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martes, 26 de noviembre de 2013

LA MILI

Lorenzo Soriano

En Noviembre del 2000, se efectúa en España el último sorteo de mozos de reemplazo para el SMO. Los nacidos en 1982 pues fueron los últimos en pasar la experiencia de la “mili”. Bajo la Presidencia de JM Aznar, se firma el paso a la profesionalidad por la Ley de Régimen de Personal.                                        

Bueno, ahora toca situarse. Para mí la “mili”, fue una experiencia gratificante. No solo por mí, que ya tenía casi 26 años, la carrera terminada, y era el “abuelo” de la Compañía, sino para las cinco mil personas del CIR primero y del Regimiento de artillería después. Salvo excepciones, no más de 10, el SMO le sentó bien a todos los que compartieron los casi dos años de mi vida cuartelera. No quiero herir sensibilidades, ya que seguramente algunos no piensen como yo. Los respeto y les invito a rebatir mis argumentos. No así mis percepciones que son intimas y personales. La estancia en los cuarteles para mi, repito, y para la inmensa mayoría de los que en esa etapa me relacione, fue altamente formativa y enriquecedora. Es mi percepción.

La experiencia de la “mili” es inenarrable, pero todos los que la hemos pasado, si nos dejan, estaríamos horas hablando de aquella época. De las anécdotas, de los mandos, de los compañeros, de los barracones, de las maniobras, de los desfiles y marchas, de las cocinas, limpieza y disciplina, de la peluquería, de las botas y del “Chester”, del CETME y del día de tiro y bomba de mano. De los caballos y los mulos, del esquí, de los camiones, de los aviones, de los cañones, de las patrulleras y del buceo, de la escalada y la supervivencia. Había para todos. ¿Y a ti a donde te destinaron?, y seguía una infinita respuesta y una retahíla de historias, algunas inventadas, otras copiadas, las mas magnificadas. La mala leche de los sargentos, de los chusqueros, de los oficiales de complemento, de los mandos de lento ascenso, aferrados al bar de oficiales y con costumbres poco saludables. De las escapadas al pueblo o capital cercana, de las aventuras, de los ligues, de las experiencias únicas.  Para muchos las únicas que vivieron en su vida. Conocer gentes de todos los lugares y rincones de España. Viajar algunos por primera  y quizás única vez en su vida. Aprender  a leer y escribir algunos, a conducir, alguna profesión, a usar armamento, equipo, a tener la responsabilidad de las guardias, y al acatamiento de las ordenes, disciplina, policía(limpieza),  y las tareas del servicio, perolines, letrinas. En mi cuartel, formamos una extensión cultural con 10 maestros y enseñamos a muchos muchas cosas que seguramente recordaran de por vida. Organizamos la oficina del regimiento, preparamos la memoria anual y nos sentimos plenamente satisfechos de todo lo que dimos y recibimos del SMO.

Las comparaciones son odiosas, pero la supresión de la “mili” ha sido de las peores decisiones que se han tomado en este país.                                              

Creo que el desastre de la Juventud, el fracaso escolar, el paro Juvenil y los problemas de delincuencia, drogadicción y adicciones, así como las malas relaciones humanas entre distintos grupos de ciudadanos, incluso la violencia de género, se han visto muy propiciadas por la ausencia de este periodo de la vida de los varones de este país. Opino que la vuelta de la “mili” con sus mejoras y adecuaciones, sería fundamental  para el desarrollo de nuestra juventud, y que suprimirla fue algo muy grave, y que afecta y afectara a nuestro desarrollo como Nacion. La presión de ciertos grupos, como la que ejercen los antimilitaristas o ciertos ecologistas, llega a ser insoportable para los políticos. Realmente insoportable. Ellos solo miran sus posibilidades electorales y no el interés general del país y les obligan a tomar decisiones que afectan negativamente a la ciudadanía. Creo que este es un de los más flagrantes. Con reformar el SMO hubiesen tenido bastante y los “mozos” hubiesen tenido la oportunidad de experimentar la interrelación, la disciplina, el trabajo en equipo y la convivencia grupal. Sin esta experiencia la educación y la formación de la juventud queda muy mermada y a 13 años de su implantación los resultados del fracaso de la medida, son más que evidentes. A reflexionar.


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