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sábado, 13 de febrero de 2016

INTRODUCCIÓN A LA CULTURA DEL DIÁLOGO


Víctor Yanes

Percibo en España una muy escasa cultura del diálogo. No ya en las élites políticas sino, aún más grave, en la simplificación del pensamiento de los potenciales electores. Amor a las siglas como al equipo de fútbol, amor a los colores, los míos y los tuyos, el desprecio recíproco, la demonización del otro, sea conservador o de izquierdas. La inconsciencia alimentando la semilla del odio.

Vivo en España, y lejos de sentimientos patrios que pueden enviarme a alguna subterránea estancia del fanatismo, prefiero sentirme parte de algo, algo que es una nación, vieja, torturada por el odio y las sospechas y por la pasión de rasgo primario como rasgo distintivo de nuestro acervo psicológico. El revanchismo es el enemigo de la paz y del amor, y admito lo controvertido de mi argumento. No son pocos los que no creen que exista eso que llaman “carácter nacional”, es decir, características generalmente comunes en el comportamiento de los habitantes de una nación, grupo de seres humanos empujados todos por la fuerza de los acontecimientos, de la vivencia social, con su festivo episodio inesperado y su helador navajazo de terror y violencia.

Defiendo esa idea máxima e irrefutable casi, de que de todo hay en todos lados y, no poniéndome a que puedo estar más cerca del prejuicio que del juicio, tanto la manera de ser, de vivir bajo una determinada de limitación territorial como la pesadísima y dilatada experiencia de la historia de las generaciones, configuran  una nada despreciable suma de circunstancias y contextos que influyen en la definición general de carácter nacional o perfiles comunes, frecuentes, que se repiten en la actitud y la manera de afrontar los conflictos.

España es una democracia reciente. En España se sofocó presurosamente cualquier intento valiente y decidido de cambio y evolución. Podemos revisar la historia y la política. Oh! la política, esa eterna maldición que no pocos ciudadanos rechazan, cuando la política no es más que la herramienta más socorrida y útil para comprender y resolver hasta los dilemas más domésticos.


La sociedad es una jerarquía descendente en la que los principales poderes dominantes han dado ejemplo, han marcado la pauta siniestra del desencuentro. Casi nunca en España se gobernó, se gestionó lo público desde el diálogo. En España no se dialoga, se maneja el timón de la nave o se tira uno al mar para morir ahogado. El colmo del orgullo enfermo, la degradación que implica la lucha por controlar los mecanismos de la dominante gobernanza.

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