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miércoles, 4 de abril de 2018

BREVE HISTORIA DE LA SEMANA SANTA DE REALEJO ALTO EN 1936 (I)


Jerónimo David Álvarez García

Publicado en La Prensa, EL DÍA, el sábado 24 de marzo de 2018

La Semana Santa conmemora la Pasión y Muerte de Cristo. La Pascua de Resurrección implica un paso o renacimiento: de la Naturaleza, del espíritu, del nuevo hombre o de nueva vida. A esa semana religiosa anteceden la Cuaresma, que a su esencia preparatoria: ayuno, disciplinas e interiorización, aúna la visión antropológica, que la califica como periodo de racionalización de los recursos alimenticios al final del invierno. A ese tiempo precede el Carnaval, previo al Miércoles de Ceniza, fiesta pagana que se remonta a las Saturnales Romanas, al coincidir en fecha e identidad del desenfreno popular. Estos festejos han existido a lo largo de la Historia, alternando épocas de prohibición y permisividad, como resultó en las Fiestas de Invierno del Franquismo en Canarias. La Semana Mayor florecerá en Canarias tras la Conquista y configuró su idiosincrasia en los siguientes siglos, con aportes culturales europeos. Esto no impidió que incluso a principios del siglo XIX, la burguesía local instaurase nuevas procesiones o florecieran centros de producción artística religiosa.

El devenir histórico de Realejo Alto en 1936, queda enmarcado en las alcaldías de Manuel Espinosa, Francisco Morales y Manuel Hernández. En el municipio, condicionado por la convulsa coyuntura político-social nacional, no acontecieron actos anticlericales dignos de reseñar durante la Semana Santa,[1] ni en otros momentos de esa etapa política. La Parroquia de Santiago estaba regentada por un célebre personaje, Don Carlos Delgado Delgado,[2] quien legó un interesante texto sobre esa celebración y otros cultos anuales de la parroquia; he aquí la fuente de estudio.[3].

La transcripción parcial y adaptada del documento,[4] se inicia con la Semana de Pasión: el jueves previo al Viernes de Dolores, “al toque de las 12 a las oraciones de este día, se darán sendos repiques con todas las campanas anunciando la fiesta del día siguiente. El Viernes de Dolores al toque del alba de este día, se repiten los repiques en la misma forma del día anterior. A las horas ordinarias de los días feriados se canta la misa en la Capilla del Sr. Difunto,[5] donde se encontrarán previamente, los tronos de la Virgen Dolorosa y el Evangelista, colocados respectivamente a derecha e izquierda del altar. Por la noche, los oficios se cambian por el “Nombre de la Virgen” en lugar del “Nombre del Señor”, que se canta los Viernes de Cuaresma, guardando el mismo orden de ceremonias que allí se estableció. En lugar del “Miserere” que se canta en último lugar, se canta alguna  estrofa  del “Stabat Mater”, terminando con el “ora pro nobis Virgo Dolorosissima” y después la oración “Deus in cuius Passione”. Así, terminaban los cultos.


Domingo de Ramos.  La primera misa se celebraba a  la misma hora que los otros domingos del año y a las 10 de la mañana comenzaba al canto de Tercia y Asperges, (la mayoría de las preces citadas en el texto se mantienen actualmente, pero el lector debe considerar que se han eliminado el latín y las formas litúrgicas, tras la aplicación del Concilio Vaticano II). Después de estos cantos se procedía a la bendición de palmas y olivos y se cubría con el velo corrido, el altar mayor donde se celebra el culto, (descubriéndose al terminar la bendición y antes de repartir las palmas). El preste distribuía los ramos comenzando por los ministros. Luego entonaba el “Procedamus in pace” y organizaba la procesión, que partía del altar mayor por el lado izquierdo, nave de la epístola, para salir por la puerta de ese lado. Al llegar a la puerta mayor se detenía para realizar las ceremonias que marcaba el Ritual, (entre las que destacaba el acto de tocar la puerta mayor con la fusta de la manga tres veces, al abrirse ésta entraban los fieles en el templo). Una vez dentro se celebraba la misa propia del día. Nos advierte el texto, que por la noche, a la hora señalada, se canta en el templo parroquial el Nombre de la Virgen, encontrándose ya colocadas a los lados del presbiterio, las imágenes de la Dolorosa a la derecha y San Juan Evangelista[6] a la izquierda. Tradicionalmente, los más jóvenes portaban este último paso como estreno, o en prueba, para tronos de mayor porte que eran llevados por la Hermandad del Santísimo y devotos en general.

