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miércoles, 27 de mayo de 2026

HOMENAJE Y ÚLTIMO ADIÓS A LA AMIGA Y VECINA NÉLIDA LUIS HERNÁNDEZ

José Peraza Hernández 

En fechas no muy lejanas, concretamente el pasado día 9 de marzo del presente año 2026, recibí una llamada donde me comunicaban el fallecimiento de nuestra amiga y vecina Susana Mendoza García, a la edad de 69 años. La verdad es que me quedé sorprendido y en blanco.

Pues anoche me informaron del percance que sufrió mi amiga y vecina NÉLIDA LUIS HERNÁNDEZ, tras una caída ocurrida el sábado día 21 de mayo, por la que tuvo que ser ingresada.

Pues anoche me informaron del percance que sufrió mi amiga y vecina NÉLIDA LUIS HERNÁNDEZ, tras una caída ocurrida el sábado día 21 de mayo, por la que tuvo que ser ingresada.

Tengo que decir que a NÉLIDA la conozco desde hace más de 50 años, al igual que a su esposo José, conocido por Pepe, un realejero de pura cepa.

Prácticamente, todo lo que puedo decir de ella es muy parecido a lo que ya expresé sobre nuestra amiga SUSANA. Nuestra amiga y vecina, más que compañera, era una gran amiga desde el nacimiento de la “Asociación de Vecinos Candelaria del Norte”, de este lugar de La Vera, perteneciente al municipio de la Villa de La Orotava, la cual comenzó en el año 1997. Parece que fue ayer, pero el tiempo vuela tan rápido como la brisa.

Yo fui socio, luego vocal y finalmente presidente. A partir de ahí, formé mi Junta Directiva, donde permanecí durante catorce años. Durante todo ese tiempo conté con la amiga y vecina Nélida, aunque todos la llamábamos cariñosamente Nena. Quiero destacar que era carne y uña, como suele decirse, con nuestra amiga SUSANA. De hecho, todos los días se visitaban para tomar café y charlar: unos días en una casa y otros en la de la otra. Debo destacar que, en muchas ocasiones, yo también las acompañaba; unas veces porque coincidía y otras por asuntos relacionados con la Asociación.

Como nadie se presentaba a las elecciones y para no seguir siendo siempre este que suscribe presidente, se decidió nombrar a nuestra amiga Nena como presidenta, a Susana como vicepresidenta y yo pasé a ocupar el cargo de secretario, entre otros compañeros.

Tengo que reconocer que nuestras amigas NÉLIDA y SUSANA eran un verdadero motor todoterreno. Trabajaban las 24 horas del día. SUSANA era una persona muy conocida y apreciada por mucha gente. Su trabajo consistía en vender lotería y recorría el barrio casa por casa. Hacía doble labor, ya que aprovechaba también para vender la lotería de la Asociación y, en otros momentos del año, informar sobre excursiones y actividades previstas. Era una auténtica relaciones públicas.

La amiga NENA también colaboraba vendiendo entre las personas más cercanas. Además, era quien se movía para todo lo que hubiera que hacer con su coche. Recuerdo que las comunicaciones que había que realizar a diferentes ayuntamientos o los viajes a Santa Cruz siempre los hacía ella. Y como ejemplo, cuando fuimos a recoger las metopas de cada municipio de la isla, siempre íbamos con ella. Era muy trabajadora.

Su marido Pepe también iba con nosotros muchas veces. Siempre estuvieron muy unidos. Aunque él no conducía, acompañaba a su mujer Nena a todos lados: compras, gestiones y muchos traslados.

De igual manera, ambos colaboraban pidiendo ayudas y colaboraciones a casas comerciales durante las Semanas Culturales y otros actos organizados por la Asociación.

En una ocasión tuve que retirarme durante dos meses por recomendación médica. Entonces propuse, y fue aceptado, que Nena me sustituyera como presidenta de la Junta Directiva. Tanto ella como Susana venían a visitarme y me mantenían informado de todo. La verdad es que tenía un gran equipo y quedan muchísimas historias por contar, como cenas en diversos guachinches o visitas a lugares donde había buen vino, tanto por Santa Úrsula como por La Victoria.

