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sábado, 23 de diciembre de 2017

EL DÍA DIEZ DE DICIEMBRE, SE CUMPLIERON, CIENTO QUINCE AÑOS DEL NATALICIO DE LA POETISA CUBANA DULCE MARÍA LOYNAZ. POR TAL MOTIVO TRAEMOS, COMO RECUERDO DE SU VIDA Y DE SU OBRA LITERARIA, LO QUE YA ESCRIBÍERA, AÑOS ATRÁS, CUANDO SE CUMPLIO SU CENTENARIO…

Agustín Armas Hernández

“Como yo soy criatura de islas, acontéceme que pienso mucho en ellas”

(Dulce María Loynaz)

PASADA la fecha en la que se cumplían los cien años del nacimiento de la más universal de las escritoras cubanas del siglo XX, Dulce María Loynaz, quiero expresar mi agrado por los estupendos actos que a lo largo del año 2002 se celebraron, en su honor, en la Isla de Tenerife. A muchos de ellos tuve acceso, sobre todo a los que se programaron en la Cuidad Turística de Puerto de la Cruz. En el Casino Taoro y sus jardines, en la Casa de la Aduana, en el instituto de Estudios Hispánicos, en los Jardines del Sitio Libre, en el Castillo de San Felipe, en la Sala de Caja Canarias, etc. Estos fueron los principales lugares donde se llevaron a efecto la mayoría de los actos conmemorativos de tan importante efeméride.

Nos aconseja San Agustín: “Si no tuenes amigos, búscalos”. ¡Qué difícil es hoy en día, con las prisas y ambiciones, conseguir y tener buenos y santos amigos! Amigos con los que poder hablar y en los cuales confiar. El hombre es un ser racional que necesita comunicarse y relacionarse con sus semejantes. De no ser así se embrutece y se deprime, llegando a padecer algunas dolencias psíquicas, o séase, afecciones del alma, como son la nostalgia, la soledad y la tristeza, causantes de tantas angustias.

Yo me pregunto: ¿tenía e hizo amigos la poetisa Dulce María Loynaz en las cuatro ocasiones en las que visitó Las Islas Canarias, sobretodo en Tenerife y, más concretamente, en el Puerto de la Cruz, donde  solía hospedarse? Es obvio que sí, los tenía y los tiene, muchos y muy buenos. Baste leer su libro “Un verano en Tenerife” para saber de sus amigos de aquel entonces. También los de ahora han seguido el proceso de homenaje que en su honor se han venido celebrando a lo largo de estos últimos años, todavía en vida. Y principalmente, los acontecidos en la fecha del centenario  de su natalicio.


En el mencionado libro quedaron impresos los nombres de algunos de aquellos amigos y familias con las que estuvo relacionada y pasó amenas y gratas veladas la poetisa. Germán Reimer y Emilia Suárez, Celestino González y María Candelaria Reimer, Francisco Bonnín y Luisa Miranda, Isidoro Luz y Magdalena Cullen, Juan Machado, María Rosa Alonso, etc., fueron algunas de las muchas familias y amigos que acogieron y agasajaron a la culta poetisa cubana cuando venía de visita a Tenerife.

Dulce María era una mujer buena, de sensible corazón y muy caritativa, suficientes razones para qua los portuenses, la tuviéramos y la sigamos teniendo como amiga a pesar del tiempo transcurrido desde su última visita. No obstante, dos hechos principales se daban para que la quisiéramos y la respetáramos. Por un lado el afecto que le tenía el pueblo y, por el otro y sobre todo, la devoción, que junto a los lugareños, le profesaba a la Virgen de la Peña de Francia, excelsa patrona a la que había regalado un manto confeccionado en Cuba por monjas conventuales de su país. El dicho manto tiene bordados, con finos hilos y entre claveles españoles y flores cubanas, los escudos de Cuba y Puerto de la Cruz.

