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sábado, 11 de octubre de 2014

SIN ALUMBRADO PÚBLICO

Salvador García Llanos
La zona alta del municipio sigue sufriendo problemas de deficiencias en los servicios públicos. Hace unos meses, recordemos, el suministro de agua potable fue irregular y riesgoso, aunque la población aguantara tres semanas con ánimo estoico y sin mayor alarde que una manifestación de apenas quinientas personas cuando la población afectada superaba los diez mil habitantes. La empresa concesionaria y el propio Ayuntamiento se las vieron y desearon, si bien al final encontraron una solución cuyas repercusiones económicas se conocerán algún día. Porque alguien tendrá que pagar, no nos engañemos.
Ahora es La Vera la que padece la interrupción del servicio de suministro de energía eléctrica. Desde la alcaldía han justificado la consecuencia de una obsolescencia del sistema y de una avería que ya está en vías de solución. Bien. ¿Pero por qué no se informó con previsión, por qué no fueron advertidos los vecinos de que era necesario proceder a cortes graduales hasta que el suministro quedara repuesto con garantías?
Es lo inexplicable. Así, varios días a oscuras -siete, según información periodística- para desplazarse o para dejar los residuos sólidos en los contenedores ayudados por linternas y embutidos en chalecos reflectantes. Y hasta murió una cabra atropellada de las dos que escaparon de una finca de los alrededores.  Pónganse en lo peor si se hubieran registrado víctimas personales.
Que los vecinos afectados se sientan abandonados, aunque parezca exagerado, es normal. Cuando se prolonga una situación anómala, una falta de cobertura en la prestación de un servicio básico, es consecuente el malestar. Se supone que constatada la deficiencia y contrastados los riesgos para la integridad física, era necesario informar y prevenir. Y miren que hay sistemas o dispositivos para hacerlo.

Pero no: siete días sin alumbrado público y con apenas tardías explicaciones para justificar el corte. Claro que sí: razones para quejarse. Pero en este Puerto, ya se sabe: como si de indolencia o anestesia colectiva se tratase. 

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