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viernes, 31 de octubre de 2014

JUAN BETHENCOURT ALFONSO. LA VISIÓN DE LA MUERTE EN LOS REALEJOS DURANTE EL SIGLO XIX.

Javier Lima Estévez
Hasta fechas recientes, la obra de Juan Bethencourt Alfonso (1847-1913) había pasado inadvertida, a pesar de que el mismo fue precursor de los estudios folklóricos, etnográficos y antropológicos en Canarias. La recuperación de su figura es en buena medida resultado de la incansable labor desarrollada por el profesor de Historia de América de la ULL, Manuel A. Fariña González, quien se ha encargado de estudiar su obra, siendo notable muestra de ello la publicación de La Historia del Pueblo Guanche o Costumbres populares canarias de nacimiento, matrimonio y muerte.
El respeto por los muertos es un tema que aparece en multitud de ocasiones en la obra de Bethencourt Alfonso, exponiéndose toda una serie de creencias relativas a las apariciones, así como ánimas en pena, fantasmas, etc., y a qué causas se atribuían las mismas, así como los medios para librarse de ellas. Un ejemplo lo podemos ver en las siguientes líneas: "En el Camino Nuevo, sale toda las noches a las 12 en punto el Diablo, con figura de buey, echando fuego por las astas. También es muy frecuente encontrar a mitad de este camino una talla que es una bruja disfrazada ¡Desgraciado del que la toca! En el acto se aparece el Diablo capitaneando un rancho de brujas". A este hecho se añade otro referente a uno de los grandes centros religioso del municipio, pues "aseguraba mucha gente que en el convento de San Agustín se aparece casi todas las noches, a las 12 en punto, los frailes que fueron enterrados en el mismo convento, pero debajo de la escalera principal del mismo lugar también se oyen a las 12 en punto de la noche, los lamentos y quejidos de un alma en pena, como si fueran de una persona que estuviera agonizando y donde nadie puede acercarse con luz porque se la apagan. Parece que en tiempos pasados, la maestra pública encerró en el osario del convento a una niña (pues en ese convento estuvo la escuela de niñas) que encontraron muerta cuando quisieron levantarle el castigo. Muerta la maestra y condenada su alma, viene todas las noches a penar debajo de la escalera".
En torno a la idea de culto y respeto a los muertos se llega a señalar además cómo "hay enfermedades que consisten en alguna ánima que le persigue al enfermo; o lo que es mejor, que el ánima de algún muerto que le quería mal, o bien que debía alguna promesa, se le mete en el cuerpo, para mortificarlo en el primer caso, y para obligarlo en el segundo a que influya para que su familia cumpla la promesa (por ejemplo el alma de la abuela, etc)".
No se deja de lado la cuestión de cómo protegerse de los muertos, pues "si un individuo tiene miedo a los muertos, y quiere ponerse a cubierto de alguno que muera, basta que le pase por encima de un brinco, cuando esté de cuerpo presente". Cuando uno además busca una cosa que se ha perdido y no la encuentra puede decir: "el alma de D. Jacinto me repare" asegurándose que mediante esta fórmula, el objeto desaparecido aparecería enseguida.
Otra de las aportaciones tratará sobre la creencia relativa a los muertos, pues se recordaba como "en el día de los finados, cada mujer enciende en la iglesia tantas velitas como individuos de una familia hayan muerto, fijándolas sobre el pavimento cerca del punto en que se sienta; y por la noche dejan encendidas en sus casas igual número de candelillas. Para esta noche acostumbran los monaguillos y demás empleados de la Iglesia hacer una cena, con todas las castañas, frutas y demás regalos que han podido reunir en los días anteriores, pidiendo de casa en casa. Concluida la cena, le quitan a San Miguel el diablo que tiene a los pies, le atan una cuerda al cuello y le arrastran con piedad salvaje por toda la iglesia".

En definitiva, hemos visto una ínfima parte del trabajo de un amante del Archipiélago Canario que supo plasmar de forma brillante su interés por los estudios etnográficos, arqueológicos e históricos. Una figura demasiado tiempo olvidada e injustamente desconocida. Un hombre que estuvo plenamente al servicio de su Tierra y una Tierra que injustamente lo olvidó durante mucho tiempo.

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