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sábado, 19 de mayo de 2018

LA PERSPECTIVA DEL BIEN


Iván López Casanova

En un momento de Cisnes salvajes, las conmovedoras memorias noveladas de Jung Chang, la escritora china relata la vida de su familia durante la Revolución Cultural de Mao de 1966. Nadie les prestaba ayuda porque su padre había sido detenido. Pero, sorprendentemente, les auxilia un joven matrimonio de recién casados a quien no conocían de nada. Porque las personas felices realizan actos buenos. Y lo contrario: cuando existe resentimiento, no se percibe lo valioso.

En el mismo sentido, con su marido el poeta Ósip Maldestam recién condenado, narra su enamorada esposa, Nadiezhda Maldestam, cómo se acercaron las mujeres de sus amigos –los hombres no podían hacerlo, para no ser fichados− para ofrecerle el dinero que habían reunido para ayudarles en el viaje al campo de reclusión, infringiendo los códigos establecidos para los represaliados. Ante ese gran número de mujeres, la poeta Ana Ajmátova exclamó: «Cuántas bellezas»; y junto a este recuerdo, añade Nadiezhda en sus memorias: «La noción del bien es, probablemente, inherente al ser humano».

También, Ana Blandiana, una poeta contemporánea que estuvo prohibida en tres ocasiones en la Rumanía comunista, declaraba hace poco tiempo en una entrevista que aunque teóricamente el mal podría vencer siempre, ella estaba convencida de que «el bien no puede ser vencido a causa del masoquismo de los buenos». Manifiesta la valiosa perspectiva de una persona enamorada de su familia, de su marido Romulus Rusan −con quien vivió desde su primera juventud hasta 2016 en que falleció− y de su madre a quien dedicará un emocionante poema, “Requiem”.

Me parece fundamental reflexionar bajo la mirada del bien, porque puede ser sustituida por el recelo, el desencanto o el rencor. También, por perspectivas adecuadas como la reivindicativa, la jurídica o la política, pero que no son las únicas ni, acaso, las más decisivas para construir una convivencia mejor.
En mi opinión, escasea la perspectiva ética en los ríos de tinta gastados para analizar las situaciones atroces de abuso y agresión sexual con la que, cada día, nos encontramos en las noticias. Porque el problema fundamental no es el jurídico, sino saber por qué tenemos jóvenes tan atrozmente deshumanizados. ¿No sería necesaria una antropología de la sexualidad que sirva de orientación hacia el bien para los jóvenes y que actúe de prevención contra esos deterioros brutales? ¿No habría que ofrecerles una orientación afectivo-sexual que realce la conexión entre amor y sexualidad, que junte lo sexual con una profunda relación interpersonal, y que rechace como degradación la banalización, la despersonalización y la cosificación de la otra persona?

En este sentido, escribe el catedrático de psiquiatría Enrique Rojas: «La educación sexual es enseñarle a alguien a gestionar su vida emocional con orden, jerarquía y capacidad para la entrega en el mejor sentido de la palabra. De forma moderna, abierta, liberal…pero sólida y con unos principios antropológicos firmes y de respeto al otro. La sexualidad bien entendida es el lenguaje del amor comprometido. La sexualidad es la parte física del amor. El sexo sin amor se devora a sí mismo».

La perspectiva del bien descubre que la sexualidad es el lenguaje de la intimidad amorosa; pero también que la comunicación erótica se puede utilizar para insultar y agredir o para entregar un poema. Porque nacemos indeterminados y nos determinamos con la educación: sin ella, comeríamos como animales salvajes, bailaríamos sin ritmo o utilizaríamos el sexo esclavizados por los instintos.

La mirada del bien respeta a toda persona, de un modo absoluto e independientemente de su orientación sexual; pero rechaza una educación sexual ofrecida por colectivos que absolutizan la sexualidad y que la utilizan para objetivos político-sociales; y en la que, muchas veces, se expone lo sexual como liberación política, con un sesgo de venganza resentida contra unas heridas sociales.

La sexualidad bajo la mirada del logro de una relación interpersonal honda, cuyo paradigma es la entrega personal constituye la perspectiva del bien sobre el amor sexual.

Iván López Casanova, Cirujano General.

Escritor: Pensadoras del siglo XX y El sillón de pensar.

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