En cuatro ocasiones estuvo en Tenerife Dulce María Loynaz. Por primera Vez en 1947,  unos días después de haber contraído matrimonio en segundas nupcias con el periodista de origen canario Pablo Álvarez de Cañas. Con anterioridad había estado casada con su primo Enrique de Quesada y Loynaz, matrimonio celebrado el 16 de diciembre de 1937. Ese primer viaje de Dulce María Loynaz y Pablo de Cañas a las Islas Canarias, además de para pasar la luna de miel era para que Loynaz conociera la tierra, los familiares y los amigos del esposo. En 1951 viajó de nuevo desde Madrid a Tenerife, después de que en la capital de España presentara su novela “Jardín”. Aprovechando esa ocasión, en el Puerto de la Cruz, donde ya se apreciaba, se le concede el título de Hija Adoptiva. Dicho galardón le fue entregado en una fiesta homenaje efectuada en el gran Hotel Taoro. En 1953, después de tener acogida en su casa de Cuba “El Vedado” a la poetisa chilena Gabriela Mistral, decidió, por tercera vez, volver a Tenerife a descansar e impartir conferencias. En 1958, cuando  terminó de presentar en la Península Ibérica su libro “Un verano en Tenerife”, obra literaria que tanto bien ha hecho cultural y turísticamente a Tenerife, dio su último adiós a estas Islas, sin ella desearlo ni saberlo.


Pero… ¿supo de nostalgias, soledades y tristezas la intelectual y delicada escritora Dulce María Loynaz cuando regresó del que sería (por circunstancias ajenas a su voluntad pero que se pueden entender) su última visita a Canarias, ya en casa de Cuba? Es obvio que sí. Amaba a estas Islas, sobre todo a Tenerife y, en concreto, al Puerto de la Cruz. Pueblecito que en aquel entonces (década de los 40)  era pintoresco y recoleto, de casitas blancas y tejados rojos, que olía a yodo y a algas marinas. ¿Quién no siente nostalgia por aquel nuestro pueblito y aquellos años idos?

Veamos a continuación parte de una estrofa de un bonito poema que la genial poetisa dedicó a un querido amigo y distinguido pintor acuarelista, Francisco Bonnín. En la queda clara la nostalgia que sentía Dulce María por estas Islas y por sus bonitas rosas. “Hoy, cuando estoy lejos, cuando pienso en las Islas, veo primero que nada sus rosas, se quedaron para siempre en mi memoria… Ellas, como la tierra que las sustentaban, conservaron siempre su prestigio de presencia milagrosa…”.  Nostalgias muchas otras habrá tenido. Ahora entendemos sus soledades que, entre las vicisitudes de la vida, entristecieron a la lúcida escritora originaria de las Perla de las Antillas. En 1961, su esposo Pablo viaja al extranjero, permaneciendo fuera de Cuba varios años, regresando en 1972. En 1963 fallece en La Habana su padre, el general del ejército libertador Enrique Loynaz del Castillo. Tres años más tarde, o séase en 1966, deja de existir su hermano el notable poeta Enrique Loynaz Muñoz. Dos años después del reencuentro, en 1974, fallece su cónyuge después de transcurridos 28 años de enlace matrimonial. Once años después, el 18 de agosto de 1977, deja este mundo su otro hermano varón, Carlos Manuel, poeta y compositor de  obra inédita. Y por último, y ya está bien de soledades y sufrimientos, el 22 de junio de 1986 expira la más joven de la saga hermanos Loynaz, su hermana. Flor, al igual, poetisa inédita.