Con estas líneas quiero reconocer el enorme trabajo que realizaron ambas durante tantos años. Igualmente, quiero hacerlo con su esposo José González (Pepe), quien además de socio y colaborador ayudaba también en la capilla que lleva por nombre “Cruz de la Candelaria”. Además, casi todas las tardes venía a ver los partidos y pasar el rato, para luego ir a “mojar el pico” a casa del “Vaina”, que se encontraba en La Güina Alta, lugar cercano a esta Asociación de Vecinos. Éramos también una gran asociación de amigos, donde nació la Peña de “La Ermita”.

Dicho esto, quiero expresar que echaremos muchísimo de menos a nuestra querida Nena, a quien despedimos el pasado día 22 de este mismo mes de mayo, cuando tuvo lugar su último adiós en el Tanatorio del Norte Albia, en La Higuerita, Los Realejos, y posteriormente fue incinerada.

Hay que decir que Nena fue la primera mujer de este barrio de La Vera que estuvo en este tanatorio, y corresponde al fallecimiento número 31, donde se le ofreció su ceremonia por el cura párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Candelaria, don Francisco Jesús Hernández.

Hoy ya descansa en paz al lado de Dios en el cielo, porque se lo ganó a pulso, además de haber sido una gran mujer y una excelente madre.

Mi más sentido pésame a toda su familia en general.

Por último, quiero comunicar que el próximo jueves día 28 de este mismo mes de mayo, a las 7 de la tarde, tendrá lugar la Santa Misa de salida en la mencionada parroquia.

Me despido con besos al cielo.

Tu amigo

José Peraza Hernández

La Vera, 27 de mayo de 2026

LA CRUZ DE FREGEL

José Peraza Hernández

Haciendo una mirada atrás, ahora puedo hablar de hace unos días, cuando tuve el placer de conversar con Rafael García Suárez. Aunque fue en un momento algo gris, aquella conversación hizo que todo se volviera un poco más claro. Le pregunté si conocía a un pariente mío, y eso me llevó de nuevo a aquellos años en los que pateaba esas pistas, saliendo muchas veces desde el centro del Realejo de Abajo, tomando caminos en dirección a Barroso, para luego subir por Los Pinitos, las Vueltas de Tigaiga, hasta llegar a El Lance de Icod el Alto, partiendo después en dirección a La Corona.



Eran caminatas muy duras, de esas que hacías cuando tenías unos días libres. Todo eran metas, siempre con la vista puesta en la siguiente parada, en lugares tan conocidos como El Cabezón, el Paseo de las Vacas, la Fuente Pedro o la Casa Forestal, hasta llegar finalmente a la Cruz de Fregel.

Dicho así, parece coser y cantar, pero no era nada fácil. Había que soltar muchas gotas de sudor, beber un poco de agua y continuar cuesta arriba. Pensándolo ahora, la verdad es que era muy peligroso ir solo. En aquel tiempo no pensabas que pudiera pasar algo, pero hoy puedo decir que era una locura salir solo por aquellos caminos donde no encontrabas a nadie y donde podías torcerte una pierna o sufrir un mareo. Gracias a Dios, nunca me pasó nada.



También tengo que decir que en aquellos tiempos no existían las señalizaciones que hay hoy en día. ¡Qué tiempos aquellos! Tampoco tenía móvil, jajajaja. Pues creo que muy pocos lo tenían entonces.

Después de muchas horas caminando y de haber pasado todos aquellos puntos señalados, la mente solo tenía un destino: la Cruz de Fregel, donde la parada era obligatoria. Allí te santiguabas delante de las tres cruces, tomabas agua y comías algo para recuperar fuerzas. Respirabas aire puro en medio del calor y contemplabas la gran vista que había delante de tus ojos: el padre Teide al frente, y Las Cañadas y el Parque Nacional.

Recuerdo que en aquella época la capilla no estaba bien cuidada. Las cruces estaban ladeadas, todo lleno de pinocha y en un estado de abandono total.

Por eso quiero dar la enhorabuena al “Grupo del Museo” de Icod el Alto, que trabajó conjuntamente con la dirección de Las Cañadas y que hoy ha conseguido restaurar el lugar y colocar una placa donde se recoge parte de aquella historia pasada, digna de ser recordada y dada a conocer.



Aquella “Cruz de la Degollada” o “Cruz de Fregel” era parada obligatoria para las personas que transitaban estos parajes en busca del aprovechamiento forestal y de los recursos de Las Cañadas: colmeneros, pastores, pinocheros, así como quienes cruzaban hacia el sur de la isla para comerciar o vender sus productos, como los cochineros y otros que iban a comprar ganado.

