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martes, 13 de febrero de 2018

¿UNA NUEVA RAZA ARIA?


Pedro A. González

Podría decirse que las noticias que nos llegan en estos últimos meses desde Cataluña han colmado el vaso de la paciencia de los españoles, quienes, con resignación, ven como los informativos una y otra vez nos sacuden con las noticias relativas a Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Elsa Artadi y compañía. De esta forma, si al resto de los españoles nos aburren ya con unos pocos meses, podemos llegar a la conclusión, sin temor al error, que quienes han recibido proclamas independentistas durante más de treinta años, que son los que lleva gobernando CIU (ahora se llama PDeCAT y/o JpC porque los pillaron robándoles el 3% a todos los catalanes), principalmente de TV3 y otros medios de comunicación a sueldo, han acabado o bien desquiciados o bien adoctrinados, pues únicamente así se puede llegar a comprender determinados comportamientos.    

Y es que ciertamente se desprende un cierto tufillo supremacista en el mensaje catalano independentista, tal y como recientemente la profesora de la Universidad de Copenhague Marlene Wind, Directora del Centro de Política Europea, quien ha manifestado en una entrevista que el discurso de los independentistas no lo escuchábamos en Europa desde la II Guerra Mundial. Tal es así que, cuando oímos que se justifica la independencia porque “España nos roba”, no deja de ser la creencia del independentista que es mejor que el resto de españoles, que está por encima de ellos, y que es más productivo que el resto. Sólo teniendo en cuenta esto podemos llegar a entender como Josep Rull llegó a afirmar que aspiran a una Cataluña libre y gloriosa, cuya supervivencia depende de derrotar a sus poderosos enemigos.     

Muchos amigos del “buen ismo” se echarán las manos a la cabeza con la lectura del titular de este artículo que, al final, no deja de ser una reflexión, equivocada o no, de los motivos por los que se ha llegado a esta situación, pero que, sin lugar a dudas, pone de manifiesto que por parte de los independentistas, consciente o inconscientemente, se creen mejores que los demás por el mero hecho de haber nacido y, a veces, sólo por haber crecido, en la comunidad autónoma de Cataluña. Tal es así que, el hasta hace poco vicepresidente de esa región, Oriol Junqueras (hoy en prisión preventiva), llegó a afirmar en un artículo de opinión la existencia de diferencias genéticas entre los catalanes y el resto de españoles, creando la “raza catalana”, realizando un cierto paralelismo con el ya olvidado RH negativo de Arzallus que, según él, tenían los vascos.   

 Y lo más curioso de todo es que la defensa de estas tesis, podríamos quizá decir supremacistas, se hace alegando la defensa de la democracia, porque ellos afirman ser más democráticos que los demás, lo que nos recuerda aquella frase de la senadora Padmé cuando el canciller Palpatine se hacía con el poder: “así es como se muere la libertad, con un estruendoso aplauso”. No permitamos que quienes manipulan la democracia a su antojo con el único fin de proteger sus intereses nos hagan que el resto, los que pretendemos que se respete la ley, nos creamos que no somos democráticos.