Se podría escribir mucho sobre la persona y obra literaria de Dulce María Loynaz, como así lo han hecho distinguidos y doctos escritores, mas no es el objeto de este mi escrito. No obstante, me intriga la respuesta a la pregunta que le hicieron a la distinguida escritora, cuando se disponía a volar a Madrid para recoger el Premio Cervantes de Literatura en 1992. Se le preguntó: -¿Va usted Dulce María a pasar por Tenerife, la isla donde paso su luna de miel al contraer matrimonio con el que fuera su difunto esposo Pablo Álvarez, Isla que usted quiso tanto y la cual le inspiró “Un verano en Tenerife”? Contesta la gentil dama: - No iré por dos principales razones. -¿Cuáles?


-Primero, porque mi médico me lo desaconseja, mi salud no es buena. Viajar mucho tiempo en avión para mi cansado corazón no es aconsejable. Y, en segundo lugar, porque los canarios en general y los tinerfeños en particular, no acogieron como se merecía en su día mi libro “Un verano en Tenerife”, hecho por una mujer enamorada. ¡Sin duda enamorada de Pablo y de la Isla!

Cabe una reflexión por nuestra parte: ¿tuvo en cuenta la intelectual y, en aquel entonces, joven señora, las circunstancias adversas por las que estábamos pasando los canarios y los españoles, a pocos años de haber salido de nuestra guerra civil? Los medios de difusión no eran suficientes; sólo el periódico y, no todos, podían comprarlo. Empezaba la radio, estaba en ciernes y la televisión no existía. La cultura era, más bien pobre y rústica; acrecentándose entre las personas más desfavorecidas. Por lo tanto, propagar y hablar de libros y actos culturales casi era imposible, cuando sobrevivir era un milagro. ¿Entonces por qué se decepcionó tanto Dulce María? Razones habrá tenido para ello. Por mi parte, creo que su desilusión fue alarma infundada, creada quizás por aquellos primeros amigos íntimos que no supieron comunicarle con suficiente afecto la grandeza y belleza literaria de aquella obra considerada por ella como el mejor de los trabajos salido de su intelecto literario.

Si la más famosa escritora cubana del siglo XX pasó por tragos amargos, como la desaparición de sus seres queridos, a lo largo de su dilatada existencia, 95 años (1902-1997), al igual, supo de grandes alegrías y estupendos éxitos literarios. Señalemos algunos de esos éxitos que la catapultaron a la fama, obteniendo premios y homenajes fuera y dentro de España. Helos a continuación cronológicamente. En 1919 aparecen en el periódico habanero “La Nación” sus primeros poemas publicados: “Vesperal” e “Invierno”. En 1938 se publica en la Habana la primera edición de su libro “Versos”. En 1944 el Colegio de Abogados de Cuba le otorga la Orden González Lamaza, que se  concede a juristas distinguidos. En 1947, después de publicar en Madrid si libro “juegos de agua”, es condecorada en España con la cruz de Alfonso X el Sabio. El acto contó con la presencia de las más destacadas personalidades de la intelectualidad española. En 1948 la Asociación Internacional de Poesía con sede en Roma la nombre miembro de honor. En 1951 se publica en Madrid su novela “Jardín” y es nombrada Hija Adoptiva del Puerto de la Cruz. En ese mismo año, en Madrid, es nombrada miembro del jurado calificación de la Exposición Bienal Hispanoamericana de Arte. En 1953 publica en España “Poemas sin nombre” y “Carta de amor al rey Tuk-Ank- Amen”. Además, las escritoras españolas residentes en Madrid le rinden un homenaje con motivo del éxito alcanzado por “Poemas sin nombre” y la Real Academia Gallega celebra una sección en su honor. En 1958 viaja a España y publica en Madrid su libro “Un verano en Tenerife” y el largo poema “Últimos días de una casa”. En 1981 es condecorada con la distinción “Por la cultura Nacional”, que otorga el Ministerio de Cultura de Cuba. En 1984 la Real Academia de Lengua Española la nomina como candidata al Premio  Miguel de Cervantes. En 1986 preside en la Sala Rubén Martínez Villena de UNEAC, un acto de homenaje al desaparecido poeta español Federico García Lorca, quien fuera su amigo y que tantas veces se hospedara en su casa de Cuba. En 1987 es nominada candidata al Premio Miguel de Cervantes a propuesta de la Academia Cubana de la Lengua. En ese mismo año el Ballet Nacional de Cuba estrena el ballet Jardín, inspirado en su novela homónima. El 24 de abril de 1989 es proclamada Miembro emérito de la Unión de escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). En 1990 le es otorgada  la Orden de Jovellanos de Asociaciones Asturianas de Cuba. El 25 de enero de 1991 integra la presidencia del acto inaugural del ciclo de conferencias “Las vanguardias artísticas españolas de América”, auspiciadas por la Embajada de España en Cuba, la Universidad de la Habana y la Unión de Escritores y Artistas en Cuba. Además se le adjudica en España el Premio de Periodismo “Doña Isabel la Católica” por su ensayo “El ultimo rosario de la reina”, el cual publicó en el periódico ABC. Asimismo, la Universidad de la Habana le concede el título de Doctora Honoris Causa en Letras, Y, por sus éxitos literarios, el 5 de noviembre de 1992 es galardonada con la más alta condecoración de la lengua, el Premio Miguel de Cervantes, conferido por el reino español. Ese mismo año el Gobierno de Canarias reedita si libro de viajes “Un verano en Tenerife”. En 1993 Dulce María Loynaz recoge en la Universidad de Alcalá de Henares en Madrid el Premio Cervantes 1992, entregado por el Rey de España Juan Carlos I. en 1994, muchísimos premios y homenajes para Dulce María Loynaz y comienzo de reconciliación con los canarios. La galardonada y sensible poetisa recibe en su casa “El Vedado” la visita del presidente del Gobierno de Canarias Manuel Hermoso, quien le agradece su obra literaria sobre Canarias. Dos años más tarde, es decir, en 1996, el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz nomina el mirador de Atalaya del Parque Taoro con el nombre de Dulce María Loynaz, idea expresada por el profesor José Javier Hernández. El 27 de abril de 1997 deja este mundo la universal escritora cubana del siglo XX Dulce María Loynaz.


