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sábado, 6 de enero de 2018

UNA MANADA DE LOBOS EN BUSCA DE PRESA

Lorenzo de Ara

Cuán aburrida tiene que ser la vida de algunas personas. Una cámara, una obsesión, un levantarse y salir en busca de lo peor de lo peor de lo peor de una ciudad. Una esquina, una palmera, una papelera, un columpio, una pared, un borracho, un vagabundo, la deposición de un perro. Así transcurren los días de las personas que han jurado a un dios ciclópeo que el gobierno local es lo más pernicioso que le ha pasado a la ciudad desde el asesinato de Caín. Todo mal. Pestilencia insoportable a calamidad, nulidad, soberbia, fetichismo, ineptitud. No existe el espacio necesario para observar los acontecimientos con serenidad y algo de inteligencia. Una oposición desbocada y una tribu en las redes sociales que perfora la paciencia de Job.

Una ciudad no puede aspirar a mucho cuando son innumerables los ojos que sólo ven lo que la mentira les proporciona. Se aferran al espejismo. Todo está mal y va a peor. Es un oasis de calamidad donde beben los detractores del optimismo.

¿Ciudad sucia? La mía. ¿Gobierno inútil? El mío. ¿Ciudad muerta? La mía ¿Barrios abandonados? Los míos. La lista de obscenidades políticas es infinita. O sea, que un gobierno, con sus hombres y mujeres, han llegado con el objetivo de demoler la ciudad y las vidas de los vecinos.  En su día se reunieron, naturalmente en una oquedad, sumidos en las tinieblas, y, a media voz, dispusieron cómo hacer trizas las ilusiones de un pueblo.

El voto le condujo al poder. Y la bienhechora oposición, cargada de proyectos regeneradores, se quedó apartada, sin armamento, depuesta por los deshumanizados gobernantes que comen niños, pero, sobre todo, se atiborran con sus propias mentiras y, así, ya van más de dos años, viven destruyendo todo lo bueno que tiene la ciudad.

PD. Un alcalde habló en su día de “pesimismo antropológico”. No se equivocó. Un día de estos alguien dirá la verdad de cierta oposición (y de líderes en ella). Si llegara la oscuridad a las redes sociales, la mudez, la clausura definitiva de tanto submundo irracional, a lo mejor, quién sabe, esa ciudad, entre todos, tendría más fácil recuperar, por lo menos en parte, el protagonismo perdido. Pero se confunde la validez de una sociedad crítica con la moda de pertenecer a una manada de lobos en busca de presa.

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