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viernes, 2 de noviembre de 2018

AMPLIAR LA RAZÓN, ALZAR LA VISTA


Iván López Casanova

Una gran equivocación intelectual consiste en tomar la parte por el todo; es decir, aceptar algo que en parte es verdad, pero concederle la totalidad de lo verdadero. Y esto ocurre con la Ciencia, olvidando que para ella solo existe lo material y, por tanto, no puede decir nada sobre «realidades que van más allá de la materia», como recientemente explicaba en una entrevista periodística Félix Torán, gran científico y doctor en Ingeniería Electrónica.

Este mismo autor exponía que «la ciencia es racional y objetiva» y nos sirve como herramienta adecuada para el mundo material. Pero, afirmaba Torán, la necesidad de «entender que hay una realidad que no se puede demostrar científicamente, ni con los sentidos ni con la mente consciente, pero sin embargo existe y es muy real». Me pregunto: ¿es tan difícil de comprender?

Porque incluso la propia ciencia nos acerca a lo que Rof Carballo denominaba «realidades mensajeras», al ir desvelando la existencia del lóbulo cerebral derecho –no dominante, que nos permite captar «ese gigantesco sector de la realidad», aquello que «no es suficiente con calificar de mundo imaginativo o de la fantasía», y a lo que en otro momento denomina Rof Carballo sistema ontológico de la realidad mítica. O sea, los saberes narrativos, poéticos, míticos, etc.

También desde la mejor filosofía se van clarificando estas cuestiones que estuvieron confusas durante el siglo XIX. Por ejemplo, Javier Gomá lo resume de esta manera: «El postulado del positivismo (que el mundo de la experiencia agota toda la realidad) es una creencia tan indemostrable como su contraria».

En su charla periodística, Félix Torán concluía así: «Si tú quieres buscar algo permanente, no lo busques en el mundo de la materia. En él jamás vas a encontrar nada para siempre. La física cuántica sabe que todo está cambiando constantemente. Todo material es por definición transitorio, cambiante, corruptible y temporal».

Y contra el absolutismo de lo material en las sociedades hiperdesarrolladas, Ernesto Sabato en 1973 ya advierte del peligro de una «nación que salve del raquitismo físico a los niños desnutridos, pero que no termine con el raquitismo moral de los niños supernutridos».

Ya está bien de visiones chatas, cortas de miras, decimonónicas y hasta poco científicas: hay un mundo inmaterial que da sentido a la vida y del que depende la ética, la belleza, aprender a amar, las relaciones interpersonales, el pensamiento último religioso que dota de sentido a la muerte, a la enfermedad, al dolor, etc. Y ese universo inmaterial es tan racional como el otro mundo material y científico, si se amplía la razón.

Porque todavía hay quienes miran la vida por el único canuto de lo material y  viven como viajeros nocturnos. Y aun se molestan con quienes levantan la vista y contemplan un mundo de colores, que gira enamorado, poético, espiritual, religioso y eterno. ¿Por qué no se animan a explorarlo elevando la mirada? Precisamente, lo detectó Jean François Lyotard quien explicaba en su obra La condición postmoderna que el saber científico tendía a la tiranía epistémica, a presentarse como el único saber real.

Pero el mundo inmaterial posee un idioma distinto al de la ciencia. Por eso, me parece el momento perfecto para, con mirada amplia, alimentar lo interior, y superar la crisis ética y de valores actual con un profundo crecimiento personal que es la única manera de sumar y de educar bien.

Se quejaba el poeta americano del siglo XX, E. E. Cummings, del intento de querer medir y pesar todo; y de lo absurdo que resultaba negar todo aquello que no se podía calcular con la exactitud de un aparato. En definitiva, se burlaba con versos crudos e irónicos de quienes no habían ampliado su razón: «Mientras tú y yo tengamos labios y voz / para besar y para cantar, / ¿qué nos importa si algún hijo de tal / inventa un instrumento para medir la primavera?»

Iván López Casanova, Cirujano General.

Escritor: Pensadoras del siglo XX y El sillón de pensar.

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