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viernes, 8 de junio de 2018

LA OROTAVA, POBRES Y RICOS


Evaristo Fuentes Melián

Recuerdo a Víctor Rodríguez--q.e.g.e. —sacerdote salesiano que, con un muy crítico artículo en la prensa insular (‘Niños pobres en el Monte de La Orotava’, EL DÍA, 9 enero 1975, pag.3), tuvo los arrestos de decir verdades como puños (¿puños comunistas?), y colaboró en sacar de la mendicidad a aquellos niños de Los Altos, que por una propina ofrecían ramitos de flores ajadas al paso de los coches y guaguas (perdón, autocares) con turistas hacia el Teide.

Habitó entre nosotros, secularmente, un teatro utópico de operaciones, en el que el caciquismo más flagrante (unos pocos), actuaba sobre los criados/esclavos (una multitud).  Pero al paso del tiempo, los caciques tradicionales, la aristocracia a veces falsa—sin sangre azul que llevarse al árbol genealógico--fue bajando sus humos al compás de un desarrollo popular palpable, evidente, que, valgan verdades, tuvo lugar en gran medida gracias al alza económica por el turismo de masas que nos empezó a llegar desde Europa. 

 Si repasamos el desarrollo de la escolarización, Canarias, Andalucía y Extremadura (regiones más deprimidas) tuvieron en el llamado Libro Blanco (1971) de un ministro de Franco, Villar Palasí, un programa excepcional en calidad y cantidad--impensable hasta entonces en la Historia de España--de construcciones escolares. Entre 1972 y 1976 se fabricaron colegios públicos de EGB, en número de sesenta en la provincia de SCTF, con unos cuarenta mil nuevos puestos escolares. Más tarde, en 1980, otro programa similar sacó definitivamente del analfabetismo a los barrios y caseríos que aún carecían de escolarización propiamente dicha. El equipamiento en infraestructura (electricidad, agua a presión, sanidad, vivienda, escuela…) llegó también a los núcleos marginales.

En La Lista, el best sellers de Bosco González (pregonero de las Fiestas Mayores orotavenses de este año) basa su argumento en una especie de asesinatos en serie, en los que muere hasta el apuntador. Sucesos similares pasaron en toda España. Miguel Delibes lo dejó bien claro en su apabullante, escalofriante historia extremeña novelada, llevada al cine por Mario Camus: ‘Los Santos Inocentes’.

Espectador

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