También en este lugar se celebraban las fiestas populares relacionadas con la festividad de San Juan Bautista, el 24 de junio. Lo mismo sucedía en La Corona hasta las últimas décadas del siglo XX, cuando, por motivos de ampliación del Parque Nacional y por la necesidad, obligación y compromiso de conservar y proteger los recursos naturales de la zona, ya no fue posible continuar con ellas.



En la imagen que pueden ver en esa placa aparece la historia con más detalle.

Solo me queda felicitar a todos los que han estado ahí, y a quienes siguen trabajando por el bien de ese Museo de los Cochineros.


viernes, 22 de mayo de 2026

-. LA VIRGEN DE CANDELARIA

 María Perelli

Todos los canarios sabemos la historia de la talla de la Virgen de Candelaria, pero pocos conocen la sutil conexión de devoción que se desarrolla, desde hace casi tres siglos, entre las islas canarias y un pequeño pueblo en el sur de Italia.

La historia que hoy estamos narrando comienza en Tenerife y se debe a la investigación, hecha en 2018, por un estudioso italiano de historia militar, el alférez Giuseppe Coviello de la asociación Unuci-Canarias.

A este estudioso le interesaba sobre todo la vida de un personaje del siglo XVIII, el duque Andrea Bonito Pignatelli, que vivía en el Reyno borbónico de Nápoles.

Para entender el vínculo entre Nápoles y España es suficiente anotar los números ordinales que siguen el nombre del rey Carlos (1716-1788), hijo de Felipe V y de su segunda mujer, la aristócrata italiana Elisabetta Farnese. Se llamó Carlos I como duque de Parma y Plasencia (1731-1755); Carlos VII como rey de Nápoles y Carlos V como rey de Sicilia (1734-1759); por fin, Carlos III como rey de España (1759-1788).

Carlos, cuando era rey de Nápoles, conocía el carácter fuerte y autoritario del duque Bonito Pignatelli y aconsejó a su padre Felipe enviarlo a Canarias, donde había desórdenes por causa de las luchas para el poder entre familias nobles y peligros externos debidos a las incursiones de piratas de varias nacionalidades.

El duque fue nombrado Capitán General de Canarias desde 1741 hasta 1744 y efectivamente puso orden en las islas. Él era muy devoto a la Virgen de Candelaria y en 1742 encargó al preciso y minucioso pintor José Rodríguez de la Oliva, nacido en San Cristóbal de la Laguna en 1695, la reproducción, fiel como una fotografía, de la talla de la Virgen en un lienzo a óleo.

Al regresar a Italia, precisamente a Bonito, provincia de Avellino, comarca de Nápoles, el duque llevó consigo el retrato, que luego donó a la Iglesia Madre de Bonito o Iglesia de la Asunción (Chiesa dell' Assunta en italiano), donde está hasta el día de hoy.

Unos ochenta años después, en 1826, o sea desde hace exactamente 200 años, un gran desastre meteorológico ocurrió en Tenerife por el Aluvión, como nos señala el experto de historia canaria Don José Peraza, que consultó muchos documentos de aquella época.

En dicho año se produjeron grandes oleadas, lluvias torrenciales, vientos huracanados y varios destrozos sobre todo en las zonas del valle de La Orotava y de Candelaria. Se llamó el temporal de San Florencio. Más de 250 personas fallecieron, 600 y pico viviendas fueron destruidas, miles de cabezas de ganado murieron.

Y la antigua talla de la Virgen de Candelaria desapareció para siempre en el océano.  La talla estaba provisionalmente puesta en un costado donde se encontraba la Cueva de San Blas, donde los dominicanos se encargaban de seguir la lenta construcción de la Basílica de la Virgen.

En el año siguiente, el escultor orotavense Fernando Estévez del Sacramento, que nunca había visto la talla precedente, hizo una nueva talla, que sin embargo fue bien aceptada y venerada.  Ahora se encuentra en la bonita Iglesia que, en 2011, obtuvo por el Papa Benedicto XVI la importante denominación de Basílica Menor.

Basado en lo que se ha contado, se puede decir que el lienzo que está en la Iglesia de Bonito (Italia) y que los fieles de aquel pueblo veneran como la "Madonna della Candelora", es la única representación de la primera y original talla de la Virgen que dos pastores guanches encontraron en 1390 en la orilla del mar de Tenerife.

Adjuntamos la imagen del cuadro que publicó el alférez Giuseppe Coviello.