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martes, 20 de noviembre de 2018

EL LEGADO DEL REALEJERO MARCOS FUENTES BENCOMO


Javier Lima Estévez. Graduado en Historia por la ULL

La trayectoria histórica de Los Realejos, marcada por más de cinco siglos, nos aproxima ante numerosos individuos con biografías de notable interés desde diversas parcelas del conocimiento. En el ámbito científico y, vinculado a tal municipio tinerfeño, no podríamos dejar de citar al recordado Premio Príncipe de Asturias, profesor universitario y nominado en tres ocasiones al Premio Nobel de Química, Antonio González González. La obra de tal ser es el resultado de un esfuerzo incansable materializado en numerosas acciones en pro de la ciencia, colocando al archipiélago en una posición nunca antes conocida y reconocido y valorado su legado con numerosos actos durante los últimos años en su municipio natal, llegando a tener reconocimientos como la rotulación con su nombre de una vía, un busto, exposiciones e incluso un mural en el que comparte rostro con el ilustre polígrafo realejero, José de Viera y Clavijo (1731-1813). Sin embargo, tal trayectoria no es la única referencia que tenemos respecto a la relación entre la ciencia y el municipio. En ese aporte debemos destacar, sin lugar dudas un miembro de la amplia familia formada por Marcos Fuentes Albelo, recordado practicante local, así como su mujer, Isabel Bencomo Luis. Ambos trabajaron con profundo tesón con la finalidad de salir adelante en un contexto histórico marcado en nuestro país por innumerables problemas. Conocí y conversé en numerosas ocasiones con uno de sus hijos, Francisco Fuentes Bencomo, conocido popularmente como Paco. Desarrolló numerosos trabajos, sin embargo, la faceta que más le conocí fue su precisa y cuidada labor como artesano del alambre.

Quien redacta el presente artículo no deja de admirar también en tal familia el nombre del doctor en Ciencias, Marcos Fuentes Bencomo. Los pocos datos que conocemos respecto a su perfil se deben a lecturas en prensa histórica, referencias en la red y comentarios con familiares y vecinos. Sin embargo, al intentar ordenar y dar forma a todo ese material, advertimos la biografía de un ser de extraordinaria valía científica que, con indudables dosis de esfuerzo y trabajo, consiguió un nombre propio en el panorama científico español a mediados del siglo XX. El interés por convertir líquidos en forma sólida le llevaría a crear un proyecto de notable utilidad. Su fórmula, presentada y registrada bajo patente junto a la licenciada en Ciencias, María del Sagrario Ramírez Gallardo, con el número 252286 y con el título “Perfeccionamientos en el procedimiento para presentar líquidos en forma sólida”, con fecha de 24 de septiembre de 1959. Su utilidad se llegaría a extender a cualquier derivado del petróleo líquido, así como aceites vegetales y tintas grasas con agua, o dispersar el propio líquido con agua. La memoria también apunta las cantidades necesarias para lograr tal procedimiento y los distintos resultados que, a partir de ello, se podrían llegar a generar.

Consultando e intentando ampliar más cuestiones relacionadas con las características de tal procedimiento, localizamos en la hemeroteca de la Oficina Española de Patentes y Marcas, del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital, un video en el que se describe de forma breve la utilidad y aplicaciones del invento. En ese aporte se observa que el producto, convertido en una masa sólida, se puede llegar a modificar para su utilización. Es curioso ver como se llega a exprimir entre las manos el material hasta convertirse nuevamente en líquido. En utilidad doméstica se expone como ejemplo su uso como combustible, al ser de fácil transporte y la posibilidad incluso de cortar la masa dependiendo de su necesidad con un cuchillo. Además, se podría trasladar a lugares como el campo para cocinar en lugar de aparatosos hornillos. La sustancia también se destaca por su fácil capacidad para encender ante las heladas y el bajo precio de su producción.   

El realejero Marcos Fuentes Bencomo dejó un legado y una huella que merece ser conocida, valorada y difundida por cuanto su contribución aportó al ámbito científico y a todas aquellas actividades que, a partir de su propuesta, se llegaron a materializar.

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