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martes, 13 de febrero de 2018

PUENTE CARRERA-CALVARIO EN LA OROTAVA


Evaristo Fuentes Melián

Prólogo. Exposición de motivos. - Quizá no fuera necesario construir el Puente entre las calles Carrera y Calvario de La Orotava (años 1960-65 aproximadamente), demoliendo para su ejecución el edificio de la Juventud Católica y la casa vivienda y carpintería anexa. Se hubiera solucionado el problema (si es que lo había) agilizando la circulación de vehículos en la zona urbana circundante (principalmente calles Carrera, Calvario, San Agustín y Tomás Zerolo), con la habilitación de edificios para aparcamientos, como los que luego se habilitaron, por ejemplo, en la calle de La Iglesia, zona de San Agustín, La Sidrona, etc.

Antecedentes. - Desde los años cincuenta, siglo XX, empezó a bullir en el pueblo la idea de construir este Puente de unión rectilínea entre las calles del Calvario y La Carrera. Hay un testimonio significativo: cuando nos visitó en 1958 Juanito Navarro con su compañía de revistas, escenificaba pequeños episodios humorísticos, y en uno de sus ‘gags’ (golpes) en el escenario de la hoy Sala Teobaldo Power, hablando de un tema de la trama que tenía dificultades, dijo:

“¡Este asunto es más complicado que hacer el Puente entre las calles Carrera y Calvario!”.

Era un detalle de agradecer a Juanito Navarro, que en las localidades donde actuaba, se iba enterando de los problemas respectivos para luego soltarnos jocosamente…Muchos años más tarde, Juanito Navarro (1924-2011) fue candidato derrotado a la presidencia del Real Madrid.

En los años cincuenta, en localidades como La Orotava donde “nos conocemos todos”, solamente tenían coche privado algún terrateniente de la aristocracia, el notario, unos pocos empresarios de grandes almacenes y algún profesional liberal. Conocí a un médico en concreto, que terminó su carrera en 1950 y se compró su primer coche cinco años después. Además de las guaguas encarnadas, también había una parada de taxis para la gente pudiente (en el vulgo: ‘gente rica’) y otra de coches piratas que salían hacia Santa Cruz según se iban llenando.   

Construcción del Puente. - Auspiciado por los ediles y la novelería de las fuerzas vivas e influyentes creadores de opinión favorable en la mayoría de la población, se procedió a la construcción del Puente Carrera-Calvario, que resultó ser un mazacote de hormigón sin gracia ninguna, que deja amurallado cual muro de las lamentaciones el costado sur del olvidado callejón de Los Rosales, situado en cota inferior. Luego, paulatinamente, se fue mejorando urbanísticamente, con edificaciones en el costado sur del Puente, junto a la plaza del Kiosco o Constitución, y se embelleció con una bonita baranda rematada con artísticos macetones por el lado norte, desde donde se divisa una bella panorámica rematada por nuestro inmenso océano Atlántico; es la misma panorámica, por cierto, que se veía junto a los bancos de cemento para el sosiego de la clase proletaria, existentes en dicha plaza desde antes de hacer el Puente.

Aún se conserva en el tramo final del Puente, cerca de La Carrera, un pequeño quiebro en la acera norte, con su buzón de correos, donde dan ganas de hacer pipí (dicho sea, en plan cursi), si vienes festivamente atiborrado de copas… Es una esquinita muy apropiada para ello. Y perdonen el chiste fácil y grosero.

Epílogo. - Después de tantos años, volver a cuestionar la idoneidad de este Puente quizá parezca extemporáneo y anacrónico; pero estas líneas, queridos lectores, son sólo un bosquejo crítico. En principio, ese Puente fue un adefesio en medio de un barranco.

Como diría un mago: “Sin necesidad ninguna”.

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