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sábado, 30 de julio de 2016

LA NOBLEZA DE BASTERRA

Salvador García Llanos

Era un tipo noble. Dentro y fuera de la cancha, aunque en algunos lances del juego pudiera parecer duro. En realidad, era la contundencia del defensor, su forma expeditiva de solventar cruces y despejes, la manera de ejercer la autoridad en los aledaños del área. Pero la nobleza de Basterra, de Juan Manuel Basterra Reyes, era indiscutible. Hasta sus rivales terminaban reconociéndolo.

Tocó decirle ayer el último adiós. Con un inevitable toque de tristeza -edulcorado por el rescate de tantas anécdotas- compartido con sus familiares, amigos y compañeros de equipos cuyos colores defendió con entrega y responsabilidad. Y con nobleza, hay que subrayarlo.

Del Estrella lagunero saltó al Tenerife donde, sin poder hacerse con un puesto y necesitado de minutos, terminó prefiriendo los colores blancos de Puerto Cruz cuando éste aún despertaba admiración en el fútbol regional. En El Peñón supo ganarse al aprecio de todos. En cierta ocasión, en un Puerto Cruz-Tenerife Aficionado los locales se habían volcado sobre el área rival para intentar igualar la contienda. En un contragolpe, con los defensores muy adelantados -entre ellos, un juvenil debutante-, los filiales aumentaron su ventaja. Entonces, en medio del silencio, se escuchó desde el graderío la voz potente de un aficionado:

-¡Basterra! Dejaste al chico solo…

Jugó varias temporadas en el Puerto de la Cruz. Siempre tesonero, siempre recio. No era muy dotado técnicamente pero eso no le impedía sumarse al ataque cuando actuaba como lateral. Pero lo habitual era que le alinearan como defensa central. Entonces, todavía se tarareaban las alineaciones, con aquella tradicional fórmula del tres-dos-cinco y Basterra, un apellido trisílabo, siempre resultó fácil de memorizar.

En su oficio de carnicero, allí en el mercado lagunero, también lució su nobleza, tal es así que Venancio Martín Rodríguez, el sin par masajista durante tantos años en el club portuense, terminó dedicándole una canción que hasta los juveniles coreaban enfáticamente:

-Basterrita, Basterrita, tráeme una chuletita, para una ensaladita… Y que sea de res.

Tras su paso por El Peñón, donde ganó algunos títulos, se marchó a Unión Tejina. Aún tenía que enseñar colocación, concentración y esa firmeza de defensor que distinguieron su trayectoria. Allí también brilló en medio de una destacada constelación tejinera. Y allí también dejó huellas de su nobleza. Porque esa era, sin duda, la cualidad que le distinguía.

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