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sábado, 18 de febrero de 2017

ARTE DE LUTERÍA (Y MÚSICA EXQUISITA)

Salvador García Llanos     
       
David Sánchez cambió su maestría de educación física por el pequeño taller que abrió en El Ortigal, donde perfecciona su condición de lutier, esto es, una persona que construye o repara instrumentos de cuerda. Y para quienes no tenían otra referencia de la lutería que la más o menos apreciada en las actuaciones del grupo argentino de humor, Les Luthiers, ahora tienen una excelente oportunidad de contrastar su arte en la exposición que ofrece (hasta el próximo 2 de marzo) la sala La Ranilla Arte Cultura bajo el título “Lutería, de la tradición a la expresión”, inaugurada anoche con presencia del consejero de Empleo, Comercio, Industria y Desarrollo Socieconómico del Cabildo Insular de Tenerife, Efraín Medina, quien descubrió el lugar para su satisfacción.

Sánchez presenta doce instrumentos que reflejan un quehacer exquisito, un probado amor por la obra bien hecha. Es la artesanía elevada a la exquisitez. Si, por un lado, el autor trata de romper la rigidez que, en muchos casos, parece caracterizar el oficio, no solo lo consigue sino que logra también una originalidad fuera de lo común con sus nudos, sus pliegues y sus curvas, formas caprichosas y filigranescas que revelan un quehacer esmerado, una labor manual que arranca, si se quiere, de un retroceso al pasado para avanzar hacia concepciones en las que resulta visible una confección pletórica de matices plásticos y estéticos.

Huye David Sánchez de la repetición mecánica de piezas, como si desafiara la producción industrial con una creatividad osada y perfeccionista. Es, si se quiere, una forma de reivindicar la artesanía pura, hasta hacerla una “disciplina artística por derecho propio”, un primer paso fundamental para poner en valor el trabajo de quienes se dedican a estas labores y a duras penas ven recompensadas su dedicación.

Los doce instrumentos que exhibe en La Ranilla Arte Cultura son el fruto de la exploración, de nuevas incursiones para hacer ver que los obstáculos no son insalvables, sean cuales sean los materiales que se empleen. Cuando las cuerdas de las guitarras, las contras y los timples ya están dispuestas, aptas para tensionar y afinar, el artista habrá completado una tarea singular, primorosa.

Como lo fue también la presentación de Josele Del Pino, un portuense virtuoso de la contra y del timple, que deleitó, junto a su alumno, el realejero José Javier Machado, con unas interpretaciones que reflejaron el dominio de las cuerdas de estos instrumentos. Josele, además, originario del barrio, se llevó hasta La Victoria los aires de la marea y los ambientes de la plazoleta Pérez Galdós, su pasión por la música. Allí compone, investiga y enseña. Con fresca espontaneidad, no solo introdujo el arte de David Sánchez, sino que explicó, sin estridencias, el alcance de su quehacer. Del Pino es ya un timplista consumado, un músico al que hay que escuchar con atención pues en cada entrega hace gala de una soltura sobresaliente, como si se paseara por las cuerdas e invitara a que le acompañasen en una nueva interpretación. Su discípulo, desde luego, ya lo hace.

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