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martes, 28 de junio de 2016

26-J: GANÓ EL MIEDO AL CAMBIO

Manuel Marrero Morales

Pasada la resaca electoral y la decepción inicial, -porque uno tiene su corazoncito y se había ilusionado con todos los cantos de sirena de las encuestas sobre intención de voto-, desde la reflexión y la prudencia comparto algunos pareceres sobre esta segunda vuelta de las elecciones.

Mantener los 71 escaños, a pesar de perder más de un millón de votos en seis meses, implica que disponemos de cinco millones de personas que siguen apostando por el cambio. No hay tal fracaso, como quieren hacernos creer los voceros del régimen.  Hace dos años esto era impensable. No hemos tenido tiempo de parar para celebrar los éxitos, de parar para reflexionar. Estamos en una carrera de fondo y no debemos impacientarnos.

Como apoderado por Unidas Podemos, en dos mesas situadas en una antigua escuela unitaria, a lo largo del día percibí un cambio de actitud en el electorado: algunos de los que el 20-D, sin conocerme, me hacían un guiño de complicidad, no lo manifestaron esta vez. El 20-D ganamos al PP en una de esas mesas y fuimos segundos en la otra. Ahora, el partido de la corrupción casi nos dobló en votos. Y el PSOE también se puso por delante. CC y Cs siguieron perdiendo apoyos.

Como ciudadano activo y crítico he participado en todos los procesos electorales y jamás se había producido tanta beligerancia contra una candidatura política (Unidas Podemos), como en este proceso, que ha durado casi un año, dándole continuidad a las autonómicas y municipales de mayo-2015. PP-PSOE-Cs y CC en estas islas, han hecho un discurso común, unívoco, el discurso del miedo, amplificado desde sus medios de comunicación. Desde esos mismos medios se silenció la corrupción, la pérdida de libertades, los recortes, las privatizaciones, las políticas antisociales, el saqueo de las pensiones, los retrocesos sociales, los desahucios, la pobreza y la exclusión social. Y, de manera especial, se silenciaron y desprestigiaron las alternativas del cambio. Ha sido la campaña de los medios de comunicación. Y aunque hayamos ganado en los debates, han calado más los mensajes simples y reiterados del miedo.

Venezuela, los radicales, el populismo, los anti europeos, la pinza, los comunistas, han sido algunas de las insidias repetidas machaconamente por todos ellos. Y, a tenor de los resultados, ha dado sus efectos: hemos perdido más de un millón de votos en 6 meses, aunque mantengamos los 71 escaños de donde partíamos.

El PSOE está contentísimo porque, contra todo pronóstico, logró impedir el anunciado adelantamiento. Cs continúa desinflándose como un souflé en beneficio de sus progenitores, a los que nunca criticaron. Toda su crítica estuvo centrada en Rajoy, salvando al corrupto PP. Ambos, por activa o por pasiva,  harán posible nuevamente un gobierno del PP. Pero los del PSOE seguirán hablando de Unidas Podemos, de Pablo Iglesias y la pinza, porque en ello están centrados exclusivamente.

La corrupción generalizada del PP y una buena parte del PSOE, CC,... no los ha hecho perder apoyos. Y el discurso del miedo, por el contrario, sí que ha calado hondo en sectores de la ciudadanía que ha preferido la seguridad del "ruin conocido" que la de un amplio grupo de gente joven, honrada y muy solvente académicamente, pero sin experiencia en tareas de gobierno.

¿Qué espera la ciudadanía de Unidas Podemos? En primer lugar, que se curta haciendo una oposición contundente, en defensa de los intereses de la mayoría social. Que evite los tacticismos y mantenga una línea más clara sobre el modelo de sociedad al que aspiramos. Que no se refugie en los despachos ni en los escaños y sigamos impulsando la participación democrática, la movilización en las plazas y calles. Que siga agrandando su base de participación y colaboración con todos los grupos afines y movimientos sociales de cada una de las nacionalidades y regiones,  en plano de igualdad y sin relaciones de subordinación. Que corrija y mejore en democracia interna, participación ciudadana y respuestas a los problemas de las gentes. Que supere las divisiones internas y las actitudes fratricidas. Que, junto al activismo en las redes, seamos capaces de llegar al conjunto de la población de forma didáctica explicando quiénes somos, qué queremos y qué está pasando en nuestro país. Frente al modelo inmovilista de los "conseguidores" debemos tener parte activa y corresponsable en el cambio. Todas las manos, todas las cabezas, todas las voces son necesarias para ponernos manos a la obra.

En definitiva, que no seamos impacientes. Esta es una carrera de fondo y llegan a la meta los que dosifican los esfuerzos, gestionan la resistencia y mantienen la constancia y la coherencia en su actitud.

Tenemos que construir poder popular desde abajo, tenemos que demostrar a los que no confían en nosotros, que somos capaces de gestionar adecuadamente lo público. Y para ello, tenemos que seguir impulsando la unidad popular y las confluencias en todos los municipios de este país, para desembocar en las candidaturas del cambio para las próximas municipales y autonómicas.


De esta forma, nos habremos arropado con la mayoría social y demostrado que somos gentes solventes para producir y liderar el cambio que propugnamos.

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