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sábado, 3 de noviembre de 2018

LA VIRGEN EN EL MUELLE ES UN INSULTO PARA EL IDIOTA


Lorenzo de Ara

El Che, Pablo Iglesias, Fidel Castro, Junqueras, la bandera arcoíris, “Juanito” Cruz, o una vagina, sería la demostración de una sociedad con buena salud, inteligente, tolerante, que avanza por el camino correcto hacia el futuro cada vez más inmediato que nos sumerge en la posverdad (mentira de toda la vida).

La Virgen se queda.

A los idiotas, supuestamente más democráticos desde que llegan al mundo que los inteligentes (me incluyo en este segundo grupo), la Virgen representa la oscuridad, el franquismo, el pasado pobre y cerril, el ordeno y mando, el patriarcado que reprime el ansia de libertad del idiota, o que aprueba el escrache mediático (solo mediático) a Dani Mateo por limpiarse los mocos en nuestra bandera. Para él un trapo.

La Virgen para el idiota tiene el mismo valor que ese trapo del que se mofa el bufón.

Escribe Alberto García Reyes que “un país que reivindica como humor la guarrada de Dani Mateo limpiándose las narices con la bandera y, sin embargo, monta un escándalo por una broma sobre el escote de Carmen Calvo en su visita al Vaticano, es un país manoseado. Y sometido”. Apaciguar al idiota, siquiera permitiéndole que eleve su queja al pleno del ayuntamiento es una rendición.


La Virgen se queda porque el idiota es viejuno, inoperante. Si el BIC es el arma a utilizar por el anticlerticalismo, los inteligentes debemos emplear un arma de destrucción masiva. Y esa arma es la boca. La lengua. No callar. No esperar que los partidos en el ayuntamiento del Puerto de la Cruz o en el Cabildo de Tenerife se llenen de valor (cosa harto difícil) para silenciar al idiota.

Hay una notable falta de escrúpulos y de conciencia al insistir en la retirada de la imagen. En el más puro estilo semántico, se podría entender como una suerte de prevaricación.

Un idiota gregario y mamarracho es peor que Bolsonaro en Brasil.

La Virgen se queda.

Ante las mojigangas y mascaradas del idiota, el inteligente no debe callar.

Es el idiota el que está solo.

Puede que el idiota se atreva a mucho más, pero el inteligente corre tras él repartiendo zurriagazos dialécticos (siempre), y así deja trasquilado al que pide la retira de la Virgen del lugar que hoy ocupa.
Y ocupará siempre. 

(La novela "El idiota" del ruso Fiódor Dostoyevski, siempre tan recomendable, ¿verdad?)

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