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sábado, 14 de abril de 2018

DE PELÍCULA: TAMAÑO NATURAL


Evaristo Fuentes Melián

Las anomalías sexuales componen la base argumental de la película Tamaño natural (Berlanga, Azcona, Piccoli y su muñeca, con el aditamento secundario de algunos actores españoles de aquel momento, 1973). La trama discurre a través de las apetencias de un fulano que, hastiado de su matrimonio y de prostitutas, se las entiende con una muñeca inflable ‘ad hoc’ de tamaño natural. El filme está ambientado en el París de los años sesenta, cuando en la Europa del Mercado Común pululaba un millón de españolitos emigrantes.

El protagonista, encasillado en la alta burguesía parisina, de profesión dentista, mantiene conversaciones constantes con su ‘partenaire’, la muñeca. Hay una frase antológica cuando le pregunta: “¿sabes la diferencia entre un tejido celular (mujer de carne y hueso) y el poliuretano (la muñeca)?  Que el tejido celular es caprichoso y ¡siempre quiere un yate!”.    

Esta película, fabricada en tiempos de censura (1973), se estrenó en España varios años después, cuando ya había perdido el valor y la frescura de lo inmediato.

El final es morbosamente apoteósico: una sarta de españoles en el exilio invade materialmente la casa del protagonista, mancillan su habitáculo, se apoderan de la muñeca y practican toda clase de aberraciones, instalándose en una especie de escandaloso tablao flamenco. Este final nada feliz, es intrínsecamente una crítica acerva a la sociedad española de aquel momento.   

La muñeca terminará ‘cadáver’ flotando en el Sena, con unos planos largos de la torre Eiffel y su entorno, acabando así un filme tan extravagante como incomprendido cuando se estrenó en España. Y no solo en España; en Italia, los avanzados grupos feministas llegaron a considerarla su enemiga, por su mensaje contra la mujer, cuando en realidad es todo lo contrario. En los EEUU se exhibió como película porno, en salas muy minoritarias.

La procacidad del filme, culmina con la secuencia de una supuesta felación de la muñeca a Piccoli, acompañada con la música de fondo del vals Danubio azul. De esta manera, rompe definitivamente todos los esquemas moralizantes.

Espectador