Si la gran dama de letras cubanas no volvió más, en vida, a Tenerife desde 1958, hoy se puede decir que ha vuelto en otro plano o dimensión: ha regresado la hija pródiga y, como tal, su segunda patria Tenerife le colma de regalos en forma de actos culturales ofrecidos en su honor. Veamos por fin algunos acontecimientos que después de fallecida se desarrollaron en el centenario de su natalicio. No sin antes  decirles que entre los años 1998 y 2001 ocurrieron estas otras celebraciones, también en honor a la culta escritora habanera. En 1989 el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz edita los libros “Juegos de agua” y “El Puerto de la Cruz y Dulce María Loynaz”, el Grupo Liberal del Parlamento Europeo en el año 2000 editó el libro de Virgilio López Lemus sobre la vida y obra de Dulce María Loynaz: “Una cubana universal”.

Hasta aquí y a groso modo lo acontecido antes de la celebración de centenario de su natalicio. Entremos ahora de lleno en los acontecimientos de estas fechas. Caja Canarias en el 2001 editó una antología cultural sobre la obra de Dulce María Loynaz con ocasión de su natalicio. Este mismo año el Grupo Liberal de Parlamento Europeo edita el libro “La bella durmiente de Cuba”, de la escritora Hortensia Viñez. El Ayuntamiento de la Orotava acuerda dominar una calla a favor de Dulce María. En marzo se iniciaron las Jornadas Cultural Primavera Eterna en el Jardín por el centenario de la escritora. Pero fue para mí y creo que también para todos los canarios el año 2002 cuando se cumplía la fecha del natalicio, un año lleno de estupendos y maravillosos eventos culturales que nos llenaron de satisfacción y de agrado por el buen y bien hacer de los organizadores y de cuantos organismos apoyaron esta serie de actos conmemorativos.

