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jueves, 24 de abril de 2014

FRAY AGUSTÍN DE VERAUD. UN REALEJERO EN EL OLVIDO

Javier Lima Estévez

Con el inevitable transcurrir de los años, la huella de muchos realejeros que en épocas pasadas destacaron en diversos ámbitos va desapareciendo. En muchos casos nos encontramos ante la imposibilidad de poder avanzar en determinados aspectos que el paso del tiempo ha ido borrando. En otros, la labor de los investigadores que intentan rescatar -con gran esfuerzo- del olvido algunos nombres dignos de memoria pública, que muestren los diversos hechos extraordinarios merecedores de ser conocidos por las generaciones presentes, se hace prácticamente una labor hercúlea.

En Los Realejos, una gran cantidad de personas permanecen olvidadas a la espera de poder conocer un poco más sobre sus vidas y obras. Un ejemplo notable sería la figura de fray Agustín de Veraud.

Hijo de doña Josefa de Aguiar y Chaves (hermana de don Juan Domingo de Aguiar y Chaves, quien fuera monje Dominico y misionero apostólico)  y de don Guillermo de Veraud, natural de Biarritz (Francia) quien fuera artista, pintor y escultor.                               
En Tenerife quedan huellas de su trabajo, siendo notable muestra de ello la capilla de Nuestra Señora del Carmen en el Puerto de la Cruz procedente del incendiado convento catalino. En La Laguna también podernos observar la obra de Veraud en torno al extraordinario púlpito de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción así como en el coro y el retablo del niño Jesús en la Iglesia de las Monjas Catalinas.

Además de fray Agustín de Veraud, el matrimonio entre doña Josefa de Aguiar y Chaves y Guillermo de Veraud tuvo los siguientes hijos: Don Lorenzo de Veraud y Aguiar, doña Margarita de Veraud y Aguiar, quien se casó con don Juan Fernández del Alamo en 1764, don Gregorio Fernández de Veraud, quien se casó con doña Rafaela de Sales y Salazar viviendo en Yucatán (México). Doña Josefa Fernández de Veraud quien contrajo a su vez matrimonio con el Capitán don Antonio Méndez de Lugo y Ruiz. Destacado papel tuvo don Cándido Fernández Veraud, esposo de doña Josefa de Mesa y Hernández Bautista, pues el mismo fue historiador local y genealogista, autor de varios tomos referentes a la Genealogía de muchas familias siendo además, Alcalde de Realejo Bajo. Otro de los hermanos sería don Adriano Fernández de Veraud.

Fray Agustín de Veraud nació en Realejo Bajo. Perteneció a la orden de los Dominicos. De él, Viera y Clavijo señaló como desde muy joven se había dedicado a estudiar la lengua latina y griega, siendo conocido por algunos bajo el apodo de “el griego”.  Fue lector de Filosofía en el convento de San Benito de La Orotava, aunque a lo largo de su vida se preocupó por el estudio de diversas materias culturales. Dejó escritas varias obras literarias como: “El arte pequeño de la gramática”, “Arte métrica o poética latina”, “Nomenclátor castellano y latino”, “Aulea grammaticae” o “Alectero-machia”.

Fue buen amigo del ilustrado realejero Viera y Clavijo y éste en su “Biblioteca de los autores canarios” nos informa de cómo fray Agustín de Veraud cambió su nombre de Domingo por el de Agustín en 1768.

Procuró por primera vez amenizar la sequedad del curso escolástico con la lógica más verdadera y una física más sensata. Siendo estudiante, Veraud hizo por sí solo la inoculación de la viruela en varios de sus hermanos pequeños, obteniendo al respecto un gran éxito. Sus ejercicios para la oposición a la cátedra (de Artes) fueron sobre el sistema copernicano.


Su final fue trágico, pues al parecer murió víctima de la pérdida del sentido de la razón, apoderándose la imaginación de su mente y arrojándose por la ventana. Al respecto, la anécdota quedó ridiculizada por sus contemporáneos, quienes dijeron que con el fin de querer pesar el aire y girar con la tierra, Veraud intentó demostrar tal experimento a través de tan triste final, exponiendo Viera y Clavijo que “la contradicción de los necios y la viveza de su imaginación en un temperamento hipocondríaco le trastornaron la razón”.

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