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sábado, 4 de mayo de 2019

EN DIRECTO, DESDE LA CALLE


Salvador García Llanos

La concentración, con mucho de espontaneidad, como el espíritu de la radio misma, terminó convirtiéndose en un programa en directo, desde la calle, en el exterior de la sede. Solo con un dispositivo que sirvió de megáfono y con los soportes de unos cuantos dispositivos móviles para dar fe de lo que sucedía.

La concentración de los trabajadores de Radio El Día y El Día Televisión, en plena jornada festiva, sirvió para hacer visibles las consecuencias y para que pudieran despedirse. 

Unas decenas de oyentes y varios compañeros les respaldaron. Algunos viandantes se sumaron. Sindicalistas con banderolas. Se escuchó un grito, no secundado pero revelador: Periodismo precario, democracia en peligro. La sensación de orfandad fue progresivamente disminuyendo. 

Ginés Castellano, al micrófono, fue dando paso a testimonios de profesionales y de oyentes, algunos cargados de inevitable emoción, todos plenos de vitalidad radiofónica en los que se contrastaba las ganas de seguir trabajando, de continuar sumando y comunicando. Una queja común: ni siquiera les dejaron despedirse. Sin señal, o barrado y a negro.

Pues la concentración, ese programa, fue un canto de dignidad. En directo, desde la calle. La dignidad a menudo pisoteada, la desesperanza. Lo que significa un puesto de trabajo. Lo que supone perder el empleo. Los empleados de las dos cabeceras dieron una lección de dignidad, concentrándose allí, en plena vía, contando respetuosamente sus cuitas, en demanda de algo, de una explicación, de un diálogo pendiente que alimente la esperanza de volver a conectar con la que gente que espera al otro lado.

Dignidad porque la profesión les duele y su compromiso, con la información, con los oyentes, con los televidentes, es superior. Fue un programa improvisado, sin guión ni escaleta. Por eso se acentuó la dignidad, por sentido de la responsabilidad y porque hay hechos que no merecen pasar inadvertidos cuando tantas cosas están en juego y sufren trances tan delicados: menor pluralismo informativo, pérdida del empleo, para resumirlos.

Los trabajadores dieron una lección de dignidad. Otro empujón a lo que ya es algo más que un eslógan: sin periodistas, no hay periodismo. Y sufren las libertades. Y pierde la ciudadanía.

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