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sábado, 23 de abril de 2016

APROXIMACIÓN A LA VIDA COTIDIANA DE REALEJO ALTO HACIA 1888

Jerónimo David Álvarez García

      
La convulsa Europa decimonónica superó las periódicas guerras y las grandes epidemias de épocas precedentes, (aunque aún existían conflictos locales y el cólera), pero se enfrentaba a los retos políticos y sociales que marcarían el siglo XX. En nuestro país se suceden los regímenes inestables, sólo se logra cierto equilibrio político con la entronización de Alfonso XII y la Regencia de María Cristina, bajo lo que se denomina La Restauración; estructura socio-económica y política que descansaba en el caciquismo y el bipartidismo; sistema electoral que alternaría el poder  entre Liberales y Conservadores.[1]

Canarias, en plena expansión de inversiones extranjeras, inaugura la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife. El Valle de la Orotava en palabras del responsable del distrito viceconsular británico, es “una zona puramente agrícola, posee un comercio local insignificante y su puerto lo visitan muy pocos buques extranjeros; pero debido a lo benigno de su clima, lo invariable de la temperatura del aire entre el día y la noche y de día a día, la abundancia y pureza de su agua, y lo pintoresco de sus paisajes en las cercanías del pico del Teide, (…) es un punto favorito para el turismo, el viajero científico y para aquellos con poca salud.[2]

Mientras, el Realejo Alto permanece inmerso en sus disputas políticas y electorales,[3] patria del insigne polígrafo, José de Viera y Clavijo quien escribe en el siglo XVIII acerca de su cuna:“dista un corto paseo de [Realejo Bajo], es lugar también de buen temple, excelentes aguas, huertas, viñas, frutales y arboledas. Tiene muchas casas arruadas en calles. Su iglesia de tres naves es de las primeras parroquias de Tenerife. Está dedicada a Santiago y se erigió en el sitio donde los Conquistadores tenían un Real, de aquí el nombre que tenía el pueblo. Sírvenla dos curas beneficiados, provisión del Rey y algunos sacerdotes. Hay un convento de franciscos recoletos, como de veinte frailes y cinco ermitas. El vecindario es de 2.441 personas de ellas algunas en los pagos de San Agustín, Cruz Santa, Rosas, el Mocán, etc. Ambos Realejos están dentro del referido Valle de Taoro.[4]

El Realejo de Arriba se estructuraba como ente sociológico autónomo, prueba de ese afianzamiento y los deseos de integración social de sus vecinos lo refleja una disposición de su ayuntamiento en sesión de noviembre de 1814, donde el alcalde solicita al obispo don Manuel Verdugo “que las Misas del Alba de esta Parroquia se dixesen al romper el día, en disposición que los vecinos no tuviesen reparo de “hir” a oírla en la forma que puedan. Se nota que se ha dejado de cumplir con este sagrado precepto, porque no se hallan decentes para asistir a la hora que se celebra el Sacrificio que es “cuasi” media mañana; y para impedir que estas personas imposibilitadas por su pobreza no dejen de cumplir con la Misa, se pase Oficio a los Venerables Párrocos para que dispongan se observe lo decretado por el el Sr. Diocesano en su visita, por convenir así al bien general de este vecindario”. En esta misma sesión se hace constar que los vecinos trabajan los días festivos, hasta tal punto que “ya no se conoce cual es el día destinado al Señor”, por lo que se requiere que el alcalde prohiba esta costumbre bajo la pena que estime oportuna.[5] A finales de siglo la burguesía agraria se halla consolidada una vez ha desplazado a la aristocracia absentista.[6] La nueva élite realejera acapara los cargos públicos sustentada en una “endogamia profesional”, extiende su influencia con la adquisición de tierras y agua, emplea la religión como signo de poder y ascenso social y se promociona  con el matrimonio.[7]
Se ha profundizado[8] en las conflictivas relaciones políticas del municipio, pues en febrero de 1887 fueron anuladas las elecciones municipales y cesados el alcalde[9] don Isidro Oramas y Chaves[10] y sus concejales. Tras el mandato de don Eliseo González Espínola,[11] la alcaldía recae en don Miguel Chaves Albelo,[12] quien autoriza diferentes actuaciones en la administración local[13] durante el primer semestre del año en estudio, sobresalen:[14] La gratificación con cincuenta pesetas al practicante don José Barbuzano, por suministrar “auxilios medicinales” a varios enfermos pobres del pueblo durante seis meses. La plaza de médico titular estaba vacante y el servicio se efectuaba sin retribución alguna, por lo que el interesado había suplicado su abono previamente. La presidencia comunica que no procede el recurso de alzada[15] interpuesto por el exalcalde don Isidro Oramas y Chaves, contra un acuerdo de ese Pleno declarándolo deudor directo como exrecaudador de los impuestos de consumo y otros arbitrios municipales, por la cantidad de 40.312,29 pesetas. En sesión de febrero, se refleja en acta la acusación contra el regidor arriba citado y su gobierno, por malversación, declarándolos deudores por el actual Consistorio. Las evidencias demuestran que varios alcaldes habían mal administrado la Corporación en los últimos veinte años. Al siguiente mes, el grupo de gobierno toma las medidas sanitarias, higiénicas y nutritivas necesarias para paliar los casos de viruela que se habían producido en la Cruz Santa, por ello solicita los servicios del médico don Manuel Pestano, gratificándolo con 750 pesetas anuales, por ser facultativo interino.[16]


