Bienvenidos al Diario del Valle

SEARCH

lunes, 18 de enero de 2016

DEL CASTILLO, LA SOBRIEDAD CABALLEROSA


 Salvador García Llanos

Este Juan Galarza -y su todopoderoso archivo- nos puso sobre la pista de una entrevista hecha a Pepe Del Castillo en Diario de Avisos, agosto de 1976, cuando recién se incorporaba al C.D. Puerto Cruz, después de un fugaz paso por Cartagena y Xerez concluida su etapa en el Tenerife.  Del Castillo fallecía en las primeras horas de ayer domingo, a los 70 años, y todos lamentamos su pérdida, apenas trascendió la noticia. Se había asentado en la ciudad, donde echó raíces, abrió un negocio de ropa deportiva y se granjeó el afecto de centenares de portuenses.

Natural de La Laguna, llegó a Puerto Cruz procedente del Tacoronte, mediada la década de los sesenta. Era un Puerto Cruz imponente en el contexto de un potentísimo fútbol regional en el que primaban las rivalidades locales. El equipo fue bautizado como el “6 de copas” al ganar otras tantas competiciones en una misma temporada. Del Castillo completó en El Peñón el ciclo 1963-68, hasta que saltó al primer plantel del C.D. Tenerife con el que debutó -de la mano de otro inolvidable entrenador, Fernando Cova, con el que luego coincidiría en su segunda etapa con el club portuense- un 2 de febrero de 1969, frente al Boetticher. El equipo albiazul se afanaba en aquella infame Tercera división. El ciclo de Pepe Del Castillo en el Tenerife se prolongó desde 1969 a 1973. Vivió la alegría de un ansiado ascenso en la primavera de 1971, con Javier García Verdugo en el banquillo. Su titularidad era prácticamente inamovible. Y otro técnico posterior, el recordado Héctor Núñez, también le otorgó su confianza. Sobrio bajo los palos, seguro, dotado para la colocación, quizá algo timorato en las salidas y buen desenvolvimiento en el juego con los pies: esas eran sus principales características.

Se marchó a Cartagena -donde una lesión le impidió rendir a plenitud- y siguió a Jerez. Según el mismo relataba en la entrevista aludida, no fue una buena experiencia: entre la lesión y las deudas, “solo me fue regular”. Y retornó al Puerto de la Cruz para otro ciclo de dos años (1976-78). Decía entonces el arquero: “Yo estoy satisfechísimo de haber fichado porque el Puerto es un poco mi patria chica: parte de mi familia es de aquí y salí de aquí para el Tenerife. He vuelto con ganas de seguir siendo útil, de ganarme un puesto”.

Cumplió con creces y se esmeró en que nadie advirtiera declive alguno. Supo retirarse. Se esforzó también en ayudar a los jóvenes. Les inculcaba su experiencia.

Aquella entrevista, con foto de Enrique Serrano, terminaba de la siguiente manera: “Pepe Del Castillo. Fuera del campo, la caballerosidad y la amabilidad en todo momento. Dentro de él, la serenidad de la que siempre hizo gala y las mismas ansias que cuando empezó”. Ya retirado, siempre atento a las necesidades de la población deportiva, ni un mal gesto ni una sola desconsideración. Seguía siendo la misma buena persona de siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario