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sábado, 4 de febrero de 2017

PROCESO VITAL DE LA SOLEDAD

Antonio-Pedro Tejera Reyes

En esta confusión en la que nos encontramos los mortales sobre los valores naturales que nos rodean, una personalidad de mi más íntima relación, me pide el comentario sobre un texto deslavazado, en el cual, lo único coherente es la inseguridad que refleja quién lo ha producido, sobre los valores de la vida, el tránsito por este mundo, y las peculiaridades que todo este entramado conlleva.

Poco habrá que rememorar sin hacer demasiado esfuerzo, para concretar una respuesta fiel a tanta confusión, cuando la experiencia de muchos años, nos ha puesto en las más insólitas situaciones donde la pericia y la necesidad nos han ido llevando con su sapiencia, hasta nuestra actual situación ante la vida, soportando escenarios donde la infidelidad, la injusticia, la incomprensión, la sinrazón y la maldad, han vivido enfrentadas a los más altos valores del respeto, el amor, la honradez y la honestidad, como dicen los principios de Rotary Internacional… La buena fe como norma en toda nuestra actividad, el aprecio a toda ocupación útil y la dignificación de la propia, la aplicación del ideal de servicio en toda nuestra vida familiar, profesional y pública, la buena voluntad y la aplicación de la cultura de paz, en todo nuestro recorrido…

Nos llevan estás reflexiones a considerar que nuestra actitud ante el mundo debe ser equitativa para todos, debe crear buena voluntad cargada de honestidad, y ser beneficiosa para toda la comunidad. Nada más.


Asentamiento principal del Archipiélago Juan Fernández, el poblado San Juan Bautista, en la isla Robinson Crusoe, en medio de Océano Pacífico a 720 millas de las costas chilenas, un lugar para descansar y evadirse del mundo “civilizado” …

La confusión que pueda producir en la consideración de las cosas que son importantes o no para las personas, deberían estar contestadas en estas profundas líneas anteriores sin más aditamentos, pero ante toda esa serie de incógnitas que existen en el referido texto aludido, nos provoca adentrarnos en otras consideraciones, que nuestras experiencias nos colocan en la mente, como simples respuestas a las incertidumbres que se encuentran reflejadas en el mismo.

Pareciera imposible cambiar el sentimiento y el razonamiento humano de aquellos cuyos genes vienen tarados desde su propia cuna. Si todos pensáramos que lo mejor es la paz, no habría guerras.

Decía un famoso escritor americano que “la maldad no descansa”. Esto, que parece no tener mayor relación con nuestro pensamiento, lo tiene y mucho, pues forma parte del escenario que nos rodea y que nos hace sentir lo que hacemos, lo que pensamos y lo que vivimos.

Está claro que lo importante es lo que abarca a toda la comunidad. No lo que satisface nuestro propio ego. Esta es una respuesta contundente que deberíamos hacernos ante cualquier situación, y que seguro si hubiese sido practicada por quienes nos han vilipendiado en esta vida, estaríamos en muchas mejores condiciones para seguir la senda de la cultura de paz que abrazamos con todas las fuerzas que nos quedan, una labor que llega mucho más lejos en su proyección mundial de aquello de “el deber cumplido”, pese a quienes les pese.


Mercadillo de los hipiles, en la isla española de Ibiza (Baleares) emporio de la comunidad mundial “protestante”, donde desde los años sesenta del pasado siglo se podían presenciar los más extraños personajes.

En nuestros comentarios públicos sobre las consecuencias, hemos puestos muy en claro que no podemos pretender que todos entendamos que es lo importante, o a que se le debe dar importancia. Los seres que han nacido con intenciones ególatras, es muy difícil cambiarlos. Detrás de todo esto están las malas ambiciones inconfesables contrapuestas con la honradez y la honestidad de principios.

El que una persona se sienta feliz con lo que hace, como vive, o con quién trata, forma parte de un ambiente mítico que viene desde sus propios genes, algo perfectamente demostrable cuando vemos el proceso de las generaciones… “es de buena familia”, quiere decir algo. Existen modelos que conocemos, de una y otra parte, que dan la razón, pues desde “una buena familia” se puede engendrar a un ladrón o a un asesino; y por la otra razón, hemos sido víctimas, de quienes han seguido en su vida la senda de la maldad: “se puede ser todo lo malo que se quiera si es que nadie se entera”.

Es indudable que detrás de todas estas reflexiones tiene que comparecer la humildad. Si esta no existe es muy difícil aceptar muchas de las situaciones que se nos plantean a diario. Perseverar en nuestro deseo de ser útil a la sociedad es algo complicado si pensamos que lo nuestros es siempre lo mejor. Un examen de conciencia o la entonación del “mea culpa” no sirven para nada cuando se ha hecho el daño. Esta aseveración es una respuesta exacta a toda la larga serie de consideraciones que se nos han hecho en el escrito que refiero, y cuyo matiz, está signado por una larga serie de inseguridades que afortunadamente, nosotros tenemos desde hace años contestadas, atendiendo a las razones que en dos señaladas memorables ocasiones nos fueron expuestas por dos solitarios personajes; uno en la española isla de Ibiza, en los tiempos de los hippies, y el otro en la isla de Robinson Crusoe, allá, en el Archipiélago de Juan Fernández – 720  kilómetros, en medio del Océano Pacífico – de la costa de Chile.

Las cosas no tienen la importancia que nosotros queramos darle, su importancia está en el valor real que tienen para la sociedad…

El proceso vital de la soledad tiene mucho que ver en esto.

*Del Grupo de Expertos de la Organización Mundial del Turismo de la ONU

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