Por oficio recibido, se solicita financiación para la Exposición provincial de Horticultura que se celebrará en La Orotava, en el mes de mayo. A esta se contribuirá con las plantas y frutos notables que cada localidad produzca, al no existir ejemplares dignos de mención que aportar por el municipio, se contribuye a la financiación con 125 pesetas. El primero de abril se presenta el Proyecto del Presupuesto Municipal Ordinario para el año próximo, los gastos ascienden a 14.547,90 pesetas y los ingresos a 2.572,17 pesetas, de lo que resultaba un déficit de 11.975,73 pesetas “que se cubrirán con los recursos legales del capítulo noveno de dicho presupuesto”. El “Venerable párroco” [17] solicita a la municipalidad la exención del pago de tributos, de la casa y huerto legada por el Dr. Don Domingo González de Chaves[18] a los párrocos del pueblo, como casa habitación y jardín de los mismos cuya propiedad venía disfrutando el interesado en concepto de Casa Parroquial, [19] la Corporación remite el asunto al delegado de Hacienda. Don Juan González y Pérez presenta su dimisión como concejal por motivos de salud, pero siendo “los cargos concejiles  gratuitos, obligatorios y honoríficos”[20] y como la exención alegada no se hallaba contemplada en dicha ley, en su artículo 43, números 1º, 2º y 6º, la Presidencia acuerda declarar improcedente lo solicitado por el recurrente.[21] Se destinan 200 pesetas para colaborar con la recuperación de los Asilos Provinciales de Beneficencia de Santa Cruz de Tenerife, tras el incendio acaecido el 17 de marzo último. A efectos recaudatorios se publica el listado de vecinos contribuyentes por orden de cuotas,[22] cuya relación es la que sigue: Agustín Chaves Albelo, Guillermo Albelo Pérez, José Borges Fregel, Pedro Pérez González, Miguel Molina Reyes,[23] José García de Chávez, Estanislao Fragoso  García,[24] Agustín Luis González, Juan Pérez González, José María Pacheco, Domingo Hernández Febles, Antonio Pérez Chaves,[25] Miguel Hernández Albelo, Agustín Fernández González, Gabriel de León González, Antonio Llanos Reyes, Agustín González Pérez, Ceferino Brito y Gorrín, Cándido Barroso, Juan Espinosa y Espinosa, Nicolás Guillama Rodríguez y Juan Delgado Rodríguez.

La Exposición de Horticultura se definió como un acontecimiento notable en la provincia. La asistencia del Capitán General acompañado de una banda militar, la presencia de los alcaldes de Santa Cruz de Tenerife, de la ciudad de La Laguna, don Juan de Osuna, a cuyas gestiones se debió la actuación de la banda de música El Porvenir de esa ciudad y de los alcaldes de Realejo Alto, Puerto de la Cruz y otros pueblos merecieron plácemes por contribuir a que ese evento fuera un hecho, según calificó la prensa insular.[26]
El primero de julio es nombrado alcalde accidental don Miguel Chaves Albelo. El recurso interpuesto por el párroco por el cual la Casa Parroquial quedaría exenta de tributos, es aceptado [27]  y se solicita casa-habitación para el maestro de escuela de niños don Temístocles Díaz y Fernández. Previo a la llegada del otoño se procede a la limpieza de árboles y la composición del camino de San Agustín, gratificándose a los operarios colaboradores. Los pesquisas judiciales del Gobernador Civil designan a un perito que inspeccionará los libros de contabilidad de las Corporaciones anteriores y del Pósito del municipio. Esta misma autoridad exige en noviembre la rectificación del Padrón de Vecinos por no constar en el mismo 638 vecinos.[28] Finalmente el ejercicio económico cierra con un déficit de 6.118,43 pesetas. La crónica social deja constancia del fallecimiento, debido a una pulmonía,[29] “en el pueblo del Realejo Alto donde se encontraba pasando la temporada de verano, de la respetable Sra. Doña Mercedes Olivera,[30] esposa de nuestro distinguido amigo el Sr. D. Manuel Pestano, médico titular del Puerto de la Cruz”.[31]

Ha resolución que revoca el acuerdo de la Comisión Provincial sobre las elecciones municipales del Realejo Alto se hace efectiva, por lo que se obliga a la Junta General de Escrutinio a  reunirse y fallar el recurso que contra la validez de la misma presentaron varios electores.[32] El Inspector de Primera Enseñanza, informado por la prensa provincial del abandono en que se halla la escuela pública de Realejo Alto, practica las gestiones oportunas para que cese la situación anómala en que se encuentra el establecimiento, por negligencia del profesor regente. Respecto a la habilitación de maestros de primera enseñanza, se consigna el pago correspondiente a los docentes del pueblo en concepto de nómina, material y alquileres del primer trimestre del curso1888-89.[33]
Del informe de la autoridad política superior se desprenden “las importantes disposiciones” que condenan y anulan los actos del Gobierno Civil de Canarias; así, se revoca el acuerdo que destituyó a los concejales y alcalde de Realejo Alto en febrero de 1887, apercibiéndose al  Gobernador[34] que lo fue en el periodo a que se refería el expediente.[35] El alcalde ratificado, a la sazón don Isidro Oramas y Chaves, exige al Gobierno Civil que en virtud de la anulación de las elecciones del Realejo Alto de mayo pasado, se diese posesión a los concejales legítimos que ilegalmente fueron separados de sus cargos en febrero del año anterior. Pero la autoridad competente personificada en el Señor Antón, quien ofreció resolver en justicia, no actúa con celeridad. La oposición política y mediática sospecharon que esta tardanza ocultaba el deseo de eludir el cumplimiento del mandato recayendo en inobediencia a lo dispuesto en R. O. de 20 de noviembre.[36] Tras estas disposiciones, se reanudan las investigaciones conjuntas de Gobierno Civil y Ayuntamiento norteño que concluyen que “desde 1869 en adelante no se llevó contabilidad municipal alguna, al no rendirse cuentas en todo ese periodo y faltar ciertos presupuestos y repartimientos municipales”, por lo que se requiere la justificación de las cuentas a don Isidro Oramas y sus concejales. Los acusados, incapaces de aportar documentación alguna, son declarados deudores de 55.726,92 pesetas. Sólo al primer edil, se le imputa la cantidad de 40.312,29 pesetas, al hallarse estas cantidades sin contabilizar. El procedimiento es remitido al juzgado a falta de ejecutar la subasta de las fincas de los deudores.
       
Aunque en las actas municipales del mes anterior se había sugerido la posibilidad de que un inmueble, sito en la calle del Sol y propiedad de don Eliseo González Espínola fuese alquilado como casa del docente municipal por una renta que ascendía a 125 pesetas al año, continua las gestiones del Maestro actual del Realejo alto que no ha cesado de hacerlas desde Septiembre último, para que el Ayuntamiento le facilite casa-habitación, como preceptúa la ley, sin que hasta esta fecha se le haya proporcionado local donde albergarse. La Alcaldía, por su parte, manifiesta esto mismo a la Junta provincial, añadiendo que la escasez en aquel pueblo, de edificios que reúnan las condiciones necesarias, es causa de que aparezca desatendido este servicio[37]

La prensa tinerfeña se congratularía de la restitución de sus correligionarios en los cargos de alcalde y concejales del Ayuntamiento de Realejo Alto.[38] Así, en acta de sesión de 27 de diciembre, por orden del Gobierno Civil la corporación presidida por don Isidro Oramas y Chaves[39] es restituida, con el consiguiente cese de don Miguel Chaves Albelo. En este acto renuncia el secretario don Domingo Espinosa de los Monteros,[40] sucediéndole interinamente don Benito Vasconcelos.[41] Se acuerda que los domingos después de “la misa conventual”, se celebren las sesiones ordinarias del concejo en las Casas Consistoriales. Es nombrado “Caballero Síndico” don Guillermo Albelo Pérez y don Andrés Mesa y Delgado[42] “Regidor contador”[43]. La restante corporación la integran los concejales: don Narciso Luis García, don José García Pacheco, don Juan García Estévez, don Cipriano Álvarez Moreno y don Agustín Díaz. Posteriormente, el síndico expone la necesidad de abrir expediente contra la corporación precedente, por haber sido ostentada ilegalmente, así se evitaran las responsabilidades en que incurriera por su culpa, la actual alcaldía.

El número anterior abarcó la consolidación de la burguesía agraria en Realejo Alto durante el siglo XIX. Este capítulo confirma este supuesto y ha profundizado en la biografía de los protagonistas de la vida política, económica y social[44] del municipio en el año en estudio, pues sus interrelaciones definirían la sociedad realejera en el comienzo del siglo siguiente.
       
Fotos.
       1.   Antigua vista de Realejo Alto. Archivo Municipal de Los Realejos

       2.  Casco de Realejo Alto y barranco del Tornero, Tagaseite o Cagaceite. Libertad Galán Pérez.

       3.  Don Ángel Fernando Barreda Hernández, párroco de Santiago de Realejo Alto (1878-1918). Parroquia de Santiago de Los Realejos.


