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sábado, 24 de diciembre de 2016

MIEDO AL PASO DEL TIEMPO

Juan Antonio Gómez Jerez

“El tiempo se había convertido en algo impreciso, una especie de acordeón que se estiraba y se encogía a su antojo”.

Cita de: Mónica Carrillo

Sin embargo, desde nuestro punto de vista, el tiempo y su paso, son circunstancias relativas, a la vez que nos puede resultar contradictorio y a veces juguetón. El tiempo, como lo concebimos los seres humanos, es quizá una mera media para ayudarnos a situar nuestras vidas en un entorno físico.

El hecho es que cuando estamos en una situación cómoda, agradable y feliz de nuestra vida, el tiempo pasa de una manera rápida y sin embargo cuando estamos en una época de tristeza y depresión el tiempo pasa de una forma lenta, ¿A caso no es el mismo tiempo?

Cuando el tiempo pasa inexorablemente, sin piedad y nos parece que se nos escapa de las manos, es cuando aparece el miedo, ese miedo irracional al paso inevitable del tiempo, aun sabiendo que tan sólo es una medida de cantidad para situarnos físicamente, aún así todos experimentamos ese mismo miedo.

El tiempo y su paso es una dimensión invisible, sólo tangible en los anillos de más de los árboles, en los centímetros de más de los niños o en blanqueo paulatino del cabello de las personas.
Pero quizá el tiempo no exista, o por lo menos no en la forma y manera en la que nosotros lo concebimos como seres físicos.

Muchos de nosotros, tememos esa sensación del paso del tiempo, quizá sea porque queramos controlar el paso de los días, el paso de algo que no podemos ver y sin embargo nos afecta tanto a nuestra existencia.

Por extraño que nos parezca, hay muchas personas que le temen a esa sensación, la de no poder controlar el paso de los días. Y es que resulta contradictorio el gran poder que ha llegado a ejercer el ser humano en la ciencia, en la tecnología, en la medicina… Hemos avanzado en multitud de disciplinas, y, sin embargo, seguimos siendo incapaces de frenar el paso del tiempo y sus efectos en nosotros mismos, de impedir la llegada de la vejez y su consecuencia final: La Muerte.

La vida merece ser vivida con intensidad, no hace falta escalar montañas, o viajar a Marte, las cosas pequeñas las cosas cotidianas de la también tienen y deben tener su gran valor. El tiempo, probablemente, esté en nosotros mismos.

Hemos de ser conscientes de que sí, de que va a pasar, de que creceremos y nos haremos mayores, de que un día nos vamos a mirar al espejo y vamos a ver nuestro rostro diferente…


Quizá tan sólo seamos pasajeros de este mundo y haya que vivir la vida día a día, minuto a minuto, quizá esa sea la solución.

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