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sábado, 17 de marzo de 2018

LOS GUANCHES Y EL PUERTO DE LA CRUZ


Agustín Armas Hernández

HISTORIA Y NOSTALGIA DE UN PASADO QUE NO CONOCÍ

HALLABAME en mi habitual puesto de trabajo cuando de repente me sentí transportado. Mi mente se perdía en el pasado: me preguntaba cómo sería de bonito el lugar y entorno donde hoy se encuentra ubicada la «ciudad turística», antes, con los guanches y en los años inmediatos a la conquista de la isla de Tenerife por los castellanos hace 524 años. Tuvo que ser muy lindo, me repetía, a juzgar por la belleza paisajística del Valle de La Orotava, que aún persiste pero que va degradándose paulatinamente por motivos que todos conocemos.

¿De dónde vinieron los guanches? Nadie lo sabe ni sabrá. (Solo oímos conjetura, suposiciones) Los poquitos que quedaron —después de la conquista— se mezclaron por igual con los españoles. Nuestros historiadores nos aleccionan diciendo que los súbditos de los Reyes Católicos no fueron los primeros en intentar la conquista de las Islas Canarias, en otros tiempos llamadas Afortunadas. Probaron antes sin éxito entre otros, portugueses y franceses. Los navegantes que se acercaban por el Atlántico al continente africano tuvieran que tropezar por fuerza con las Islas Canarias. Es de suponer que, al llegar a la costa del Valle Taoro (hoy Puerto de la Cruz) como a cualquier otra de las islas, los indígenas los, recibieran con amabilidad. Los marinos ofrecían a los guanches algunas chucherías europeas, y a cambio estos recibían de los guanches productos frescos de la tierra y agua abundante para seguir hacia África o de regreso a Europa.


Como dije anteriormente no fueron los españoles los primeros en el intento de tomar las islas, pero sí fueron éstos quienes las conquistaron para la Corona de España. En 1494 caía Tenerife invadida desde el sur. Dos años más tarde, en 1496, los castellanos sometían a los principales reyes guanches en el valle Taoro, completándose así la conquista de Tenerife. Habían pasado ya 303 años de la conquista por la católica España, cuando he aquí que un marino inglés, el contralmirante Horacio Nelson en 1797 que venía al mando de unos navíos de guerra, codiciando la isla reclamaba para la corona inglesa. Desconocía que la Virgen de Candelaria en 1392 o sea, 105 años antes de terminar la conquista de Tenerife, se apareció a los guanches como preludio de que serían llamados al Evangelio por la católica y evangelizadora España. ¡Por favor, usted! ¿me puede atender? —Solicitaba un cliente— ¡Oh, sí, perdone! Creí que dormía. No señora, pensaba solamente.

 Atendida la señora mi mente volvió al pasado portuense.

 Llegó la hora de cerrar la tienda, cogí la cámara fotográfica, y me dirigí a indagar en calles y plazas de la ciudad turística.

He aquí lo que mi bolígrafo y después las teclas de mi ordenador pudieron transcribir. En la base de un busto, alzado en la plaza de la iglesia, se puede leer: «al ingeniero Agustín de Betancourt. El Ayuntamiento de su ciudad natal»: Fundador y primer director de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, inspector general de Caminos y Canales de España.


Constructor del telégrafo óptico de Madrid y Cádiz. Fundador del real gabinete de máquinas de Madrid. Inventor de la máquina de vapor de doble efecto, de la draga y la esclusa de émbolo buzo. Caballero de la Orden de Santiago, miembro de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Director general de Puentes y Calzadas del imperio ruso bajo el Zar Alejandro I. Fundador de la Escuela de Puentes y Calzadas de Rusia. Teniente general de los Ejércitos del Zar. Constructor del picadero de Moscú y de la feria de Nijni Novgorod. Caballero de la Orden imperial Rusa de San Alejandro Newski. Nació en 1758 en el Puerto de la Cruz, murió en San Petersburgo en 1824. ¡Como para que alguien se comprometa a decir que del Puerto no ha salido nada bueno! ¡Casi nada! como diría un buen andaluz ¿Qué les parece a ustedes? Otros grandes personajes, sabios e intelectuales, ha dado al Puerto de la Cruz tales como los hermanos Iriarte. En la entrada de la casa donde vivieron —actual calle San Juan Núm. 17—hay una placa con la siguiente inscripción: «En esta casa nacieron los ilustres hermanos: don Tomás (18-9-1750), don Bernardo (18-2-1735), don Juan (21-12-1735), don Domingo (18-3-1739) de Iriarte y de las Nieves.


Doy nuevos pasos y en la actual calle Blanco Núm. 17. Ves una casona de tiempo fundacional, y en la fachada una lápida con la siguiente inscripción: «Aquí nació José Agustín Álvarez Rixo, alcalde e historiador de esta ciudad 1796-1883». Espero recordarlos en futuros artículos. Transcribo a continuación algo sobre otro ilustre personaje que, aunque no nacido en el Puerto, sí formó parte de su vida y qué hacer. Se trata del fundador de esta ciudad, entonces llamado Puerto de Orotava. En el último tramo de la calle Quintana (estratégica vía que une la zona de Martiánez con la plaza del Charco) y en la base de otro busto allí erigido leemos: «.J. Antonio Franchi Luzardo y Ponte del Castillo; Regidor perpetuo de la isla de Tenerife. En 1603 fue comisionado por el Cabildo para señalar sitio para construir la parroquia y la plaza de este puerto. Levantó las primeras fortificaciones ya desaparecidas y participó activamente en su defensa. Señaló el trazado de sus calles. El Puerto de la Cruz reconoce su valiosa contribución al desarrollo de esta ciudad». A estos personajes del pasado y a los amantes de la poesía, dedico estos versos:


Recuerdos que trae el viento

 Por senderos muy extraños

Mirad, por favor no me hagáis daño

 ¿Porqué, me afligís con vuestro encanto?

Mira que mi corazón palpita

Se mueve rápido, en su letargo:

Pensamientos, recuerdos, nostalgias

 Iros, iros de prisa... iros de largo...

¡Qué sois vosotros, ángeles, o duendes!

 ¿Por qué traéis a mi mente el pasado?

 Yo que deseo olvidarlo, sacrificarlo

Tiempos idos que por feliz odiado

No lo veis, es tarde, no quiero recordarlo

 Devaneos y sutilezas ya pasaron

 No me tentéis, cruzad de prisa pasad de largo

 Comprendedme, me hacéis mucho daño.