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sábado, 7 de abril de 2018

BREVE HISTORIA DE LA SEMANA SANTA DE REALEJO ALTO EN 1936 (II)


Jerónimo David Álvarez García

Publicado en La Prensa, EL DÍA, el sábado 31 de marzo de 2018

Ya se van los Carnavales/cosa buena poco dura/ ya llega la Semana Santa/ la fiesta de los curas

 Al reanudar la segunda parte de nuestra entrega sobre la Semana Santa de Realejo Alto, restaban la explicación de la visita a Realejo Bajo y los cultos nocturnos del Jueves Santo.

La comitiva compuesta de clero y feligreses bajaba por el callejón de Godínez hacia el otro pueblo. Al llegar a su templo se dirigían donde estaba instalado el Monumento y rezaban de rodillas, una estación al Santísimo. En ese momento los pendones y banderas que portaban permanecían recostados en el suelo, (éste y otros actos o gestos que el lector observará, se siguen produciendo en los actuales cultos).  Al finalizar el rezo de la estación, se organizaba la salida por la nave que habían usado para entrar y así regresar a Realejo Alto. La subida se hacía por San Agustín, cuyo lado derecho pertenecía al municipio, para seguir por la carretera que unía ambos pueblos, hasta Las Cañitas. Se establecía la ida por vías y lugares opuestos a la vuelta, pues a esa hora salía la feligresía de la Concepción del Realejo Bajo a visitar el Monumento de Santiago, con las mismas ceremonias y acompañamiento. Para evitar la confusión que originaba el encuentro de comitivas, se convenía que unos parroquianos subieran en sentido contrario a los otros y así concluían al mismo tiempo, sin coincidir en el trayecto.[1] Si por alguna circunstancia o motivo de orden público, los párrocos, en común acuerdo, creían oportuno la suspensión de la visita, celebrarían los actos en sus propias parroquias, bien en el interior del templo o en calles adyacentes. La cancelación podía motivarse por los altercados explicados antes, o por el anticlericalismo común en la España de la época.[2] Prosigue el diario para ese día: a las 8 de la noche comenzaba “el canto de Tinieblas llamando así al canto de Maitines y Laudes, observando en esto todas las ceremonias y rúbricas que marca la liturgia para estos oficios. El canto es semitonado sin acompañamiento de órgano ni armonium. Al empezar el canto del “Benedictus”, sale el sacristán desde el coro llevando con humeral y precedido de todo el personal de acólitos, la única vela que quedaba en el llamado Tenebrario, por la nave central hacia el altar mayor para esconderla bajo un trono hasta la terminación de este canto, en que la hace ver al público por tres veces, con lo que termina este oficio”. Para el siguiente día aportamos un apunte antropológico que relaciona usos y costumbres de esa semana: no se escuchaba la radio, no se barría, los hombres no se afeitaban el Viernes Santo, la hierba para el ganado se segaba el miércoles acatando el Triduo, no sonaban las campanas desde el jueves, sino la matraca y ese día se rezaban los cien credos.[3]


El Triduo Pascual continuaba el Viernes Santo y sus cultos se oficiaban en el altar de Nuestra Señora de los Remedios; observándose todas las rúbricas dispuestas para este día. La Adoración de la Santa Cruz[4] se verifica en el centro de la Capilla Mayor a donde se traslada desde el lugar antes dicho. Terminada la misa y previo un pequeño descanso, se organiza la procesión del Nazareno para el Calvario en la forma siguiente: sale primero la imagen de la Dolorosa acompañada del Evangelista, después de recorrer la parte izquierda y superior de la plaza de Viera y Clavijo y Avenida de Fermín Galán hasta la subida de la calle de Pérez Zamora, en cuya entrada espera al paso del Nazareno; la imagen de la Magdalena sigue con la Verónica, que han salido al mismo tiempo que las anteriores imágenes y la primera se coloca en la entrada del camino viejo que se bifurca de la carretera y conduce a San Benito; aquí espera el paso de la procesión para incorporarse a ella; la segunda continúa por el nombrado camino hasta el punto de unión con la carretera para salir al encuentro en el punto señalado. El Nazareno sale después de la parroquia por la nave derecha o del Evangelio, rezándose en los sitios de costumbre el ejercicio llamado Vía Sacra; toma la puerta mayor para entrar por los lados izquierdo y superior de la Plaza de Viera y Clavijo, Avenida de Fermín Galán y Carretera hasta rendir viaje en el Calvario. 

