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sábado, 10 de febrero de 2018

VIRGEN DE CANDELARIA, PUERTO DE LA CRUZ, Y LA IMBECILIDAD PATOLÓGICA


Lorenzo de Ara

Está leído. Lucas: 20.25: “Pues dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. ¿Es así, ¿verdad? Pero no. A veces lo hace el cura o el obispo de turno, otras, el político aprovechado o sencillamente equivocado. La Virgen de Candelaria convertida en protagonista de la política tinerfeña. Ella seguro que no quiere. Qué va a querer. Ella está muy atareada con lo que tiene. Nosotros, los creyentes, perseguidos porque es la moda de la progresía embrutecida y zafia, también porque la derecha acomplejada no se atreve a defender los valores cristianos, creemos que a Nuestra Señora no la deben tocar los desesperados políticos que piensan (año preelectoral) en urnas y votantes aborregados. Pero si ha habido daño, éste ya está hecho. Se busca en el cubo de la basura lo que haga falta para contentar a las masas. ¡Que lleguen al orgasmo! Curas sin fe que vacían iglesias y hacen nacer el tedio, cuando no la náusea entre los feligreses. Me encuentro entre ellos. Políticos arribistas que se suben a los altares para profanar verdades y descender a la arena de la cerril contienda electoral en permanente ebullición.


Virgen de Candelaria llevada a los titulares de periódicos cebando la fama de vulgares depredadores de la política.

El Puerto de la Cruz no necesita estar mirando permanentemente hacia el pasado. No debe fastidiar invocando a los años de máximo esplendor.


Nuestra ciudad, compitiendo con ganas, asumiendo los riesgos, pero sin un ápice de debilidad, es como único podrá ganar la confianza de otras administraciones y, por supuesto, la de esos turistas (casi un millón en 2017) que apostaron por nuestros hoteles, nuestras piscinas, nuestra gastronomía, nuestra cultura, nuestro entorno, nuestro clima, nuestra gente. Del pasado no podemos vivir en un mundo que exige máxima eficacia. No hay que enterrarlo. Podemos sentirnos orgullosos de todo lo que hemos dado a la Isla, Canarias y España. Y sabiendo que un día tocamos el cielo, trabajar unidos para jamás pisar el infierno.

La rutinización ante lo banal es la condena. Confundir la velocidad con el tocino es muy propio entre imbéciles del periodismo y de la política. La portavoz de Unidos Podemos en el Parlamento español Irene Montero se ha referido a sí misma como “portavoza”. ¡Ridícula! Ha habido otras que han hablado de ser “miembras”. La imbecilidad patológica en algunas mujeres (y hombres) es el peor olor de esta democracia con un amplísimo porcentaje de gentuza. La incógnita consiste en saber si los sanos van a tolerar por más tiempo esta regresión que pretenden imponer Podemos, PSOE y la tribu de descerebrados que galopan a lomos del odio y la memez.