[1]Villares, Ramón y Moreno Luzón, Javier, Historia de España. Restauración y Dictadura, v.7.
[2]Informe del vicecónsul de La Orotava de 16.05.1886, Quintana Navarro, Francisco, Informes Consulares Británicos sobre Canarias (1856-1914), p.327.
[3]Para un estudio socio-económico y político del municipio véase Los Realejos, Una Síntesis Histórica
[4]Viera y Clavijo, José de, Historia General de las Islas Canarias, libro XV, 89. De la población de Tenerife.
[5]Méndez Hernández, Juan, Los Realejos, dos pueblos y un solo corazón (1814-1955), pp.33-34
[6]La Desamortización, las remesas retornadas de Indias y la usurpación y/o reparto de montes y terrenos baldíos  consolidaron la influencia de la élite local, que acogida a las reformas políticas de Carlos III definió el panorama político-social de la época. De esa nueva legislación destaca el auto de 5 de mayo de 1776 de dicho monarca, por el que se crea el cargo municipal de Diputado del Común; de elección popular, estaba capacitado para intervenir en los ayuntamientos con la Justicia y regidores en el control de abastos, precaviendo fraudes y cualesquiera desórdenes cometidos por los capitulares no elegidos, tenía voto, asiento y entrada en el Consistorio.
[7]Arbelo García, Adolfo, La Burguesía Agraria del Valle de La Orotava (1750-1823).
[8]Álvarez García, Jerónimo David, Aproximación a la vida cotidiana de Realejo Alto hacia 1887, La Prensa-EL DÍA, 19.01.2014
[9]La Ley Municipal de 2 de octubre de 1877, lo definía como presidente de la Corporación Municipal, llevando su nombre y representación en todos sus asuntos, salvo las facultades concedidas a los Síndicos. Sobre la jurisprudencia municipal de la España decimonónica véase, Ortiz de Zúñiga, Manuel, El libro de los Alcaldes y Ayuntamientos.
[10]Vecino de la Calle del Medio, hijo de doña Antonia González Chaves. Falleció en 1916 a los 85 años. Su cuota de contribución municipal ascendía a 14,73 pesetas. Cabe destacar que varios de los personajes públicos del pueblo permanecieron célibes durante toda o gran parte de su existencia. La Demografía Histórica argumenta esta situación  económicamente, para evitar la segregación de los bienes, o por la sexología, como las relaciones fuera del matrimonio que incluían descendencia legítima e ilegítima y por razones de condición sexual. Para profundizar en esta disciplina véase, Jean Pierre Bardet y Jacques Dupaquier, en Historia de las Poblaciones Europeas, I y II.   
[11]De familia propietaria burguesa, era hijo de don Pedro González Regalado y doña Rosa Espínola. Residía en la calle de la Alhóndiga y casó con doña María Candelaria Bonifacia de Zárate y Morales, (1848-1924) natural de La Laguna. Su hermano don Elías sufragó la Función Religiosa de Ntra. Sra. de los Remedios, patrona de Realejo Alto, en 1860 y su tío-abuelo don Gregorio Pedro Espínola fue alcalde en 1823, falleció en 1895 a los 60 años. Su cuota de contribución municipal ascendió en 1889 a 661,16 pesetas. La prensa tinerfeña le acusó de no rendir cuentas de las diversas alcaldías que rigió y de tener contraída una deuda con el pósito municipal, cfr. La Opinión, Sta Cruz de Tenerife, 10.12.1888. p 1
[12]Miguel Chaves Albelo (1829-1917), alcalde de Realejo Alto (06.11.1887-27.12.1888). En el Padrón vecinal de 1915 consta como viudo y residente junto a su sirvienta en la Calle del Medio.
[13]Las referencias a los acuerdos municipales se han extraído de Libro de Actas del Ayuntamiento de Realejo Alto (01.07.1887-28.06.1888)13/1. A. 1.1.3 y Libro de Actas donde toma sus acuerdos este Ilustre Ayuntamiento, 1888-1889.(01.07.1888-03.02.1889). Archivo Histórico Municipal de Los Realejos, en adelante A.H.M.R.
[14]Según se desprende de la lectura de las actas municipales de este año, los principales temas tratados se ceñían a aspectos administrativos, económicos e impositivos. Esta excesiva temática se justifica por la situación de quiebra técnica de la finanzas municipales en esos años. La escasez de los capítulos sociales o culturales obliga a consultar la prensa histórica de la provincia.
[15]Recurso contra alguna resolución de una autoridad gubernativa.
[16]Diversos censos, como el Padrón Vecinal de Realejo Alto de 1885, COD. A. 2.7.1 Sig. 12/10, A.H.M.R, permiten profundizar en las biografías de todos los realejeros. Cabe mencionar la inscripción de personas con escasos recursos o asistidas por sus familias que eran calificadas como “pobre”. Citaremos a don José González, viudo de 91 años domiciliado en La Isleta y a doña Juana Luis de la Guardia ,viuda de 67 años y vecina del Puente Abajo.
[17]A la sazón don Ángel F. Barreda Hernández, quien ejerció su ministerio de 1878 a 1918, natural de Puerto de la Cruz y propietario de la finca denominada “Gordejuela” o “Finca de San Agustín”, tenía una superficie de 4 almudes y se hallaba en la jurisdicción de Realejo Bajo. Constan en los censos correspondientes sus sucesivas domésticas, se mencionará a doña Felipa Toledo de 46 años y doña Agustina Alonso de 50 años.
