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viernes, 30 de noviembre de 2018

EUROPA, DESDE LO LOCAL


Salvador García Llanos

“Hay que enganchar y hacer creer a la población en el proyecto”, dijo el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, en el curso de la última sesión plenaria del Comité Europeo de las Regiones (CDR), donde no solo voces municipalistas españolas sino también autonómicas reivindicaron la construcción de un proyecto europeo “de abajo a arriba”. 

Habían sido convocados ediles, presidentes, consejeros y representantes de los poderes públicos para hablar sobre “El futuro de Europa”. Ahora que el mandato toca a su fin y pueden contemplar los hechos con cierto sentido de perspectiva, independientemente de las pretensiones de reelección o de dar el salto a otras instituciones, la idea de Europa tiene que resultarles cada vez más cercana. Sobre todo, como una oportunidad: no es un subterfugio ni una utopía lejana ni un clavo ardiente al que asirse en fases críticas o depresivas. Es una oportunidad para que los poderes locales trabajen de forma coordinada con tal de alcanzar objetivos comunes, no solo haciendo uso de los recursos presupuestarios sino ejecutando con eficacia los programas diseñados y, lo que es más importante, impregnando la filosofía y los valores que entrañan la gran idea de Europa, el gran proyecto europeísta.

Por eso habla Espadas de enganchar y de ganar credibilidad. Si queremos una Europa de todos y para todos, hay que identificarse con los principios y seguir produciendo avances sociales que hace unos pocos años podían considerarse impensables. Se trata de no incurrir en una suerte de 'euroescepticismo' que recorre amplios círculos, no solo los políticos, hasta acentuar las crisis que se van sucediendo como consecuencia de errores, inhibiciones o probada ineficacia. Es muy difícil poner de acuerdo a gobiernos de distinto signo, sobre todo cuando se anteponen los intereses nacionales a cualquier otro objetivo que hay que compartir a poco que se tenga una visión de futuro y ante la que hay que desenvolverse con generosidad. Porque sin tolerancia y sin desprendimiento será difícil avanzar. “Debemos aceptar -dijo Stefano Bonaccini, presidente del Consejo de Municipios y Regiones de Europa-, y conocer tanto la parte que nos gusta de Europa como la que nos aterra”.

Está claro que nada de eso cuaja si no hay diálogo y si no hay cooperación entre las administraciones. Ahora que la Unión Europea (UE) se ha visto agitada y sacudida por algunos hechos políticos relevantes, y cuando la crisis del brexit tendrá que desembocar en un coste social, político y económico de proporciones imprevisibles, habrá que insistir nuevamente en el por qué Europa y por qué su necesidad. Las respuestas deben ser más sólidas que nunca. La crisis de institucionalidad, no solo en el territorio de la UE, sino en otras muchas partes del mundo, solo puede afrontarse con voluntad y entendimiento, sobre todo cuando los radicalismos y los populismos apenas dejan ver el bosque de la realidad unionista.

Por eso han hecho bien Espadas y otros colegas en el pleno del Comité de las Regiones en ponderar nuevamente el papel de lo local, porque es en este ámbito donde la ciudadanía puede entender mejor que sin la solidaridad europea, aunque sea insuficiente, es difícil convivir. Los ayuntamientos son los que acaban implementando directivas europeas que son claves para la convivencia y la cohesión. Y ante los anuncios que se hacen para el futuro, en materia energética, de transporte o de medio ambiente, hay que ser consecuentes. Fue tajante, en ese sentido, el alcalde de Guadalajara, Antonio Román, al referirse al trabajo de los gobiernos locales, tanto gestionando recursos como compartiendo espacios y experiencias: “La Europa que sueño, la Europa de la libertad y la solidaridad, es posible y alcanzable siempre que sea fruto de la unión”.

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