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sábado, 19 de abril de 2014

DE MACONDO AL PUNTO CERO: GABO , MONTANER Y EL AMOR POR UN TIRANO.

Carlos Jaime Cabrera

No voy a caer en romanticismos banales sin sentido. No voy a tener ninguna compasión en decir y decirlo como siempre lo hago: sin miedo y bien clarito.
Con la muerte de Gabriel García Márquez, una vez más el mundo demuestra que tiene mala memoria, pero mucho más los cubanos. Y muchísimo más quienes en algún momento han sido víctimas del castrismo.


Viendo las noticias y declaraciones de esos intelectualoides cubanos de pacotillas me ha indignado. Lo traigo atravesado en mis rencores y mi impotencia ya casi vieja.

No me voy a unir a ese bochornoso coro de románticos trasnochados que han mostrado respeto y hasta dolor por un García Márquez que a fin de cuentas no fue más que un villano escribano de dictadores asesinos y sin escrúpulos.


Perdón pero no me sumo a esa payasada. No puedo, no me lo permite mi conciencia y ni mi orgullo de pertenecer a esa clase de cubanos desterrados, de los de abajo,  que no aspira a premios ni a reconocimientos.

No me llamo Carlos Alberto Montaner que se desvive en elogios postmortem hacia el recién fallecido autor de Cien años de Soledad.


Yo me llamo Carlos Jaime Cabrera, humilde e inexperto en las lides del buen escribir y se lo canto a cualquiera en su cara: No y mil veces no, no puedo mostrar ningún tipo de respeto por un intelectual que desde hace mucho abrazó al asesino de mi pueblo. A mí, a diferencia de Montaner,-- que le interesan más los premios y teme enemistarse con el stablishmen de los laureados del novel que la liberación de mi patria y de la de donde nació por equivocación---, me inspira la honestidad conmigo mismo, el rencor por todo lo que sufre  mi isla bonita  y  que mis enemigos que son los mismos de los de mi pueblo, sientan este grito de desprecio que sale de mi pecho y me odien aún más si así les parece. Entonces y luego entonces sentiré que mi mensaje ha cumplido el objetivo por el cual lo escribo.


   García Márquez  olvidó que un Nobel de Literatura le daba un compromiso con la verdad y la honestidad: una deuda con el humanismo que jamás cumplió al defender a un gobernante como Fidel Castro, a quien sirvió de delator inescrupuloso contra la propia intelectualidad de América Látina y Cuba.


El Gabo salió de Macondo, porque cualquier lugar americano así se puede llamar. Se instaló a la diestra del dictador allá en el Punto Cero en La Habana de mis amores. Manchaba las páginas del diario oficial de la dictadura con su verborrea convenenciera en un editorial semanal.


Yo era un adolescente, casi un niño, pero recuerdo sus alabanzas hacia el régimen y las atrocidades que a la sazón se cometían, fusilamientos, cárceles llenas de condenados perpetuos por el solo hecho de disentir de toda aquella locura.


Olvida Montaner y la pléyade de intelectuales aduladores de este mequetrefe que  Gabo  se despachaba domingo a domingo, cumpliendo su función a carta cabal, sin escrúpulos y sin tener en cuenta la desgracia de toda una nación que el ayudaba a destruir. Gracias a su dedazo varios intelectuales cubanos fueron defenestrados y muchos de ellos en el exilio jamás pudieron siquiera aspirar a un premio literario porque el creador de Macondo sencillamente los sentenciaba al silencio.


Gracias a esos servicios--- y es un recuerdo que me acompaña hasta estos días--- el  tirano lo premio con la Casa Número 6 de Protocolo , con lujos, comodidades y un Mercedez Benz  blindado además de nombrarlo por un tiempo como representante de Cuba ante la UNESCO que lo comprometíó a ser algo así como un soldado de la dictadura. Y así murió, fiel a la tiranía y gozando de sus millones de dólares al estilo del burgués de decía ser humilde pero que en verdad solo fue un despreciable ser humano capaz de mentir y de servir de lacayo de una tiranía .


  La trayectoria de García Márquez  como soldado comunista fiel a Castro es más que desgarrante y obscena. Funda en San Antonio de los Baños, en sociedad ideológica con el dictador mayor, la Escuela Internacional de Cine como un medio de penetración ideológica atreves del séptimo arte del castro-comunismo en América  que luego llamaron el nuevo cine latino-americano.


Hoy vemos como nuestros pueblos sur-americanos se han embarcado en una carrera de zurdos trasnochados destruyéndolo todo a su paso, y para ejemplo miren a Venezuela, obra de la exportación de la nefasta revolución cubana que personajes como el Gabo ayudaron y ayudan a propagar por todo el continente.

Son estas y muchas más  razones las que me impiden alabar a un personaje oscuro que nos llegó del Macondo colombiano  para instalarse a la diestra del mas asesino de todos los cubanos de la historia de nuestra patria.


Su doble moral y su hipocresía para con mi patria no se debe perdonar aunque un plumífero como Montaner, que ya a estas alturas parce más un soldado de Castro que un disidente, se empeñe en hacernos ver lo contrario.  Tal vez este intelectualoide  quiera ocupar el puesto que dejó García Márquez, pero esta vez  a la derecha de Raúl  para,  quizás,  hacerle algún que otro servicio sexual que tanto le gusta.


 Es  la falta de memoria compatriotas. Es el servilismo de los intelectuales de pacotillas los que se han confabulado y siguen confabulándose contra mi patria, contra mi pueblo. Y ahí siguen de ciegos empedernidos, que como Montaner, están comprometidos con las mentiras repetidas 

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