó en su apartado en el programa de Radio Realejos Norte, Despertar Canario.

….Y aunque no lo veamos yo sé que está ahí , cuando llego en la mañana temprano y me parece escuchar como tienta con las manos la fruta de su puesto , separando la que ya no está bien de las mejores para que sus clientes se lleven  . Y luego cuando siento su presencia al lado mío en “Tamaragua”, un día sí y el otro también.

Yo no olvido amigo que tú eres lo más grande para todos nosotros, y aunque no estés físicamente, espero que desde el cielo, sigas ocupando el lugar que te corresponde, esa silla de la radio, como esa otra que tendrás para siempre en nuestros corazones, con esa sonrisa siempre afable de pillín, esa que mostrabas ampliamente cuando decías uno de tus cuentos que tanto nos hacían reír los miércoles o los sábados por la mañana con tu gran amigo Ramón García desde la Sabinosa querida de la isla de El Hierro.

Alguien me dijo un día que parecía el lazarillo del Marqués, siempre dejando mi brazo para que él lo agarrara, pero en realidad era al contrario. Manolo nos hizo ver a todos muchas cosas que a pesar de tener ojos no percibíamos, quizás porque él las veía con el alma, como dice Ramón.

Siempre nos trató con delicadeza, no hizo distinciones con nadie, terminando sus intervenciones con un gesto de modestia muy poco frecuente: “-…perdónenme ustedes si en algo he ofendido, pero esa no era mi intención”.

Pronto nos acostumbramos mi querida esposa Goretty y yo  a la suave manera de hablarnos, a su forma tan atenta de escuchar a Lali, Isidro, Ramón, Agomar , Natividad, Rosa, Diego, Julia, Jesús, Petra, Agustín, Pepe, Juan, etc. …, todos ellos integrantes de una idea común: el conocimiento y el amor a los valores de nuestra tierra canaria y su gente.

Nunca le dije que lo quería como a un padre, ni le di suficientes veces las gracias por los consejos que me dio. Por eso a través de este ramo de palabras como rosas rojas del más puro color, quiero decirle a ese caballero socialista de los de verdad, que sus palabras nunca morirán porque siempre estarán en la memoria de los suyos, de sus amigos, de su querida esposa e hijos.

…Todos los recuerdos se arremolinarán en torno a nuestras vidas para con el hálito de tu voz repetida, saltar a la eternidad y encontrarte en ese alisio viajero, convertirte en lluvia horizontal o naufragar entre cangrejos ciegos o jameítos en el océano límpido de los corazones de los que rezando por ti estamos…

Porque siempre vivirás en nosotros amigo Marqués. Su querida amiga Lali González le dedicó estas sentidas palabras.

El Marqués era especial;
siempre con su sonrisa puesta.
Sus chistes y ocurrencias,
sus voladas y buen humor,
compartidas desde El Hierro
con su gran amigo Ramón.
Foro de sabiduría que sólo,
retiene la gente mayor.
Para ayudar al prójimo
estaba siempre dispuesto,
explicaba sus remedios
para los males calmar,
y si esto no les aliviaba,
al médico a consultar.
Yo entiendo sólo de hierbas,
el médico tiene que curar.
Terminaba sus tertulias
diciendo siempre lo mismo:
“Perdónenme por favor
si en algo he ofendido”.
Isidro sonriente contestaba,
“no se preocupe don Manuel
que por decir la verdad
nadie se puede ofender”.
Te fuiste querido amigo,
lo hiciste sin avisar,
los que aquí quedamos
no te vamos a olvidar,
porque Manuel el Marqués,
…eres un ser muy especial.

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