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lunes, 23 de septiembre de 2013

PERIPLO, ALGO QUE CONTAR

Salvador García Llanos

Un Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras. Eso es Periplo. La primera edición ya está en marcha. En tiempos de crisis, hay que congratularse de que la ciudad acoja una convocatoria singular, concebida con una estructura innovadora y que tiene mucho de experimental. Tanto, como que la declaración de principios suena muy bien pues a ella “se incorporan todos los formatos capaces de recoger y comunicar la experiencia transformadora de un viaje”. En esos mismos tiempos de penurias, hay que felicitarse también de que la concejala-delegada de Cultura, Verónica Rodríguez, no solo se empeñe en rescatar Mueca -lo hizo, además, con éxito- sino que haga cristalizar ideas como las que entraña Periplo, que nos sacan de cierto marasmo y del inmovilismo que atenaza a los portuenses.

          Dicen los mentores que la iniciativa “surge con vocación de ser un actor de esta modalidad”, la literatura de viajes, en auténtico estado de efervescencia que se expresa, en efecto, en otros lenguajes artísticos, como el cine, el teatro o la música. La ciudad, con su indeclinable vocación turística, sabe bastante de eso: lleva decenas de años siendo un rompeolas de multiculturalidad y hasta fuente de inspiración de quienes hallan en el destino vacacional escogido situaciones de todo tipo con las que amenizar y enriquecer su preferencia.

          El Puerto es el escenario ideal para un festival de estas características que nace, además, con afanes participativos, el mejor método para que la población nativa se identifique y lo haga suyo, lo cultive, lo haga crecer hasta terminar convirtiéndolo en una de las principales citas del calendario. Lo primero que cabe desear es eso, larga vida: han sido tantas las iniciativas, los espectáculos y los festivales que en la ciudad han nacido y fenecido, que ojalá las ediciones de Periplo se sucedan hasta madurar, siempre con un claro espíritu de superación. Por fortuna, la concurrencia de instituciones públicas, de organismos y del sector privado hace vislumbrar un horizonte esperanzador. Desde luego, hay que estimar, en toda su valía, que pequeñas y medianas empresas apuesten por la cultura. Cualquiera sabe si con el tiempo se convierte en uno de esos dos o tres grandes eventos anuales que, como hemos dicho en otras ocasiones, distinguen y cualifican la ciudad y su destino turístico.

Es un festival, en definitiva, que puede incorporar, en cualquier momento, las impresiones y los testimonios de cuantos viajaron para imaginar y para aprender. Algo que contar, ha de convertirse en un aforismo para lucir la convocatoria. Todas esas ideas, efectivamente, se pueden plasmar de muy distintas maneras, de modo que ese abanico de opciones, con títulos sugerentes, en espacios naturales o convenientemente ambientados, tiene que impulsar un pletórico desarrollo de la iniciativa.

Feliz nacimiento, Periplo. Bienvenido.

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