Evaristo Fuentes Melián
Dice Nietzsche: “El que no es
dueño de sí mismo está condenado a obedecer”. Pero la experiencia de la vida me
sugiere una variante: “El que está condenado a obedecer no es dueño de sí
mismo”. Lo digo porque los cafres
seguidores del equipo ruso en la Eurocopa, obedeciendo consignas, la han armado
en Marsella. Estas peleas son mucho más
virulentas que las peleas callejeras de mis tiempos infantiles, cuando los
desafíos eran en la ‘Carretera del Píche’, que es como llamaban en mi pueblo a
una calle con nombre oficial de un personaje que casi ningún vecino sabía quién
fue.
Los jóvenes viandantes
gamberros de la Rusia de Putin creerán que el salvoconducto para poder entrar
en este mundo mal llamado democrático es bautizarse con señales de basteza y
leña al mono que es de goma, para ponerse a la altura, o a la bajura, de los
hooligans ingleses y otras raleas de peor vivir. Es terrible el grado de
decrepitud al que están llegando. Hay como una consigna en la que es obligado
machacar al enemigo y romper en simultáneo escaparates y mobiliario urbano,
como lo hacía ‘El Cojo Manteca’, con un par de muletas de doble uso: Uno, para
andar, y dos, para destrozar farolas.
Por contraste, estuve viendo
los partidos de promoción de ascenso a Primera.
Girona es una delicia de ciudad, y su estadio con cabida para solamente
unas quince mil personas está rodeado de una verde campiña. Es tranquila la
afición gerundense, no se ven ni oyen exabruptos en sus gradas. Como
contrincante en la promoción está Osasuna, con una afición, la pamplonica, que
anima deportivamente a su equipo, sin exhibición de violencia. Como debe ser.
A la vista del añadido de
presunta corrupción que afecta a las altas esferas --la FIFA, LA ‘FEFA’, LA
‘FOFA’, LA UEFA y demás hierbas-- yo reclamo y solicito que clubes ejemplares
como el Girona y Osasuna, junto a otros equipos modestos pero honrados y
civilizados, formen aparte una Liga Ecológica de Primera División.
He dicho.
Espectador
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