Reanudamos la lectura del texto: “se observan las mismas ceremonias que se mencionaron para los cultos de los Domingos de Cuaresma, cambiando los salmos y las oraciones que son las propias del día. Terminado el canto del “Nombre”, se procede al sermón y terminado éste, se organiza la procesión”. El sacerdote con estola y pluvial blancos entona en el altar mayor el “Procedamus in pace” y sale la procesión; por el lado del Evangelio la Dolorosa y el Evangelista por el de la Epístola, para salir por la puerta mayor por la parte superior de la Plaza Viera y Clavijo y entrar en la calle de este mismo nombre,[7] por donde se sigue hasta el punto llamado “Alhóndiga”. El regreso acaecía por la misma calle y zona baja de la plaza, entrando en el templo por la nave de la Epístola, (la plaza se extendía a nivel de la calle, pues no se había desnivelado, como sucedió en las actuaciones urbanísticas del siglo pasado, citadas arriba). Prosigue el texto: al ser colocadas de nuevo las imágenes en sus respectivos tronos, se cantaba una estrofa del “Stabat Mater” con su correspondiente versículo, a continuación, frente al trono de la Dolorosa se entona la oración “Deus in cuius Passione”. Concluyendo y retirándose los oficiantes a la sacristía.

Observamos por esta fuente, como el Lunes Santo los ritos matutinos emulaban a los días ordinarios, pero se suprimía la procesión de ánimas[8] hasta la octava de Pascua. De igual manera sucedía en la mañana del Martes Santo, excepto la procesión de tarde que se organizaba a las 7.30 horas, “para trasladar la imagen del Sr. Difunto[9] desde su capilla a la ermita de San Benito,[10] en la forma siguiente: puesto el párroco sin estola ni roquete, de rodillas ante la urna ya preparada en la Capilla, empieza el rezo del Santo Rosario o Tercio y enseguida sale la procesión privada por la parte superior de la Plaza de Viera y Clavijo, a tomar la llamada 2Avenida de Fermín Galán y Carretera, (actual Avenida los Remedios), hasta llegar a San Benito. En el trayecto se rezaba el Tercio, Letanía Lauretana y preces de costumbre y al llegar la procesión a la ermita, se colocaba el trono en el lugar preparado al efecto y se rezaba el credo. Pronunciado el sermón de feria, se cantaba de rodillas ante la urna el “Miserere”. Al terminar ese salmo se cantaba el versículo “Adoramus te Christe” y la oración “Respice Quaesumus”, finalizando los cultos. El Señor Difunto permanecía en la ermita de San Benito hasta el Viernes Santo, cuando regresaba a la Parroquia, conforme se dirá.

Para los cultos del Miércoles Santo se aporta este relato: a “las 8 de la mañana se da comienzo a la misa cantada estando el altar mayor, donde se dice esta misa, cubierto por el velo blanco. Cuando se leen o cantan en la “Passio” las palabras ”Haec dicens expiravit” se produce un estruendo, haciendo estallar en lugar seguro y apartado, un objeto cargado de pólvora o cosa semejante o de alguna otra forma, entonces de abre el velo blanco para dejar al descubierto el altar mayor, cerrándose todas las cortinas del templo con objeto de oscurecerlo.” Con ese acto se retiraba el velo y continuaba la misa sin otro particular. En la tarde se realizaba la procesión de la Columna,[11] saliendo la Dolorosa y el Evangelista por la nave donde se situaban sus tronos hasta la puerta mayor; de allí a la Plaza de Viera y Clavijo, Avenida Fermín Galán, Calle de Pérez Zamora, Puente de Arriba (las actuales El Sol y La Pila, respectivamente), Calle del Medio o República, lado izquierdo nuevamente de la Plaza de Viera y Clavijo y entrar en la parroquia por la nave de la izquierda o la Epístola. Esa noche se suprimía el canto de Tinieblas y confesaban los feligreses.

El Jueves Santo a las 10 de la mañana comenzaban los cultos propios del día. A las 2:30 de la tarde se oficiaba la ceremonia del Mandato que se explica así: (…) cantado el Evangelio en el lugar destinado, previa la incensación y demás ceremonias que marca el ritual para ese día, (…) se oficiaba el lavatorio de los pies a doce miembros, previamente elegidos entre la Hermandad del Santísimo (fundada en 1629). Terminada esa ceremonia partía la procesión del Crucificado,[12] junto a la Dolorosa, San Juan Evangelista y la Magdalena guardando el mismo orden de salida, recorrido y entrada que la procesión del día anterior. Al regresar esta procesión, la imagen del Crucificado no entra en la Parroquia sino que se coloca en la Capilla del Sr. Difunto, entrando solamente las restantes que se colocan en sus respectivos tronos (…). Mientras esta procesión está haciendo su recorrido, se traslada la imagen del Nazareno,[13] ya preparada, desde la Capilla del Sr. Difunto a la Parroquia para colocarlo en el trono donde antes se encontraba el Sr. Crucificado. Terminada esta procesión y previo un corto descanso, se organiza la visita al Monumento[14] de la Parroquia de la Concepción del Realejo Bajo. Veremos la descripción de esta visita al vecino pueblo de Realejo Bajo, en nuestra próxima entrega de la serie.
        
