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lunes, 15 de agosto de 2016

DESMITIFICAR A MICHAEL PHELPS

Evaristo Fuentes Meliaán

Vaya por delante que mi intención es bajar de su pedestal, desmitificar, a un mito llamado Michael Phelps.  Por mucha parafernalia que le hayan añadido a Michael Phelps, ese atlético nadador que se ha bebido todas las medallas de oro—menos una, que se la birló un chiquillo procedente de Singapur--, a mí me parece que Phelps, con esa cara de pánfilo que Dios le dio, es un ente humanoide, un robot, una caricatura del hombre araña. A Michael Phelps, nada más salir del claustro materno, por su manera de mover y sacar sus manos, desde que rompió aguas su feliz mamaíta, los conspicuos especialistas deportivos dijeron: “éste, ¡pa natación!”.

A partir de ahí, el niño Michael Phelps fue creciendo físicamente, pero sentimental y sicológicamente se constituyó y devino en un grandullón infantiloide de marca mayor, y nunca mejor dicho. En vez de aprender en el jardín de la infancia las obscenidades que aprenden y dicen todos los peques, a este Michael Phelps le enseñaron una retahíla inaguantable; es decir, que en vez de caca, pis y mama tetas (dos), le obligaron a pronunciar repetitivamente “piscina, piscina, piscina”.    

Michael Phelps, tío, permíteme que te tutee: confieso que me has decepcionado, la vida tiene otras metas además de las de llegar primero después de recorrer cientos de metros, como un orate, ‘pacá y pallá’, en un vaso acuoso milimétricamente rectangular, que ni siquiera tiene un solo pulpo gigante de cemento como los que hay en las piscinas para recreo de los niños. Además, esto de nadar lo hace hasta una señora coja, que en la playa que yo frecuento hay que ayudarla en la arena a entrar y salir del agua, pero ya dentro del líquido elemento se defiende mejor que nadie.

Eres un simplón de tomo y lomo, Michael Phelps, te has pasado la vida nadando en piscina, pero ni siquiera sabes lo bonito y placentero que es ver a una gaviota canaria posándose en un risco de la costa.   
                                                                              
Espectador


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