El relato del Vía Crucis en el Viernes Santo hacia San Benito, se reanuda en estos términos: al llegar a la entrada de la Calle de Pérez Zamora, sale a su encuentro la imagen de San Juan que vuelve a su lugar anterior, para volver enseguida acompañado de la imagen de la Dolorosa, que previa una ceremonia que llaman “venia”, se incorpora a la procesión detrás de la imagen del Nazareno,  colocando la imagen del Evangelista delante; el preste que hasta aquí venía presidiendo la procesión detrás del trono del Nazareno, deja este puesto para colocarse inmediatamente detrás del trono de la Dolorosa. Al llegar al punto donde parte el camino antes citado que conduce a San Benito, sale la imagen de la Magdalena, que previa igual ceremonia, se incorpora a la procesión colocándose seguido al trono del Evangelista. Un poco más adelante aparece la Verónica, que después de hacer la ceremonia de limpiar el rostro del Señor, sigue la procesión después de San Juan y la Magdalena. Las escenas del encuentro de San Juan y la Virgen María ante Cristo portando la cruz, así como la presencia de María Magdalena, son extraídas de los Evangelios. No así la imagen de la Verónica enjugando el rostro de Jesús, pues su nombre significa “verdadera imagen” (vero-icono), esta escena pertenece a la tradición apócrifa cristiana. Continúa nuestro relato: cuando la procesión llega al Calvario, todas las imágenes se colocan en el interior de la Capilla del Calvario,[5] en mesas preparadas de antemano, menos la del Nazareno que entra en la ermita de San Benito y allí permanece hasta el Lunes de la semana de Pascua, según se dirá entonces. Enseguida tiene lugar el sermón al aire libre, colocándose el púlpito en la entrada, al lado derecho, de la Capilla del Calvario. Terminado el sermón, se organiza la procesión de regreso a la parroquia, guardando el mismo orden de colocación en los tronos[6] y por los mismos puntos de ida en sentido inverso. En lugar de la imagen del Nazareno, que ha quedado en la ermita, viene la urna con el Señor Difunto. Durante el regreso se viene rezando el Tercio del Santo Rosario y preces de costumbre hasta la llegada a la parroquia. En lugar de “Gloria Patri” en el rezo de los misterios, se dirá “Christus factus est pro nobis usque ad mortem” y se contestará “Mortem autem crucis”. En años posteriores a este diario, la procesión de regreso se deslucía, al contrario que la de ida, pues los fieles la abandonaban para reservar asiento en el templo durante los oficios del Viernes Santo, que seguían a esta. Se reanuda el relato: al llegar al templo ubicaban los tronos en sus respectivos lugares, se rezaba un credo arrodillados ante la urna del Cristo Yacente y finalizaban los oficios.

Por la tarde, a la hora señalada, tenía lugar la procesión del Señor Difunto con otras imágenes, haciendo el recorrido en igual forma a los desfiles de días anteriores, es decir, la conocida “vuelta a la calle”. A su regreso se oficiaba la ceremonia del Santo Entierro, para la cual el párroco era ayudado por otro sacerdote, en su defecto por un ministro de la parroquia, según se describe en la fuente: el párroco se coloca en el lado derecho y el ayudante en el izquierdo; pone incienso, previa la bendición, inciensa primero el sepulcro vacío; después coloca ayudado, la imagen del Difunto dentro del sepulcro; lo levanta a la vista del pueblo por tres veces, elevándolo cada vez más y por último vuelve a incensar y cubrir el sepulcro dando, para ello, un golpe algo fuerte. Después sigue el sermón a cuya terminación se retiran todos dando por finalizados los actos. Por la noche, el canto de Tinieblas en igual forma que se hizo la noche anterior. Terminado este canto, se procede a la procesión del Retiro[7] por el interior del templo; después de dar una vuelta completa al mismo, siguen todas las imágenes para la Capilla del Señor Difunto, donde se colocan todas las imágenes y quedan depositadas para proceder más tarde a reintegrarlas a sus nichos u hornacinas. Para la procesión se reviste el párroco con roquete, estola y pluvial negros y frente al altar mayor entona “Procedamus in pace”. Durante la procesión se van cantando estrofas del “Stabat Mater”; la última estrofa se canta al llegar a la Capilla del Señor Difunto y colocan las imágenes a la terminación de la procesión; allí se entona el “Ora pro nobis Virgo Dolorosissima, etc” y enseguida la oración “Deus in cuius Passione”. Así concluían los cultos de esa jornada.

En el Sábado Santo se oficiaban los cultos propios de ese día, señalados por la liturgia. Aunque al toque de gloria se han vuelto a usar las campanas, estas cesan terminado el canto del Gloria, nuevamente, hasta la madrugada del día siguiente. En este día no hay culto de ninguna clase por la noche. Para la fiesta de la Resurrección, es pertinente aclarar que el Concilio de Nicea (325) ordenó su celebración el domingo siguiente a la primera luna llena de la primavera. Su fecha varía cada año al regirse por la luna, de ahí que en las procesiones nocturnas de Semana Santa, siempre haya plenilunio. Corresponde al mes de Nisán del calendario judío, en recuerdo de su salida de Egipto y coincide con ese calendario lunar. El relato para el Domingo de Pascua o de  Resurrección señala que en la mañana se realizaba la exposición del Santísimo, conforme se señala en el ritual y enseguida se cantan Maitines y Laudes. Durante el canto del Te Deum se dará un repique general con todas las campanas. Mientras en el coro se canta el Benedictus, se inciensa el altar conforme disponen las rúbricas. Terminado (...) se organiza la procesión con el Santísimo Sacramento que recorrerá idéntico trayecto que los restantes.[8] Al regreso se guarda la custodia y se da comienzo a la misa solemne sin exposición, y al terminar esta, se da la bendición solemne con el Santísimo, con las rúbricas debidas. Pasado un poco de tiempo, se reza una segunda misa cuya terminación pone fin a esos actos. En la noche se oficia la novena como de ordinario y se explicaba el catecismo de adultos.

