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viernes, 30 de noviembre de 2018

LA IMPOSIBLE AMPLIACIÓN DEL BOTÁNICO


Salvador García Llanos

Es probable -ojalá- que alguien se haya acordado y en plena tramitación de los Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma promueva que un grupo parlamentario presente una enmienda para desbloquear y asegurar la financiación de la actuación. O es probable -ojalá- que los responsables hayan hecho la correspondiente previsión y consignaran la cantidad que asegure la ejecución, siquiera en una primera fase.

El caso es que la ampliación del Jardín Botánico -en el Puerto de la Cruz, aunque se denomine de La Orotava- sigue ahí, iniciada, inconclusa, vegetando (¿nunca mejor dicho?), a la vista -la misma vista- de turistas repetidores o de ciudadanos nativos que se han cansado de tanta desidia, de tanta incapacidad inexpresada y dan aquel terreno -reservado el Plan General de Ordenación para esa finalidad- por inútil -bueno, los Reyes de España en 1985 aterrizaron en un helicóptero cuando lo habían sembrado como una alfombra verde-, aquel terreno donde se ven muros hormigón vista de construcción inacabada, un portalón lateral del que se espera funcione su dispositivo mecánico de apertura, arboleda desigual solo tratada con agua de lluvia y un murallón de piedra envolvente de todo el recinto.

Es inevitable la sensación de estar reiterando esta entrada, de haberla escrito antes, de haber afrontado este asunto en ocasiones varias. Han pasado años, sigue discurriendo el tiempo y la asignatura está igual de pendiente. Cambiarán los cargos y los nombres, modificarán las consignaciones y hasta la denominación de las partidas, pero las obras ni se inician ni se completan. Es para creer en maldiciones, pero más allá de las manos negras, debe haber, sobre todo, inhibiciones, pasotismo, aplazamientos, prioridades inversas, bloqueos, mareo de avestruces y todo eso que va contribuyendo al empantanamiento, hasta alimentar la frustración e ir desilusionando hasta dar por perdida la empresa o quedar a la espera de que alguien haga memoria y consigne u otro alguien enmiende con la esperanza de que todas las agonías se pueden alargar.

La ampliación del Jardín Botánico duerme un letargo demasiado largo. El municipio donde está enclavado precisa de impulsos y de gestión para innovarlo. El lugar constituye un recurso científico y turístico extraordinario. Solo falta voluntad política y decisión...

Perdón, te estás repitiendo.

Bueno, hay que seguir intentándolo -las veces que haga falta- hasta ver culminado por entero un proyecto con el que igual no sueña mucha gente pero que entraña un indudable interés colectivo y un aliciente máximo para proyectarlo.

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