Seguidamente analizaremos, como recta final, aquellos estupendos e interesantes actos que se desarrollaron en el 2002, año en el que se cumplía el natalicio de la brillante escritora, amante de estos peñascos. La Coordinadora Canario-Cubana por su obra “Jardín” organizó diversos actos de homenaje en Bruselas, Berlín, Madrid, Estados Unidos, México y otros países Latinoamericanos, así como en Tenerife, la Palma y en diversas provincias de Cuba. El Gobierno de Canarias presentó en la Feria Internacional del Libro de la Habana, la segunda edición canaria del libro de viaje “Un verano en Tenerife”. El Grupo Liberal del Parlamento Europeo editó el libro de poemas “Cuando se quiebra el silencio” escrito por la portuense Elsie Ribal en homenaje al Dulce María Loynaz. El Ayuntamiento de La Orotava decide reeditar en Canarias “La voz del silencio” de Ana Cabrera. El Grupo Liberal del Parlamento Europeo publica el libro poemas “Sobre la palabra y sus silencios”, escrito por el profesor José Javier Hernández. Y, para culminar todos estos actos, nos visitó una delegación de personalidades y artistas cubanos que nos maravillaron. Citemos algunos de los intervinientes en los actos de homenajes a Dulce María Loynaz en el Puerto de la Cruz. El 27 de noviembre expuso en el Castillo de San Felipe su colección pictórica la artista Carmen Mir Adorna. Sus cuadros están inspirados en el libro de Dulce María “Jardín”. En este mismo recinto de San Felipe actuaron los pianistas, también cubanos, Othoniel Rodríguez y el maestro Huberal Herrera, quienes desplegaron un gran talento interpretativo en las obras de F. Chapín, Frank Lizth y especialmente el repertorio pianístico de Ernesto Lecuona, el más universal músico cubano de todos los tiempos, al cual se le dedicó un magistral concierto de homenaje para recordar su fallecimiento en Tenerife, hace 39 años. 52 en 2016,


Reproduzcamos aquí un fragmento de un largo escrito publicado en Cuba sobre los actos programados en Canarias en el centenario del natalicio de la inolvidable escritora. Lo envía a un amigo el escritor Marcelo Fajardo de Cárdenas. Veámoslo: “El punto culminante de estos festejos en Tenerife tuvo lugar en horas del mediodía del sábado 30 de noviembre en el Casino Taoro cuando se desveló el primer busto en bronce de quien legó paginas imborrables en los poemarios “Juegos de agua” y “Versos” y en la novela “Jardín”. El alcalde y personalidades del Ayuntamiento y de cultura canaria, familiares de Pablo Álvarez de Cañas, el esposo de Dulce María, y un nutrido público portuense, asistieron a esta ceremonia para contemplar este primer busto de la poetisa fundido en bronce en Canarias, obra del joven escultor cubano Carlos Enrique Prado, y que perpetuará a Dulce María en la tierra canaria sostenida por un basamento de piedra volcánica y con la mirada hacia las Américas. El busto fue cubierto con la bandera de cuba y lo desvelaron el alcalde del Puerto de la Cruz y el cónsul de Cuba en Canarias, Mario García. La emotiva ceremonia fue coronada con el vuelo de cien palomas que revolotearon en el hermoso Parque Taoro mientras la cantante cubana Milada Milhet estrenaba la canción “Mi canto al viento”, con textos del poema “Divagación” de la Loynaz y música de M. Fajardo

En ese emotivo acto se encontraba también presente el alma máter de estos inolvidables acontecimientos culturales que perpetuarán, para siempre, la presencia de Loynaz en el Puerto de la Cruz: el eurodiputado Isidoro Sánchez, presidente de la Coordinadora Canario-Cubana organizadora de estos importantísimos eventos. A él y a cuantas personas y organismos culturales lo hicieron posible, por todo ello muchas gracias”.

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