[18]El Doctor don Domingo González de Chaves (1798-1866), pedagogo y latinista, fue párroco de Santiago de Realejo Alto (1849-1866) y sufragó ocasionalmente la Función Religiosa de Ntra. Sra. de los Remedios. Era hijo de don José González de Chaves y doña Antonia Pérez Bento. La familia Chaves, que derivó en González de Chaves, es descendiente de Juan Fernández y Margarita Annes, propietarios en Chaves, Escopes, Portugal. Su hijo Francisco Fernández de Chaves testó ante Juan Vizcaíno en 02.11.1542 y su nieto Marcos Hernández de Chaves alcalde que fue de Realejo Alto y mayordomo de la Parroquia de Santiago en el siglo XVI, lo hizo ante Francisco Gil en 16.01.1591. Este linaje fue un referente de Realejo Alto hasta finales del siglo XIX. Desarróllese este tema en, Luque Hernández, Antonio, Perfiles humanos de los primeros asentamientos realejeros tras la Con quista y Las Familias Chaves y Montañés de Tenerife y Fernández Bethencourt, Francisco, Nobiliario de Canarias, t 4, pp. 210-222.
[19]Este documento está catalogado en el Archivo Histórico Provincial de Tenerife, Protocolos 3227, Escribano Agustín Romero Bethencourt, t. 3, codicilo otorgado en Realejo Alto en 23.09.1866, clausula 3º, redactado en estos términos: “así que sean fallecidos los mencionados sus herederos vitalicios, servirán de habitación [las casas] a los venerables párrocos rectores que después de la muerte de su hermana y sobrino, fueren sucesivamente de la enunciada Iglesia Parroquial del Apóstol Santiago de ese pueblo; más claro, que el párroco rector que se halle a la sazón, a tiempo del fallecimiento del último que fallezca de los herederos vitalicios, entre a poseer y vivir dicha casa con la precisa condición de que la ha de vivir sin poderla alquilar a ninguna persona (...)
[20]   Art. 63 de la Ley Municipal vigente ese año.
[21]Ley municipal de R.D. de 2 de octubre de 1877. AA.VV, Enciclopedia Jurídica Española, Francisco Seix. (Ed)
[22]Se infiere de la documentación fiscal del Padrón Vecinal de 1889 del Ayuntamiento de Realejo Alto. 12/1. A. 2.7.1. A.H.M.R, que las tres principales fortunas del pueblo tributaron en este orden: don Eliseo González Espínola con 661,16 pesetas, don José Leal y Leal con 595,02 pesetas y don Pedro Rodríguez de la Sierra con 403,35 pesetas.
[23]Vecino de la Calle del Sol.
[24]Comerciante y vecino de la Cruz Santa, casó con doña Candelaria Armas. Miembro de varias Corporaciones durante los siguientes años, llegó a ostentar la alcaldía.
[25]Vecino de la Calle del Medio nº 3, casado con doña Apolonia Fagundo.
[26]La Opinión, 25/05/1888, p. 2 - Biblioteca de la Universidad de La Laguna. B.U.L.L
[27]Consta en acta de 01.07.1888 que la Casa Rectoral quedó exenta de tasa municipal.
[28]El error u omisión ascendió a un 20% de la población del municipio.
[29]Según reza su acta de defunción. Junto a la bibliografía señalada, la biografía de los personajes se completa, con los volúmenes pertinentes de Defunciones e Índices custodiados en el Juzgado Municipal de Los Realejos.
[30]Su hija, doña María Pestano Olivera, fue Camarera de Ntra. Sra. de los Remedios de Realejo Alto y su hijo, José Pestano, párroco de Ntra. Sra. Concepción de Realejo Bajo (1898-1903), contribuyó con  las fuerzas vivas del municipio, a que la torre de ese templo fuera un hecho. Para ampliar este tema véase, Álvarez García, Jerónimo David, Hipótesis sobre los atentados contra el patrimonio histórico: De la espadaña a la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, La Prensa-EL DÍA, 22.01.2012 y Hernández González, Manuel Jesús, A  comienzo del siglo: la construcción de la torre de la parroquia matriz del Realejo Bajo, Catharum nº 11.
[31]La Opinión, 10/09/1888, p.3. B.U.L.L.
[32]La Opinión, 15/11/1888, p 2. B.U.L.L
[33]El Auxiliar, 06/12/1888, pp. 5 y 8. B.U.L.L
[34]Para un estudio de la figura de Fernando León y Castillo, la “Etapa leonina (1880-1900)” y los conflictos políticos regionales sobre la división provincial, remitimos a Brito, Oswaldo, La Encrucijada Internacional.
[35]La Opinión, 10/12/1888, p. 1. B.U.L.L.
[36]La Opinión, 15/12/1888, p 2. B.U.L.L
[37]El Auxiliar, 16/12/1888. p. 5. B.U.L.L
[38]La Opinión, 20/12/1888. p.1 .B.U.L.L
[39]Con fecha 27.12.1888 y según R.O. publicada en el B.O.P. nº 147.
[40]Consta en el listado de hermanos de la Cofradía de Ntra. Sra. del Carmen en 1867, Hernández García, José Javier, Los Realejos y la imagen de Ntra Sra. del Carmen, p.160.
[41]Propietario y vecino de la calle del Medio. Aunque la distribución de la propiedad estaba en un momento álgido, esto no sería óbice para que las familias acomodadas fijaran su residencia en las calles del Medio, la Alhóndiga y la Plaza.
[42]Propietario y vecino de la Calle del Sol. Padrón Vecinal de Realejo Alto... 
[43]Este cargo correspondería a los actuales Concejal de Hacienda y Depositario Municipal.
[44]Para un desarrollo de la idea de reparto del poder político desde finales del siglo XVIII, véase Guillamón, Javier, Reformas de la Administración Local durante el Reinado de Carlos III.

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