FOTOGRAFÍAS:
Foto 1. Procesión de Viernes Santo al Calvario de San Benito. ARCHIVO JUAN GARCÍA DUMAS

[1]     Para ampliar en la Semana Santa realejera: AA.VV, Semana Santa: Los Realejos. Ayto. Los Realejos, se complementa con los Programas de Semana Santa de Los Realejos, y LÓPEZ PLASENCIA, J. Cesareo, “La Semana Mayor en el Realejo de Arriba, ss. XVI-XX”. 07.04.2001, La Prensa- El Día, entre otros.
[2]     Nació en Puerto Rico (1893-1972) fue párroco de Garachico, Realejo Alto (1928-1948) arcediano y canónigo magistral
[3]     Otro texto relaciona estos cultos: La Gaceta de Tenerife, 23.03.1937, p.3. Biblioteca Universidad de La Laguna.
[4]     DELGADO DELGADO, Carlos, “Orden de los cultos que se celebran es esta Iglesia Parroquial en los días ordinarios de la semana y en las funciones que se celebran durante el año. Año 1936”, pp. 6-13.Archivo Parroquia de Santiago de Los Realejos. Agradecemos a Gaspar Carballo su conservación, la cesión de su partida de bautismo y la publicación de un extracto titulado: “La Semana Santa del Realejo Alto en tiempos del recordado sacerdote don Carlos Delgado”, en Programa de Semana Santa de la Parroquia Matriz del Apóstol Santiago. Los  Realejos, 1999.
[5]     Esta capilla y otra, sita entre el cementerio y la plaza; son derruidas hacia 1960 para trazar la actual trama urbanística
[6]     Ese paso fue sustituido en los años noventa  por su antiguo homónimo; preservado en la iglesia y restaurado.
[7]     Es la actual Avenida Tres de Mayo, rotulada históricamente como la Alhóndiga, Viera y Clavijo o Calvo Sotelo.
[8]     La procesión de ánimas tenía lugar los lunes del tiempo ordinario y queda redactada en la fuente en estudio, página 2 de su preámbulo, de esta forma: “a las 8 de la mañana, misa rezada. Al final toma pluvial y estola negros y procede a la procesión general de los difuntos cantando los responsos en los lugares de costumbre hasta el cementerio viejo (sin entrar en él) y a su regreso, queda frente al altar de las Ánimas donde se da por terminado el acto”.
[9]     Este Cristo Yacente fue primitivamente un crucificado, como se deduce de la morfología de sus brazos que fueron cortados y unidos al cuerpo en decúbito supino. En esta época de mayor irreligiosidad, la Nueva Cruzada utilizó imágenes articuladas para escenografiar el descendimiento y entierro de Cristo, como catequesis a los fieles. Al igual que sucedió con la población iletrada de la Edad Media y en contraposición a las ideas religiosas de la Ilustración.
[10]   José Mª. Mesa Martín, en El Nazareno Franciscano de Los Realejos. Historia y culto, pp.71-72, documenta la existencia del antiguo Calvario desde 1667, y conjetura que puede ser más antiguo aún, aportando la teoría por la que la ermita de San Benito fue fundada por el regidor don Benito Viña de Vergara, propietario de las tierras adyacentes.
[11]   Esta procesión está datada entre las más antiguas y qué perdura actualmente. Se documenta en los libros de mandas de la Parroquia que fue sufragada, junto a su función religiosa, por el terrateniente y alcalde de Realejo Alto del siglo XIX, Gregorio Pedro Espínola, desde  finales del S. XVIII hasta 1812.
[12]   Esa imagen llegó a Realejo Alto en 1846 tras la Desamortización del Convento Franciscano de Las Palmas. AA.VV, Semana Santa: Los Realejos... p. 81.
[13]   Esta talla procedente del Convento Franciscano de Santa Lucía procesionó desde ese cenobio a la parroquia hasta el primer tercio del siglo XIX y desde 1852 al Calvario de San Benito. AA.VV, Semana Santa: Los Realejos... p. 75.
[14]   Es el túmulo que el Jueves Santo se forma en las iglesias, colocando en él, en un arca pequeña a modo de sepulcro, la segunda hostia que consagrada en la misa del día y reservada para los oficios del Viernes, en que se consume. RAE.

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