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sábado, 23 de junio de 2018

AMAR A CONTRACORRIENTE


Iván López Casanova 

Escribe Julián Marías en su Antropología metafísica que todos los planteamientos filosóficos son artificios intelectuales para vivir y entender mejor algo que nos supera, lo real: «Se trata de entender la realidad. Con otras palabras, eso que hay». Porque los esquemas intelectuales son universales y «las cosas humanas a las cuales tengo que orientarme son individuales y sensibles», afirma. Ahora bien, el maestro aclara que si advertimos esto, lo artificial de las propuestas antropológicas, podemos utilizarlas sin dogmatismos para que nos aporten claridad.

Por eso, la perspectiva de género resulta un instrumento intelectual que ilumina muchas cuestiones sobre nuestra condición sexuada. Sobre todo, subraya que parte de las conductas y sentimientos considerados como estereotipos de lo femenino o lo masculino no son más que eso, construcciones culturales; también, nos ofrece claridad sobre las injusticias para la mujer que se ocultan en costumbres, leyes y estructuras diversas. Asimismo, destaca la atención sobre las orientaciones sexuales no heterosexuales. Y más.

Pero una cosa es la perspectiva de género, que se puede sumar a otras como la perspectiva familiar −y que nos ayuda a mejorar las relaciones entre mujeres y varones− y otra, muy distinta, la ideología de género. Esta, como toda ideología, comporta una idea intelectual rígida y única con la que se interpreta lo real a martillazos para que todo lo expliquen sus categorías, totalizando la realidad en relación a las cuestiones sexuales y de género, y olvidando que solo es un constructo intelectual.

Porque cada vez veo más personas que emplean los conceptos derivados de la perspectiva de género como si fueran estatuas de piedra sólidas y reales. Por ejemplo, cuántas, como videntes iluminadas, exponen sus opiniones −respetables, por supuesto− como si fueran las de todas las mujeres del mundo. (Cada vez que oigan expresiones como “nosotras, las mujeres, tenemos, sabemos, decimos…”, sepan que se está manipulando el lenguaje: ¿de qué mujeres se habla, de las que van a misa diaria; de las del partido feminista de género que, pechos en ristre, asaltan capillas; de las madres de familia…?).

«Las ideas inventadas no son algo inútil. Son precisamente ellas las que hacen de nuestras casas hogares», escribe Milan Kundera en La broma, su libro donde una carta particular con una broma crítica sobre el comunismo es detectada por los comisarios, y ya no habrá manera de detener las consecuencias negativas para toda la vida del protagonista. Insisto: la perspectiva de género es una «idea inventada», un esquema antropológico, que puede aportar luces; pero si se convierte en ideología, se luchará por ella con fanatismo y se llegará a un totalitarismo similar al de las ideologías del siglo XX, con sus Auschwitz y Gulags.

Presentar las relaciones mujer-varón como una lucha de poderes, y constatar tanta violencia sexual a diario, puede hacer olvidar su núcleo antropológico: la entrega llena de libertad y alegría, la felicidad del darse. También puede contribuir a olvidar nuestra vulnerabilidad, ese necesitar totalmente del amor de los demás y de dar la ofrenda del nuestro; entonces se iluminan los valores: intimidad, delicadeza, ternura, regalo, sinceridad, educación, pudor…

También, me parece decisivo enseñar a amar con el cuerpo a los hijos y educar para la entrega, olvidando, en estas edades, la violencia sexual y el marco de derechos y deberes; y formarles desde una antropología de la donación, porque las personas son plenas al darse y formar una familia.

«A veces, cuando duermes, yo te miro. / Mis manos acarician, muy despacio, / los bordes apacibles de tu rostro. / Los párpados se cierran y me quedo / dormida con la mano en la caricia. / Quizá tú te despiertes y me encuentres / rendida al sueño, frágil como un niño. / A veces entre sueños he creído / que tú también me miras cuando duermo», canta Corina Dávalos.

Y esta música, que conlleva amar a contracorriente del discurso dominante, vale la pena escucharla.

Iván López Casanova, Cirujano General.
Escritor: Pensadoras del siglo XX y El sillón de pensar.

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