El Lunes de Pascua por la mañana se oficiaba misa cantada y por la tarde, a la hora estipulada, se encaminaban a la ermita de San Benito para trasladar la imagen del Nazareno hasta la iglesia, pues hemos visto que había quedado allí en la mañana del Viernes Santo. Era una procesión privada o traslado, y para ella, el párroco vestía traje talar y se ordenaba en la misma ermita de esta forma: se pone de rodillas ante la imagen y empieza el rezo del Tercio, enseguida se levanta para seguir la procesión de regreso a la parroquia por los mismos lugares y puntos de ida. Durante el trayecto se reza el Tercio y preces de costumbre. Al llegar la procesión a la parroquia, se coloca en sitio preparado la imagen y puestos de rodillas ante ella se reza con lo que se dan por terminados los cultos. Por la noche, según costumbre, se rezaba la novena como en los días ordinarios.       

Hasta aquí, la relación de cultos de la Semana Santa en Realejo Alto durante la primera mitad del siglo XX. Esta fuente histórica y su comentario, junto a otros estudios citados, aportarán al lector fundada noticia sobre esos antiguos cultos. Debemos apostillar, que hasta la década de los noventa transcendieron paulatinos cambios en estas ceremonias y procesiones. En esa fecha acaeció un renacimiento, cuya inercia perdura, de cofradías, desfiles, ajuares y adquisición de tallas neobarrocas, que condicionó la identidad de nuestra Semana Santa tradicional, siempre más sobria en las formas.

FOTOGRAFÍA: Regreso del Calvario el Viernes Santo. ALFREDO ACOSTA RGUEZ. DE LA SIERRA.


[1]     Los altercados en esas procesiones proceden de antiguo, como cita: CAMACHO Y PÉREZ-GALDÓS, Guillermo, Iglesias de de la Concepción y Santiago Apóstol, p. 42, donde reza: las comitivas, como iban de un lagar para otro, llegaban muy desconcertadas, sin luces por haberse muerto con el viento en tan largo camino, las imágenes maltrechas por los barrancos que se pasan y lo peor dice, es que si se encuentran en el camino las dos procesiones, tienen diferencias y se dan matracos unos a otros y aun suele haber pesadumbres y palabras descompuestas y aún cuando llegan a las visitas a los monumentos (…), a lo cual manda el obispo que cada pueblo se quede en su casa.
[2]     El alcalde santacrucero Emilio Calzadilla abonó de su peculio la tocata de la Banda Municipal, de la procesión de Ntra. Sra. de las Angustias de la ciudad, pues los concejales no desearon abonar los honorarios de la agrupación. Esa talla y procesión serán recordadas como “la republicana”.
[3]     Para ampliar este tema remitimos a Álvaro Hernández Díaz en, AA.VV, Semana Santa: Los Realejos. pp. 199-201.
[4]     En 1883, Olivia Stone constata en El Planeta Tenerife, las quejas que un sacerdote vierte sobre el estado de la cruz procesional de plata, por la falta de donaciones para rematar su trono argénteo, como había ocurrido históricamente.
[5]     Una lámina datada en la primera mitad del siglo XIX, obra del británico Alfred Diston (1793-1861), plasma la panorámica de Realejo Alto desde el primitivo Calvario de San Benito. A la derecha del dibujo se aprecia la esquina de la ermita de San Benito y a la izquierda la vivienda que luego sería venta de doña Juana Fuentes (1895-1994).
[6]     Carlos Delgado adquirió varias tallas que aquí se relacionan, se constata en; Hoy, 01.04.1934, p.3, Jable, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria: “Realejo Alto. Últimamente han sido adquiridas para la parroquia de Santiago tres nuevas imágenes de María Magdalena, la Verónica y San Juan. La bendición de esta efigies tuvo lugar el domingo último en la expresada parroquia por el párroco de la misma don Carlos Delgado, actuando de madrinas las distinguidas señoritas Rita Bethencourt Francés, Adela González del Carmen y María Ana y Josefina Acevedo Bisshopp y como padrinos los jóvenes don José María González  de Chaves Aguilar y don José González del Carmen. LA SEMANA SANTA. Con la solemnidad acostumbrada se celebraron los cultos de la Semana Santa, acudiendo gran cantidad de fieles a todos los pasos de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que se verificaron en los templos de esta población.” Aunque la nota relaciona la talla de la Verónica, no consta su adquisición contemporánea. Agradecemos a Pablo Hernández Abreu esta referencia.
[7]     Esta procesión es el precedente de la actual procesión del Silencio, que discurre por la Avenida Tres de Mayo.
[8]     Esa salida tiene su origen en la mañana del Domingo de Resurrección que se efectuaba desde el Convento de Santa Lucía y se dirigía a la Parroquia de Santiago. MESA MARTÍN, J. Mª en El Nazareno Franciscano de … p.74.   

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