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sábado, 10 de marzo de 2018

LA MUJER EN LA VIÑETA SATÍRICA ESPAÑOLA


Juan Calero Rodríguez

Cada dibujo publicado en la prensa es el fruto de la reacción de un artista satírico utilizando las frases, personajes y modas, que nos permiten una radiografía del momento que acontece mediante los contextos históricos. El impacto de una sátira es mayor cuanto mayor es su imbricación con el hecho concreto y los vínculos intelectuales o emocionales que es capaz de establecer con su público.

Por ello, las viñetas tienen vida tan efímera que no duran más de unos días. Pasada la actualidad de los acontecimientos que motivaron la sátira, hizo sonreír o prorrumpir carcajadas a los contemporáneos, vendrá a ser absurdas para el lector de los tiempos sucesivos. Por eso, si un lector del siglo XXI indaga las viñetas publicadas en el siglo XIX, se sorprende del frío jugo satírico social, cultural y político, reseco por el paso del tiempo entre las dos épocas.

En el siglo XIX fueron muchos los periódicos que recurrieron a la sátira política y social mostrando una sociedad inculta, chismosa, hipócrita, reprimida, canalla, libertina y como instrumento de denuncia de abusos e injusticias seculares; pero no fue hasta entrada la década de los sesenta que la sátira atacara la clase política del país viviendo su apabullante y definitiva eclosión.

El cambio social y cultural que se originó con el progresivo abandono rural e industrialización y crecimiento de la vida urbana hizo cada vez más evidente la fuerte desigualdad social entre hombres y mujeres.

La incipiente burguesía liberal adopta el control del poder y la cultura y utiliza a la mujer como estandarte en la sátira política: la Patria, la Verdad, la Libertad, la Justicia, la Revolución, la Guerra, la Vida o la Muerte, la Prensa, la Censura, la Cultura, o las Artes. La feminidad de la figura se puede ligar a atávicos cultos a Ceres, Gea o la Magna Mater, o potenciando sus aspectos maternales, lo que lleva implícitos conceptos como el respeto por la figura de la madre, la preocupación de la madre por los hijos, y a la vez su indefensión en un mundo de hombres –los políticos– que no la tratan como se debería. Burgueses eran los que dibujaban y burgueses los que consumían las publicaciones, favoreciendo el desarrollo del capitalismo.

La obsesión burguesa con la moralidad se centraba en la mujer virtuosa en su hogar como el alma de la clase media: las exhortaciones a cuidar la casa y la castidad, deshonrando a sus esposos si no se las mantenía bajo el más estricto control.

Múltiples textos del siglo XIX y principios del XX abundan en la inferioridad intelectual de la fémina frente al varón. Aún en 1936 se escribe sobre la mujer que su estado natural es, salvo excepciones, el del matrimonio, y su fin, presidir el hogar y educar a los hijos, rotunda afirmación que consigue que casi nos parezca suave leer que es de creer que, con la base de una suficiente preparación mental, estudios, emancipación social, etc., la mujer sea capaz de casi el mismo rendimiento intelectual que el varón en muchos casos.

En aquellas sátiras, las mujeres desempeñan diversos papeles, que nos permiten entrever el rol que le tenía reservada la sociedad. El punto central, es el matrimonio, de donde parten todas las vertientes. La mujer se clasifica según su vínculo con un varón, y así las protagonistas de los chistes solo podían ser niñas, doncellas, casadas, solteronas, monjas o viudas. Curiosamente, no existía otra categoría en la que la situación conyugal no se tenga en cuenta, y en muy pocas viñetas esta categorización no tiene importancia.
           
Los principales temas sobre los que giran las viñetas protagonizadas por féminas forman parte del ciclo matrimonial, que incluye el enamoramiento, el flirteo, la lascivia, la boda, la convivencia conyugal y la educación de los hijos, aunque los más socorridos serán la coquetería, que incluye toda suerte de chistes sobre las modas, los métodos de embellecerse, la obsesión por la belleza, etc., y finalmente, uno de los grandes temas de la prensa satírica: la infidelidad.

Uno de los mayores hitos iconográficos, y acaso el más utilizado en la prensa –satírica y no tan satírica– fue la representación de la idea de España como símbolo de identidad colectiva, personificado en una figura femenina.

Durante el siglo XX, el periodo más brillante de la historia de la prensa satírica en España fueron los últimos años del franquismo y los primeros del régimen democrático. Como venía siendo costumbre, el gancho para su adquisición siguió siendo la mujer como protagonista en las portadas de muchas revistas satíricas. 

El 4 de marzo de 1974 sale a la calle el primer número de Por favor, un semanario de sátira mordaz con temática de actualidad: político, costumbrista y económico, donde también se utilizó la figura femenina, pero solo en veintiocho números, siempre revelando a una mujer sumisa que casi nunca ejerce el papel principal de la acción. Hubo dos períodos: uno desde el nacimiento del semanario hasta el anuncio de celebración de elecciones en que la mujer sirvió para tratar diversos temas (políticos y sobre la liberación del cuerpo de la mujer), y el otro, todo el proceso previo de las mismas hasta su desaparición en 1978. A partir de la presidencia de Adolfo Suárez, el cuerpo de mujer se utilizó para reflejar las novedades políticas puestas por el nuevo gobierno.

(Datos tomados de varias páginas de internet)